Sobre Las Traducciones De Libros (Bajo El Punto De Vista de Un Simple Lector).

Traducciones de literatura clásica, un tema que levanta polémica y confusión; qué si la traducción es antigua o nueva, que si esta correcta, que si se deja leer... este artículo pretende aclarar un poco el panorama en torno a este espinoso tema, apoyándonos en las experiencias que (como simples lectores) usted y yo habríamos acumulado después de leer cierta cantidad de libros y tras haber probado con diferentes autores y editoriales.

traducción

Lo primero: Reconocer nuestras limitaciones.

Los lectores no tenemos los elementos suficientes para saber si la traducción de una obra literaria es correcta. La única persona capacitada para dar un juicio definitivo sería un traductor de oficio que posea conocimientos de literatura y que además haya estudiado a fondo el estilo del autor en cuestión. Sin embargo, el lector común puede opinar a partir de otros aspectos más generales, como la gramática, la legibilidad y la funcionalidad del texto. Cuando un aficionado lector juzga una traducción como “mala” no se refiere a un incorrecto traslado de la información escrita de un idioma a otro (pues generalmente no contará con el texto original para poder compararlo), se refiere más bien a una sintaxis errática, una puntuación dudosa o una corrección de estilo que a simple vista causa extrañeza o genera dudas.

Entonces, los lectores podemos considerar un trabajo de traducción como incorrecto cuando con buen juicio y experiencia, consideremos que el señor traductor no logró concretar un estilo, un ritmo o no tiene la corrección que el autor original indudablemente ofrece (con mayor razón, tratándose de autores clásicos). Solamente un lector muy novato sería capaz de culpar a Dostoievski, a Victor Hugo o a Tolstoi de utilizar incorrectamente el lenguaje. Evidentemente, los yerros que pudiéramos encontrar en ciertas ediciones de sus libros indudablemente son responsabilidad de los editores o los traductores. Cuando estas cosas ocurren solemos decir que la “traducción” no es la óptima. Es verdad, suena muy injusto imputar todo esto a la “traducción”, no obstante, así es como se maneja.

No toda la responsabilidad está en manos del traductor.

Como podemos ver, el concepto de “traducción” que los lectores manejamos resulta bastante amplio y por consiguiente, muchos de los problemas de las malas ediciones no son imputables al traductor. En este punto, es menester distinguir entre traductor, capturista y corrector de estilo. Por ejemplo, los errores de “tecleo” podrían deberse a un descuido de los capturistas o revisores del texto, quienes se apoyan en programas correctores de ortografía y no se toman la molestia de leer e interpretar el sentido del texto. En cambio, los errores de puntuación podrían ser  responsabilidad de una traducción demasiado literal o de una corrección excesiva o descuidada del texto.

Traducir es un asunto serio.

El trabajo del traductor de literatura es una labor titánica, pues no solamente debe trasladar el texto de todo un libro de un idioma a otro, sino que además debe preservar la intención artística del escritor original. Esto se dice fácil, pero requiere de mucha investigación y vastos conocimientos, sin mencionar las interminables jornadas de confrontación, revisión y corrección de textos. De modo que, una traducción literaria puede tomarse meses o años de trabajo. Se trata de una labor tan valiosa que amerita sus propios derechos de propiedad intelectual; los lectores notaremos que en las caratulas de muchos libros, en los portales web y hasta en las librerías, el crédito del traductor aparece emparejado con el del autor. Así de importante es su labor.

Una editorial seria no puede decirle a su traductor: Muy bien, ya esta “La iliada”, “La odisea” y “La eneida”.  Ahora, para el próximo mes aviéntate “El extranjero”, “La peste” y “El exilio” de Albert Camús… Las cosas no funcionan de ese modo.

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¿Porqué hay tanto recelo por las traducciones? ¿Quién está haciendo mal su trabajo? 

Antiguamente, la traducción no era un asunto que preocupara demasiado a los lectores. Generalmente se confiaba en que las editoriales guardaran el debido respeto y la corrección necesaria para ofrecer libros de calidad; y desgraciadamente si alguna edición generaba dudas entre los lectores más despiertos, no existían más traducciones con las que se pudiera comparar, pues sólo una casa editora poseía la exclusividad de las obras y los escritores.

Las inquietudes surgen cuando pasan cincuenta, setenta o más años después la muerte de un escritor reconocido y sus obras empiezan a gozar de los beneficios del dominio público; la obra literaria pierde sus derechos de autor y pasa a ser posesión “de la humanidad” lo cual es una excelente noticia para los lectores. Desgraciadamente tal beneficio colectivo permite que cualquier persona (calificada o no) pueda editar este tipo de libros. Así aparecen ediciones de calidad dudosa, publicadas por editoriales novatas y oportunistas que pudieran encargar sus traducciones o correcciones a gente que no cumple con el perfil adecuado.

Existe otro factor a tomar en cuenta: Después de un tiempo, los traductores también pierden sus propios derechos de autor, por tanto sus textos en castellano pueden publicarse libremente (lo cual es magnífico) desafortunadamente también dejan de gozar de protección contra la modificación, la mutilación y la censura. Una de las pifias más recurrentes sucede cuando los editores más novatos e irresponsables pretenden hacer una “corrección” o una “actualización” de los textos sin hacer ningún estudio serio sobre el autor, su estilo y su intención artística. Otro error imperdonable (casi un crimen)  se suscita cuando se recorta el contenido de una obra literaria para hacerla manejable a los intereses de comercialización de la editorial.

Por si fuera poco, con la llegada de internet, las traducciones “libres” circulan por infinidad de manos, por lo que ya es imposible confiar en la integridad y la calidad de estos textos. Desgraciadamente, hay casos patéticos en los que “editoriales” sin escrúpulos utilizan como única fuente un PDF o un EPUB extraído de internet, publicando traducciones de las que no se puede precisar su origen, ni cuantas correcciones u omisiones lleva en su historial. Algunos editores llegan al extremo de adueñarse de la traducción; pues creen que por haber “rescatado” un texto que circula libremente en todos lados (y por haber cambiado la palabra “vosotros” por “ustedes”) ya cuentan con los suficientes méritos para acreditarse como “traductores” y escribir su nombre en los interiores del libro. Esto ocurre más seguido de lo que creemos.

La situación editorial con los libros clásicos está fuera de control. Por eso, los lectores de hoy hemos aprendido a desconfiar de aquellas editoriales que de un día para otro ofrecen al mercado un enorme paquete de novelas antiguas.

Por desgracia, los libros económicos son los más susceptibles al fiasco.

Efectivamente. Empero, no se trata de despreciar lo barato. En México existen colecciones de libros de bajo costo, pero con excelente calidad (por ejemplo las de Universidad Veracruzana, Conaculta, entre otros). Sin embargo, más allá de aprovechar una ganga, los lectores preferimos una casa editora que invierta en un traductor calificado para ofrecer una nueva versión de un libro clásico. Esto genera confianza; no tanto por descartar todo lo antiguo, sino porque rompe con la incertidumbre originada por el manoseo de las traducciones libres.

Por supuesto, el costo de un libro con traducción profesional y reciente no será tan económico, porque esa traducción gozará de sus propios derechos de autor y de la protección pertinente de su texto. Sin embargo, en compensación el lector gozará de algo muy importante; la certidumbre; es decir, la certeza y la tranquilidad de que lo que va a leer será lo más cercano a lo que su autor favorito escribió originalmente.

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¿La antigüedad es algo negativo?

No necesariamente. El inconveniente que tienen las traducciones antiguas es que su vocabulario y muchas de sus expresiones han caído en desuso. Vemos: para que una editorial “económica” pueda hacer uso de una traducción, ésta tendría que haber sido realizada más o menos en la primera mitad del siglo XX. Evidentemente, el castellano de nuestra época ha cambiado mucho comparado con el que se leía en 1930.

No obstante, la experiencia como lectores nos dice que la antigüedad de una traducción no es un factor tan negativo. Después de leer algunas páginas o capítulos, el buen lector sabe adaptarse al lenguaje. Además, en este tipo de libros clásicos de narrativa, lo vetusto de las expresiones ofrece una sensación de veracidad muy acorde a los hechos narrados. Podría afirmarse que no es a la antigüedad lo que los buenos lectores temen, sino más bien a la incertidumbre que ofrecen los textos “expirados”.

No todas las traducciones proceden del idioma original.

Efectivamente. Siempre han existido traducciones “de segunda mano” y pese a lo grave que esto pareciera, el problema viene resultando un mal menor. Por ejemplo, en su momento, mucha de la literatura rusa del siglo XIX llegó a los lectores de habla hispana gracias a las traducciones de las ediciones francesas. Por supuesto, esta práctica “indirecta” de traducir implica el riesgo de jugar al teléfono descompuesto, sin embargo, creo que los traductores que originalmente elaboraron en ese trabajo, eran profesionales lo suficientemente serios como para cumplir de manera digna en la mayoría de los casos.

El problema surge cuando esas mismas traducciones llegan a manos de cualquier editor o capturista, que con una soberbia descomunal se sienten con la autoridad suficiente para recortar, resumir o “corregir” la valiosa traducción hecha por un profesional y que pertenece a una obra de literatura, patrimonio de la humanidad… Como vemos la clave esta en el respeto; quien no sabe valorar la literatura no debe editar literatura.

¿La solución: leer en el idioma original?

Parece ser una buena opción para quién pueda hacerlo. Empero, en un círculo común de lectores esta salida no deja de sonar un tanto pretenciosa. Los idiomas son increíblemente ricos en términos, sentidos e interpretaciones; si no somos capaces de profundizar en todas las posibilidades de nuestro castellano, pretender leer a Thomas Mann en su idioma original tal vez sea meterse en camisa de once varas. Seamos sinceros; ¿Quién sabe ruso con la fluidez suficiente para leer (en serio) a Dostoievski? evidentemente no muchos levantarán la mano. Entonces me es imposible recomendar esta “solución”. Más bien creo que lo que necesitamos es revalorar la labor del traductor actual; fomentando una mayor presencia de su valioso trabajo en el mercado editorial.

Consideremos que las malas traducciones (o el mal uso de los textos libres) puede ser la causa de que los lectores jóvenes prefieran la literatura comercial sobre los clásicos. Para ellos la literatura antigua es “complicada”, “lenta” y “aburrida”. Pero, Cuantos de ellos habrán leído una edición de calidad con una traducción digna?

El filólogo: el profesional adecuado.

Un traductor de oficio puede hacer una buena traducción literaria. No obstante la persona más indicada sería el filólogo, es decir aquel profesional que se especializa en “reconstruir lo más fielmente posible el sentido original de los textos”.  A los lectores nos conviene saber quiénes son los filólogos que están haciendo traducciones de literatura clásica. De tal suerte que cuando veamos sus nombres impresos en la caratula de un libro sepamos que podemos confiar plenamente en la traducción del texto que vamos a leer.

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Los “superestrellas” de la traducción:

Vaya, el término “superestrellas” resulta muy inadecuado, puesto que la encomiable labor de estas personas no ha logrado ni por asomo el reconocimiento que merece. De cualquier manera, este artículo debe señalar a ciertos nombres que resaltan entre los entendidos de la literatura (En efecto, no soy uno de esos expertos, ni tengo conocimientos suficientes para evaluar a estos destacados traductores. Sin embargo quiero mencionar a algunos de ellos):

Carlos Pujol (1936-2012): Fue un poeta e historiador catalán que se distingue por haber traducido una buena parte de la enorme obra de Balzac. Al ser su especialidad el idioma francés, cuenta con traducciones vigentes de Stendhal (Rojo y negro y La cartuja de Parma), Baudelaire (Las flores del mal) y Verlaine entre otros. También tradujo del inglés “Emma” de Jane Austen y los poemas de Emily Dickinson.

Rafael Cansinos (1882-1964): Escritor y crítico sevillano. Se afirma que logró traducir las obras completas de Goethe, Dostoievski y otra buena parte de “La comedia humana” de Balzac. A él se le deben las primeras traducciones directas del ruso de Turguéniev, Andréiev y Dostoievski. Además tradujo algo de Schiller, Dumas y Pirandello. Su labor ha sido preservada con éxito por su hijo Rafael Manuel.

José María Valverde (1926-1996):  Un verdadero erudito; poeta, ensayista, historiador catedrático y traductor español. Entre sus abundantes textos esta la aclamada traducción de “Ulises” de James Joyce y con eso todo está dicho.

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Victor Gallego Ballesteros: Probablemente el traductor actual más reconocido. Su especialidad es la literatura rusa; (Tolstoi, Pushkin, Gógol). Muy famoso en el círculo de lectores afines a este blog, por sus textos para la prestigiosa Alba Editorial. Destaca su trabajo en la versión más reciente de “Ana Karenina”, así como por la lujosa y completísima edición de los cuentos de Chéjov.

Mauro Armiño: Ensayista español, especialista en textos franceses. Son muy reconocidas sus traducciones de toda la obra cuentística de Guy De Maupassant (Páginas de espuma) y la monumental novela “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust (edición de Editorial Valdemar). Ha ganado numerosos premiso de traducción.

Carlos Manzano: Otro de los escritores españoles que han logrado con éxito la odisea de traducir a Proust. Dentro de sus trabajos más importantes podemos mencionar la aclamada edición española de “Viaje al fin de la noche” de Ferdinand Celine y obras de otros autores de vital importancia como Youcenar, Lowry y Henry James.

Selma Ancira: Filóloga y eslavista mexicana, con innumerables créditos en la traducción de autores rusos y griegos, entre ellos Tolstói y Bulgákov. Su antología de cuentos rusos (Fondo de cultura económica) es de lectura obligada.

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Por supuesto, podríamos elaborar una lista muy nutrida que debería incluir al poeta José Luis Piquero (Navona editorial), el argentino Rodrigo Fresán (famoso por sus traducciones de autores del gótico sureño), el peruano Juan José del Solar (literatura alemana), Esther Benitez (En España, el premio nacional de traducción lleva su nombre) Miguel Martínez Lage, Paul Viejo (cuya edición de cuentos completos de Chéjov para páginas de espuma está haciendo historia) y afortunadamente la lista no termina…  Vale la pena tener presentes estos nombres, a la hora de elegir una edición de nuestros autores favoritos.

Escritores de primer nivel que también fueron excelentes traductores:

Julio Cortazar tradujo con enorme sensibilidad toda la obra cuentística de Edgar Allan Poe así como su novela Aventuras de Arthur Gordon Pym y la mayoría de sus ensayos.  También tradujo “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar, “El inmoralista” de Andre Gide, Robinson Crusoe y Mujercitas de Louise May Alcott.

Jorge Luis Borges escribió, leyó y tradujo apasionadamente. Entre sus créditos en la traducción destacan; “Las Palmeras Salvajes” de Faulkner (Siruela), “Un cuarto propio” de Virginia Woolf y un puñado de obras de Kafka, London, Kipling entre otros.

Sergio Pitol, cuentista y ensayista mexicano, ha traducido a escritores originarios de Europa del este, como Chéjov (Un drama de cacería) y Andrzejewski (Las puertas del paraiso), además del norteamericano Henry James (Whasington Square y Otra vuelta de tuerca). Conaculta ofrece al público lector la colección completa de sus traducciones a precio muy accesible.


Espero que este artículo sea de utilidad para los lectores y que nos ayude a evitar una mala experiencia en la compra y lectura de nuestros apreciados clásicos de la literatura.

Guillermo G. Castro.

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La Perla (John Steinbeck)

El novelista norteamericano John Steinbeck viajó muchas veces a México para conocer la zona del Mar de Cortés. Ahí encontró un folclor repleto de leyendas y ficciones históricas, acervo del cual se nutrió en 1947 para escribir “La perla”. En efecto, las incidencias de esta novela acontecen en La Paz, Baja California, aunque los primeros capítulos de la novela no lo especifican. No obstante, la presencia de tortillas, trenzas, rebozos y alacranes, auguran la lectura de la más “mexicana” de las novelas del autor.  Más que en los artificios narrativos, la obra se adentra en el costumbrismo, las leyendas y en el mensaje social. Evidentemente se trata de una obra sencilla, pero muy conmovedora, con una considerable dosis de suspenso y violencia. Estas características hacen de “La perla” una novela muy popular, amén de su asequibilidad y de su extensión más bien moderada.

laperlasteinbeckLa historia trata sobre un humilde indígena que descubre una enorme joya y de cómo su destino se verá afectado. El autor no se limita a ilustrar las bonanzas y dificultades que conlleva la riqueza súbita, sino que también detalla las circunstancias históricas y sociales que giran alrededor de la trama; a saber: la conquista y el saqueo de los recursos naturales, la dominación, la religión y el racismo, factores que siguen teniendo un enorme peso en la vida social del México contemporáneo. Estas dificultades evitan que acceda a la riqueza todo aquel que no esta autorizado a administrarla. En el microcosmos de “La Perla” esta la clave del sistema social instaurado desde los tiempos de la Nueva España, un sistema que muy poco ha cambiado.

En la lucha por la vida existe un enfrentamiento brutalmente desigual entre el hombre blanco confiado, ambicioso, armado y tramposo, contra el indígena azorrrillado, desconfiado de sí mismo, desprovisto de amor propio, discriminado, desarmado y cuyo único soporte es su pasado y su arraigo por la tierra; una tierra que pese a la invasión y el saqueo sigue siendo suya. La trampa del hombre blanco lleva al indígena a reconocer la riqueza como un mal. Esa trampa consiste en la destrucción del autoestima (la vergüenza por la propia raza), el concepto de pecado y la supuesta santidad de la pobreza (estas últimas ideas introducidas por la iglesia española). Dentro de esa dinámica perversa, la perla es una maldición que acarrea infortunio y muerte.

A pesar de que Steinbeck desarrolla con firmeza los conceptos anteriormente descritos, su punto de vista no es maniqueo ni parcial. No existe una dicotomía simplista en la que los ricos son malos y los pobres son buenos. Nuestro protagonista, Kino (cuyo nombre hace “honor” al misionero jesuita del siglo XVII) no es un personaje santo ni mucho menos; su actuar es cuestionable, aún cuando siempre se ve obligado a decidir presionado por las circunstancias.

Con esta novela, John Steinbeck demuestra nuevamente su prodigiosa conciencia social. Empero, en lo literario habremos de encontrar obras suyas de mayor destreza (me viene a la mente “De ratones y hombres”). El ritmo de la novela es un tanto irregular, pues por momentos se torna muy descriptiva y por momentos rapidísima, casi atropellada (en especial los capítulos finales, cuya narración aparece desprovista de tecnicismos y casi toda belleza), sin embargo la sensibilidad social e histórica del autor terminará inclinando la balanza a su favor. “La perla” tiene el poderío y la sustancia necesaria para trascender en el gusto del lector más exigente.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1947.
País: Estados Unidos.
Género:  Novela corta / novela de aventuras / suspenso.
Extensión: 144 páginas.
Dificultad de lectura:  Fácil de leer.
Traducción: Buena (Edhasa)
Temas: Riqueza / Dominio / Historia.
Autores con obras similares: Juan Rulfo, John Reed.


Recomiendo la versión de Edhasa con la traducción del escritor argentino Horacio Vázquez Rial. Por otro lado, la traducción antigua que circula en editoriales “económicas” sigue siendo válida. De modo que no hay excusas para dejar de leer “La perla”.

El Banquero Anarquista (Fernando Pessoa)

He aquí un “cuento de raciocinio”.

Dicen los entendidos que el término “cuento de raciocinio” fue creado por Edgar Allan Poe y se refería a aquellas narraciones cortas en las que existe muy poco o ningún argumento, pero que en cambio, sirven para a exponer o resolver un acertijo o una cuestión filosófica. “El banquero anarquista” (1922) es una suerte de discusión (o más bien entrevista) de cuya trama no podemos esperar mayores incidencias ni desenlaces; el único propósito de la narración es exponer las tesis del protagonista y juzgarlas fuera de los estrictos márgenes de un ensayo literario.

el-banquero-anarquistaEl curioso personaje principal ha sido revestido de una doctrina radical, pero su estatus es inesperado si no es que contradictorio. Se trata de un militante del movimiento llamado anarquismo, filosofía que tomó un renovado auge en la época en que fue escrita la obra), quien al ser cuestionado, intenta justificar su posición (evidentemente, el último lugar en donde uno esperaría encontrar a un anarquista recalcitrante, sería dirigiendo una institución bancaria). No obstante, nuestro banquero posee los elementos suficientes para demostrar la “congruencia” de su actuar frente a su sorprendido e escéptico interlocutor. Si esto fuera una obra musical, diríamos que el tono social de la pieza nos resulta bastante familiar (La búsqueda de la justicia y la igualdad entre los hombres), empero la voz cantante (un banquero) es la que no encaja con el resto de la orquesta.

Hay un elemento que necesitamos comprender para asimilar esta obra literaria: Cuando nuestro personaje formula el concepto de “Ficciones sociales” no se refiere a alguna modalidad literaria, sino al conjunto de convenciones o acuerdos que conforman el orden social (como la familia, la religión y el dinero, cuestiones que el anarquismo pretende abolir). El banquero cree que esos convenios no son funcionales en tanto no parten de una situación de igualdad ni justicia, ni tampoco ayudan a que estás se produzcan. Por tanto, las convenciones sociales son falsedades; son mentiras. Por esa razón la palabra que el autor utiliza es “ficciones” y el lector debe estar prevenido.

Otros temas desarrollados en la obra son la libertad, la tiranía y la filantropía, ofreciendo matices muy diversos e interesantes. El banquero concluye proponiendo un peculiar método de “individualismo progresista” como medio para hacer efectiva su doctrina. Y hay que decir que su exposición resulta muy consistente. Sin  embargo, no debemos albergar temores: esta literatura no es propagandística en absoluto. Los lectores notarán que el mismo Pessoa funge como el crítico más duro de su propio personaje, y para cuestionarlo no necesita otra cosa sino dejar que el banquero se explaye.

A veces los lectores cometemos el error de pensar que lo que un autor desarrolla en sus escritos necesariamente representa su forma de pensar. Este no es el caso del polifacético y misterioso Pessoa (y menos para “El banquero anarquista” obra literaria que el propio autor calificara de “sátira dialéctica”). La vida del poeta portugués sigue siendo un enigma, pues el hecho de que la mayor parte de su obra no fuese publicada y que además estuviese firmada con diferentes seudónimos, acrecienta su leyenda como forjador de diferentes personalidades y puntos de vista.

En fin, esta sátira o “cuento de raciocinio” ofrece una gran oportunidad de confrontar ideas políticas y quizás nos conduzca a formular un par de reflexiones finales: toda ideología tiene sus límites y contradicciones, y toda contradicción pierde su efecto discordante si logra justificarse correctamente. La cuestión es razonar y exponer las ideas de manera congruente, cosa que Fernando Pessoa sabía hacer muy bien.


Valoración: Bueno.
Año de publicación original: 1922.
País: Portugal.
Género: Relato social.
Extensión: 94 páginas
Dificultad de lectura: Dificultad media.
Traducción: Buena (Rodolfo Alonso)
Temas: Política / Sociedad.
Autores con obras similares: Henry David Thoreau, Maxim Gorki.


Con este cuento hemos de tener cuidado: algunos estudiosos de la abundante obra oculta de Fernando Pessoa, consideran que el autor planeaba hacer una corrección de la obra que originalmente publicó en 1922 y bajo ese supuesto han sacado al mercado una segunda versión de “El banquero anarquista” (edición de Teresa Sobral Cunha). Tal edición incluye textos dispersos que SUPONEN pertenecerían a esta obra. Empero, no todos los especialistas están de acuerdo en publicar un “montaje” de la corrección que nunca llegó a concretarse. Por esa razón, considero que debo recomendar la versión antigua (y original) que poseen las editoriales cuya edición sea anterior a 1998. La traducción antigua de Rodolfo Alonso sigue siendo funcional.

Amo Y Criado (Lev Tolstói)

Introducción:

Hubo un tiempo en que la moraleja se convirtió en una salida fácil para finiquitar un cuento. Los escritores se envolvían en un halo de supuesta sabiduría y abusaban de ese recurso. Paralelamente, la literatura con moraleja fue usada como un vehículo de propaganda, y muchas veces sirvió de apoyo para la difusión de disposiciones religiosas o campañas gubernamentales. Desde entonces, las obras narrativas que incluyen tendenciosos aleccionamientos morales y discutibles ideas purificadoras, resultan muy sospechosas a los ojos de los buenos lectores.

Sin embargo, la dinámica perversa y panfletaria de la moralina se rompió con los cuentos de Lev Nikoláievich Tolstói, escritor con “mensaje” que jamás sirvió de trampolín para las ideas religiosas ni como parapeto de Zares. Por el contrario, el escritor ruso siempre fue considerado un peligro y objeto de censura, hasta el punto de ser castigado con la excomunión. De manera que, el recelo que un buen lector puede sentir por los cuentos con “mensaje” no debe ser aplicado a las obras literarias del conde Tolstói, un gigante de las letras que siempre habló por sí mismo y por la humanidad; jamás en nombre de una religión o un estado.

Amo y Criado (1895)

amoycriadoEn Rusia la esclavitud fue legal hasta 1861 y para ejercerla no era necesario ir a otros continentes en busca de seres humanos de otras razas y colores. El ruso esclavizaba a sus propios compatriotas en la dinámica del amo que usa y abusa de su servidumbre. Ante esa realidad, Tolstói escribió muchos cuentos que profundizan en el tema, entre ellos “Amo y Criado” (obra recientemente rescatada por Alba Editorial con la traducción al español del filólogo eslavista Victor Gallego Ballesteros). Como es de suponer, el autor no ofrece un punto de vista sesgado ni basado en el encono social. Su propuesta va más allá del simple conflicto laboral. Al igual que cualquier persona que haya tenido algún destello de sabiduría en sumente, Tolstói sabía que la realidad es mucho más complicada.

“Amo y criado” es un cuento largo que logra un nivel de intensidad tal que nos recuerda a las mejores novelas tolstoianas. La historia se divide en diez capítulos breves de fácil lectura. Esta flamante edición presenta cien páginas capaces de desplegar un considerable dramatismo (especialmente en los episodios finales). La trama se refiere al obstinado viaje de negocios que realiza Vasili (El amo) acompañado de Nikita (El siervo), un desplazamiento a todas luces inoportuno, pues se lleva a cabo en un día festivo, casi al anochecer y bajo la amenaza de una tormenta de nieve. Como era de esperarse, los viajeros enfrentan dificultades y el lector descubrirá sus maneras de enfrentarlas.

El narrador está capacitado para describir los pensamientos más íntimos de los protagonistas; sus motivaciones y tristezas están ampliamente explicadas marcando una diferencia notable entre ambos, al momento de abordar el peligro. Sin embargo, hay un punto en donde Vasili y Nikita reaccionan de forma semejante, probando que los aspectos básicos de la naturaleza humana son extensivos a todas las personas: todos nacemos de madre, todos tenemos sangre en las venas, todos somos capaces de cometer una fechoría o un acto de heroísmo y (como verdad última) todos vamos a morir.

La construcción psicológica de los personajes y la conceptualización de toda la obra resultan muy convincentes. El cuento es tan bueno que se va como agua, no sin antes haber sobresaltado y conmovido al lector con su trepidante dramatismo. Y a la postre, no encontraremos una moraleja forzada ni chocante. La enseñanza proviene de las vivencias narradas y no de la opinión sesgada de un escritor servil que se siente “iluminado”. El autor ilustra aquella idea de que “el rico en la búsqueda de más y más riqueza, arrastra al pobre a la destrucción de ambos”… Sí, pero también nos recuerda que la realidad es más complicada de lo que se pueda asumir en cualquier panfleto. Tolstói es grande.


Valoración: Excelente.
Año de publicación original: 1895.
País: Rusia.
Género: Cuento costumbrista, cuento de aventuras.
Extensión: 100 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Muy buena (Alba)
Temas: Humanismo / Suspenso / Supervivencia
Autores con obras similares: Antón Chéjov, Jack London.


Hasta donde he podido investigar, este cuento no se encuentra disponible en otras editoriales excepto en este volumen de Alba Editorial de precio no tan económico. La destacada traducción de Victor Gallego requiere tan sólo de conocer el significado de términos como: “mojón’ “tocón” “caftán” (vestimenta rusa), “grupa” o “chalán” (vendedor de caballos).  El tamaño de letra y el formato es (como de costumbre en Alba), bastante cómodo.

El Coronel No Tiene Quien Le Escriba (Gabriel García Márquez)

Vaya, vaya. Aquí tenemos una excelente novela. No tanto para leer superficialmente, sino para interpretar a fondo.

Desde 1961 Gabriel García Márquez se mostraba como un escritor de maestría incuestionable. La lectura de su segunda novela “El coronel no tiene quien le escriba” me ha dejado tan satisfecho (o más) como en otras novelas cortas del maestro colombiano. Siguiendo la línea de las grandes obras del siglo XX, ésta no es una novela de acción y grandes vuelcos argumentales, sino una historia cotidiana plena de símbolos y recursos literarios; una novela que no tendría mucho sentido a menos de que el lector tenga la capacidad para hacer una interpretación histórica o social. El autor nos dice mucho más de lo que el argumento nos sugiere: un veterano de guerra que vive sus últimos días en pobreza casi absoluta, poniendo sus esperanzas en un gallo de pelea y en una pensión que nunca llega.

elcoronelnotienePara abordar esta novela corta de cerca de cien páginas, se recomienda efectúar una lectura reflexiva y pausada. García Márquez no escribe frases de relleno. Cada detalle u objeto contenido en la narración puede ser importante; desde un reloj, un cuadro, una gotera y un anillo, hasta el número al que los personajes apuestan en el juego. Todo eso puede ser un símbolo revelador que nos ayuda a esclarecer el significado de la obra. Llama la atención que no encontremos escenas que podamos encasillar dentro del genero realismo mágico, ubicándonos más bien en el campo del drama social. Para fortuna del lector, el estilo no presenta una técnica modernista rebuscada, por lo que resulta muy sencillo de leer. Aún así, se recomienda no “beber de un sólo trago” los siete capítulos que conforman la historia. Y es que en esta obra literaria, ningún detalle debe pasarse por alto; todo objeto es un símbolo, toda situación un paralelismo y todo personaje una metáfora.

El autor no nos dice el nombre del personaje principal (a quien sólo conoceremos como “el coronel“) ni tampoco nos ofrece las fechas en que ocurren los hechos. Lo que sí nos ofrece, son las valiosas referencias históricas que resultan indispensables para entender la verdadera trascendencia de la obra. El personaje principal asegura haber participado en una guerra civil; también dice haberse “roto el cuero” en unas elecciones y además afirma ser sobreviviente de una purga política. Casi nada, pero.., ¿Los asuntos en los que se basa el personaje son puramente ficción o están inspirados en hechos reales? Para contestar esa pregunta habremos de ubicar el contexto sumergiéndonos en la historia de Colombia:

La guerra civil a la que el autor se refiere es la “guerra de los mil días” (ocurrida entre 1899 y 1903) con sus sabidas consecuencias y reacomodos; a saber: un centenar de miles de muertos, la economía del país en completo desastre, la separación de Panamá y la instauración de una tensa calma, que lejos de solucionar las cosas, provocaría que décadas después el conflicto volviera a estallar. Para la trama de nuestra novela, lo más importante es que, gracias a su participación en estos acontecimientos, el coronel obtuvo el derecho a una pensión, cuya carta de confirmación espera en vano durante 15 años.

La historia trata sobre la ingratitud del estado con su pueblo. Ese anciano coronel que vive al día, en una sociedad cerrada, sin derecho a la información y sin derecho a elegir a sus representantes (y que espera hasta el último aliento que le hagan valer su derecho a una pensión), representa a esos ciudadanos simples y humildes a quienes la sociedad por elemental justicia les debe una retribución. La única pertenencia productiva del coronel (y en la que deposita sus esperanzas) es el gallo de pelea de su hijo asesinado, que simboliza el orgullo del pueblo colombiano alistándose para una nueva lucha; para enfrentar el problema de siempre: la pobreza y la desigualdad. Actualmente, la nación ha vuelto a encontrar la paz, no obstante, uno se pregunta si será duradera o si será una paz engañosa como la de 1903.

Muchos lectores podemos jactarnos de haber leído “El coronel no tiene quien le escriba”, puesto que se trata de una novela muy popular. Pero ¿cuántos podemos decir que hemos logrado darle una interpretación? No es tan sencillo y yo no me atrevería a decir que tenga una. Quizás para ello se necesita ser colombiano; estar bien despierto e informado y usar la inteligencia, tal como en su momento lo hiciera el Nobel de literatura 1982, Gabriel García Márquez.


Valoración: Excelente.
Año de publicación original: 1961.
País: Colombia.
Género: Novela social, novela histórica.
Extensión: 100 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer, difícil de interpretar.
Temas: Pobreza / Justicia.
Autores con obras similares: Juan Rulfo, Miguel Angel Asturias.

El Paseo (Robert Walser)

Después de leer este libro me atrevo a decir que Robert Walser no solamente es el gran autor olvidado por la historia, sino que también puede ser uno de los grandes innovadores del modernismo literario. Si confrontamos las fechas de publicación de sus obras quedaremos impresionados, pues algunas de sus ideas se anticipan a las de otros grandes escritores. Su novela corta “El paseo” (1919), parece ser un humilde -pero brillante- primer paso en torno al concepto literario de “Un día en la vida de…” que culminarían Virginia Woolf y el propio James Joyce. La diferencia radica en que Walser ofrece una obra mucho más corta, sin la profundidad intelectual de los autores citados, pero a cambio, despliega una belleza literaria notable y un extraordinario valor poético, cualidades que podrían compararse con las de Rainer Maria Rilke e incluso con las de Marcel Proust.

PortadaElpaseo.inddLa novela trata sobre una de las largas caminatas por la ciudad que nuestro escritor acostumbraba hacer en busca de inspiración para sus escritos. Enemigo de los automóviles, Walser caminaba durante todo el día registrando los acontecimientos que iba encontrando en su camino. Los biógrafos dicen que la vida del escritor fue un “constante vagabundeo”, pero contradiciendo tal presunción cosmopolita, la ciudad a la que “El paseo” se refiere, no es otra sino su ciudad natal, Biel, Suiza. Y ése es todo el argumento… Más que una historia vertiginosa, esta novela ofrecerá fugaces impresiones; reflexiones llenas de sabiduría, prosa poética y un ligero comentario social. Sin embargo, con eso basta y sobra para convencernos.

El excelente personaje principal (en realidad el único) se muestra dotado de un excelente humor, siendo capaz de observar todos los detalles que le rodean y transformarlos en poesía. Con frecuencia recurre al humor, como si quisiera demostrar que también el ser humano es capaz de burlarse de las circunstancias que el destino le va presentando. Nuestro caminante derrocha el entusiasmo sarcástico de quién se sabe conocedor de la vida y sus reveses. Por consiguiente, posee el criterio suficiente para brindarle a cada quién un trato a su medida; Walser era un poeta generoso, pero también un ciudadano dotado de solemne dignidad, capaz de expresar desprecio a quién lo merecía.

En esta dinámica el narrador se muestra obsequioso con las personas comunes que no tienen necesidad de ocultar su sencillez; en cambio, se vuelve severo con aquellos seres que se ubican en una posición de poder o en un entorno de falsedad (por ejemplo un vendedor, un banquero o un funcionario). Hay dos pasajes verdaderamente memorables: el categórico texto del anuncio para un restaurante y la epístola que nuestro personaje termina de redactar en la oficina de correos; tan sólo por leer esa “carta a un funcionario desconocido” vale la pena adquirir el libro. Por otro lado, el incidente con la señora Aebi me parece una sutil y divertida metáfora de índole sexual.

En otro destacado episodio, el autor sucumbe gozosamente al bosque, fundiéndose con la naturaleza, y ese entusiasmo parece profetizar su propia muerte. Recordemos que el escritor suizo fue hallado muerto a los 78 años, tras no regresar de una de sus caminatas. Sobre aquel fatal evento, el escritor español Enrique Vila-Matas dice: “Me fascina la muerte de Robert Walser. Ocurrió un día de Navidad que salió a caminar por los alrededores del sanatorio y murió sobre la nieve. Fue encontrado por dos niñas que pasaban por allí y colocaron una flor al lado del cadáver. No pudo ser una muerte más metafórica sobre la pureza de su estilo y de su vida.”

Hablando de lo técnico, el narrador en primera persona resulta tan personal que su estilo se asemeja al de un diario íntimo. No obstante, los enormes párrafos repletos de adjetivos y florituras, nos indican que nos encontramos frente a una verdadera obra literaria de ficción. Además, los diálogos no son representativos de una conversación mundana, sino más bien el resultado de una exaltación poética (Si hoy en día existiese una persona que hablara como este personaje, no sería comprendida por nadie). Walser es el amo de la floritura y su mundo no es el mundo real, sino el mundo de las letras, la poesía y el pensamiento. Sólo el lenguaje escrito tiene la capacidad de expresar tales honduras.

El texto no ofrece pausas; no hay capítulos ni espacios significativos. Los párrafos son largos y recargados. Aún así, la novela no resulta tan difícil de leer. Sin duda existen fragmentos más pesados (principalmente aquel párrafo en que el personaje justifica su tendencia a pasear en horas hábiles), aún así el lector promedio debería salir avante en la lectura de este libro. Por ultimo, el narrador se permite constantes muestras de simpatía hacia nosotros los lectores; un aprecio que asumimos genuino, pues armoniza perfectamente con el carácter del personaje.

“El paseo” es una obra experimental de gran belleza llena de recursos literarios. Al igual que “Ulises” y “La señora Dalloway” todas las incidencias narradas en la novela ocurren en un sólo día. Fuera de eso no caben demasiadas comparaciones, puesto que la obra de Walser carece de la pesadez intelectual y el profundo entramado psicológico de las novelas mencionadas. Empero, la capacidad poética, el generoso humor y el ostentoso dominio del lenguaje nos permite considerarle también entre las grandes obras de la época. Aquellos que afirman que Robert Walser es la gran revelación de los lectores de libros clásicos, tienen algo de razón.


Valoración: Excelente.
Año de publicación original: 1919.
País: Suiza.
Género: Modernismo / Novela experimental / Prosa poética.
Extensión: 80 páginas.
Dificultad de lectura: Dificultad media.
Traducción: Aceptable (Siruela)
Temas: Naturaleza, relaciones humanas, poder.
Autores con obras similares: Rainer María Rilke, Marcel Proust.

Mario Y El Mago (Thomas Mann)

La literatura surgida entre los años 1919 y 1939 (el periodo conocido como “entre guerras”) trata principalmente sobre dos temas; la burbuja económica y su posterior caída (Fitzgerald, Steinbeck, Fante) o el fascismo y las persecuciones previas a la segunda guerra (Zweig, Papini, Mann). En los países europeos en donde se instauraron regímenes de naturaleza autoritaria, era muy difícil escribir sobre las nefastas políticas que la mayoría de los intelectuales advertían; la censura controlaba los medios de comunicación bajo la amenaza de algo mucho peor. De modo que, para testificar lo que estaba sucediendo, los grandes escritores se apoyaron en la metáfora o se ingeniaron una forma de escribir que respondiera al signo de los tiempos pero que al mismo tiempo les permitiera seguir ejerciendo su profesión sin exponerse a sufrir la mutilación de su obra o la persecución. A mi parecer, “Mario y el mago” excelente relato escrito por Thomas Mann, pertenece a este tipo de literatura.

marioyelmagoEn sus viajes a la Italia de Mussolini, nuestro escritor advirtió en el ambiente una moralidad sofocante, una perversión del espíritu patriótico y una suerte de domesticación del ciudadano (patologías propias de los regímenes autocráticos), siendo esa problemática detonante para escribir un relato largo sobre el tema de la conservación del poder. Para 1929 Mann había construido un personaje deslumbrante llamado Cipola, que en la trama viene siendo “El mago”, diestro y mañoso hipnotizador que se vale de la persuasión, el intimidamiento y hasta la humillación para lograr el absoluto control de su público, no sin prescindir de un enorme y amenazador látigo, que en todo momento hace retumbar contra el piso.

Sin duda se trata de un tema fascinante: el manejo de las audiencias (y a gran escala: el control de las masas). En su espectáculo, el cavaliere Cipola es todo un dictador, capaz de someter a toda la concurrencia a los caprichos de su voluntad, minando cualquier rasgo de espontaneidad y sofocando cualquier escepticismo o disidencia. La construcción del personaje resulta completísima pues el escritor describe su aspecto, su puesta en escena, sus hábitos, sus vicios y la naturaleza detallada de sus engaños. Aunque la historia jamás habla de política, el lector entiende que se refiere a ella. A fin de cuentas, todo dictador es un mago perverso, quien a base de una retórica engañosa y un amenazante control, se hace con el poder de una nación.

Pero olvidémonos de interpretaciones y vayamos al argumento: La trama ilustra a una familia (presumiblemente alemana), que se dispone a vacacionar en Italia, más concretamente, en Torre de Vénere (zona portuaria cercana a Génova). Su estancia se torna poco placentera debido a una serie de eventos poco afortunados con relación a la disminuida hospitalidad de los italianos de la época. Finalmente, la familia asiste a la función del mago Cípola, en donde serán testigos de sus pericias, sus triquiñuelas y su odiosa fanfarronería. Por otro lado, el antagonista, Mario es un humilde y sensible joven italiano que trabaja de mesero y que también asiste a la función. Su presencia será determinante en el desenlace de la historia.

Ahora vayamos a lo técnico: el narrador en primera persona externa sus sentimientos de manera acalorada (principalmente su pesar y su asombro en torno a lo que presenció durante este viaje). Esta inclinación discordante le impulsa a opinar y defender su postura, lo que nos hace dudar de su objetividad. Sin embargo, mientras el relato avanza, descubrimos que la razón le asiste. Por momentos el narrador recurre a la ironía a nivel de maestro, especialmente cuando describe las notables diferencias entre el temperamento latino con el germánico. Como sabemos, Thomas Mann era un intelectual de clase acomodada, cuyos escritos pueden demostrar un gran desprecio por el modo de vida burgués y por la incultura. No obstante conviene aclarar que nuestro escritor no es exactamente elitista e intolerante, sino más bien crítico de la banalidad y la ignorancia.

“Mario y el mago” es un relato aparentemente costumbrista, pero que se interpreta como la alegoría de una dictadura política. En primera instancia encontraremos la crítica hacia un país que se torna hostil con los extranjeros, como resultado de la doctrina oficial de corte nacionalista. Después apreciaremos una profunda y detallada investigación sobre las técnicas de manipulación y control que mantienen vigente esa doctrina. En suma, presenciaremos una metáfora brillante. A pesar de que Thomas Mann luzca por momentos sobrado de palabras, creo que nuestro relato merece la mejor de las consideraciones. El magistral tratamiento del personaje principal y la precisión quirúrgica con que construye su siniestra leyenda merecen cinco estrellas.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1929.
País: Alemania.
Género: Cuento costumbrista / Fábula.
Extensión: 70 páginas.
Dificultad de lectura: Media dificultad.
Traducción: Aceptable
Temas: Nacionalismo, control de masas.
Autores con obras similares: Stefan Zweig, Giovanni Papini.


“Mario y el mago” suele encontrarse junto a la novela corta “La muerte en Venecia”, en un mismo volumen. La antigua traducción de Oliver Brachfeld resulta aceptable pero se queda un poco corta a la hora de describir las suertes de adivinación, sugestión e hipnosis del chapucero Cípola. Sugiero consultar la versión actual de Juan José del Solar para editorial Edhasa. Posiblemente sea más acertada.