Carson McCullers: ¿Quién ha visto el viento? (Cuentos completos)

Con mirar una fotografía de Carson McCullers uno ya puede sentirse conmovido. Su rostro refleja una juventud extenuada; sus ojos grandes y expresivos (siempre enmarcados por ojeras) revelan el júbilo y la tristeza de alguien que ha sido testigo sagaz de la existencia. La discordancia entre sus rasgos infantiles y su semblante enfermizo denotan la condición de una escritora que logró explotar un gozoso talento en su literatura, pero que habría sufrido en todo lo demás.

quienhavistoelvientocarsonmccullersEse rostro frágil aparece en la portada de «¿Quién ha visto el viento?», edición que compila la totalidad de los cuentos publicados por la autora norteamericana Carson McCullers en un atractivo volumen de 310 páginas traducido por José Luis López Muñoz y María Campuzano. El formato del libro es bastante legible; por desgracia no nos ofrece un prólogo (ni siquiera un índice) que nos indique la procedencia y el año en que fuera escrito cada uno de los cuentos. Sin embargo el lector podrá suponer que se encuentran organizados en orden cronológico pues mientras avanzamos con las páginas la calidad de los mismos se va incrementando; amén de que notaremos dos etapas muy puntuales: una de juventud y otra de madurez. Veamos:

Al principio los cuentos están ambientados en el sur de los Estados Unidos de América (principalmente en el estado de Georgia) pero después se ubican en la ciudad de Nueva York. Muchos de ellos dan la impresión de que la niña Mick (uno de los entrañables personajes de la novela»El corazón es un cazador solitario») regresa para protagonizar nuevas historias. Por otro lado, los cuentos finales parecen adelantar la perspectiva adulta y posmodernista de autores como John Cheever o Raymond Carver. En ambos casos McCullers cultiva una cualidad observadora que capta prodigiosamente las alegrías y las preocupaciones de los personajes, especialmente los infantiles, además su bien conocida afición por la música y el cine embellece las narraciones de manera sublime. En síntesis, estamos hablando de un caso de sensibilidad notable que rebasa cualquier consideración negativa de orden técnico.

Hoy mismo, en la era de la información y lo políticamente correcto, resulta bien fácil hablar de tolerancia, integración y empatía: Pero en la época y el entorno en que escribió Carson McCullers (el sur profundo, la segunda guerra mundial y el macartismo) encaminar las mentalidades hacia un espacio de tolerancia era todo un desafío.

El estilo de narrar es sencillo y amable valiéndose de un recurso preventivo que engancha al lector mediante preguntas. La escritora hace uso del flashback (analepsis) de manera muy eficaz pero sin recurrir a los artificios sofisticados que pudieran confundir al lector. Los entramados se inclinan por sucesos cotidianos que parecen no decir gran cosa pero que encierran dentro de sí los misterios de la naturaleza humana. En contraparte, habrá que hacer notar que algunos de los primeros cuentos pueden mostrarse técnicamente débiles (recordemos que McCullers empieza a escribir desde edades muy tempranas) por lo que el lector no deberá juzgar el talento de la escritora con base a los primeros cuentos de la colección.

Comentemos algunas de las mejores muestras de este libro:


El aliento del cielo: Este cuento describe con economía de recursos la angustia de una joven enferma. Aquí encontraremos una interesante analogía entre la insuficiencia respiratoria y las palabras que se callan. En esta dinámica los accesos de tos se muestran como una manifestación de incomunicación o de censura auto-infringida.

El orfanato: Las afirmaciones con que adiestramos a los niños se quedan marcadas para siempre (mucho más cuando nuestra educación tiene motivaciones oscurantistas). Este excelente cuento parece más una memoria que una ficción, y muestra un inusual tono sombrío. Trata sobre una niña precoz cuyo hallazgo de un objeto extraño crea turbación en los demás niños.

Sin título: Posiblemente ésta sea la mejor muestra literaria de todo el libro. La narración se centra en un joven que escapa de su casa y rememora los eventos más importantes de su corta existencia. La técnica no lineal se resuelve de manera prodigiosa y McCullers roza el firmamento literario describiendo los sentimientos y las honduras psicológicas de manera virtuosa (aquí encontraremos el famoso episodio del vuelo del planeador). En fin, se trata de un cuento tan brillante que suena estúpido el hecho de que no tenga nombre.

El instante de la hora siguiente: Habla sobre una pareja joven y los excesos a los que se ven expuestos, enfocándose en el momento en que inicia una resaca. Es decir, el instante en el que termina el éxtasis e inicia el dramático descenso hacia el habitual sentimiento de vacío existencial.

Los extranjeros: La literatura del siglo XX no es un arte épico que narre sucesos extraordinarios, sino que puede avocarse a cualquier suceso corriente. Este cuento va de un simple viaje en autobús pero su planteamiento encierra todo aquello que sucedió en las décadas de 1930 y 1940 que llevaría a la humanidad a la catástrofe… así de trascendente puede llegar a ser un cuento.

Un árbol, una roca y una nube: Otro de los mejores cuentos del libro. La escritora describe un momento doméstico en el que un hombre maduro reflexiona acerca de lo que verdaderamente significa el amor mientras toma un trago en una taberna. Y con ese pretexto la escritora arroja un nuevo rayo de luz sobre sus lectores.

El transeúnte: Quizás este sea el mejor de los cuentos de la época neoyorkina. McCullers sabe describir como nadie la pasión por la música y se apoya en ella para engrandecer el sentimiento de sus personajes. En este caso, un hombre enfrenta el encuentro inesperado con su ex esposa y experimenta la epifanía que le permitirá enmendar sus errores. Este cuento lo podría haber escrito alguien tan brillante como John Cheever.

Dilema doméstico: Al final de su carrera nuestra autora logró crear personajes femeninos lastimosamente trágicos desarrollando brillantemente situaciones bastante patéticas. Esta narración nos habla de una madre con problemas de alcoholismo que utiliza a su marido como blanco de sus frustraciones. No sería extraño que Raymond Carver hubiera tomado inspiración de cuentos como este.

Muchacho obsesionado: Un interesante cuento que trata sobre el estrés postraumático; va de un niño que lucha por encontrar los recursos emocionales que le permitan enfrentar la vida, ya que su madre ha caído en la ruina y la depresión. Afortunadamente el protagonista encuentra la luz al final del túnel.

Quién ha visto el viento: Quizás el relato más triste que haya leído. Para darnos una idea digamos que roza los terrenos de Francis Scott Fitzgerald en sus años finales. Esta historia es protagonizada por personajes neuróticos al estilo de Dostoievski, pero sin la brillantez ni el humor del maestro ruso (lo que la hace más triste). Por supuesto, esto no significa que el cuento sea malo.


Conclusiones:

En el campo de la narración breve, Carson McCullers refrendó el talento literario mostrado en sus novelas rebosante de sensibilidad artística. Este libro describe el proceso de «maduración» que transforma la confusión infantil en frustración adulta. La escritora nos advierte de las patologías del comportamiento americano que toman parte en ese declive y nos invita a ejercer el respeto por la dignidad humana.

Ahora mismo, en la era de la información y de lo políticamente correcto resulta bien fácil hablar de tolerancia, integración y empatía; pero en la época y el entorno en que escribió nuestra escritora (el sur profundo, la segunda guerra mundial y el periodo conocido como el macartismo) encaminar las mentalidades hacia un espacio de tolerancia era todo un desafío. Las historias de «Quién ha visto el viento» nos ayudan a entender las contradicciones de los seres humanos y a enfrentar nuestro principal problema: la incapacidad para comprendernos los unos a los otros.

Una segunda lectura a «El libro de Monelle»

En 1894 el escritor francés Marcel Schwob publicó «El libro de Monelle» una bella pieza de arte narrativo en la que propuso una nueva manera de escribir el legendario cuento de hadas mediante el género simbolista (del cual el autor es uno de sus mayores representantes). El libro consta de 128 páginas y si bien las narraciones no guardan demasiada relación entre sí, tienen en común a la protagonista Monelle dando seguimiento a una enigmática historia de redención que gustará a los lectores avanzados. A pesar de ello, esta obra no debería considerarse como una novela ni como un libro de cuentos, sino como una miscelánea literaria con ambiciosos alcances hermenéuticos. La nueva edición de Alianza Editorial incluye la traducción de Mauro Armiño y nos garantiza acercarnos de manera confiable a la que quizás sea la obra narrativa más importante de la literatura simbolista.

ellibrodemonellealianzaEl libro se divide en tres partes. La primera se titula «La voz de Monelle» y no es un cuento sino una especie de discurso o manifiesto pronunciado por un alma iluminada. Su revelación se centra en el tema del amor, la compasión y la sabiduría con un evidente tono filosófico. La autoridad del texto es tan convincente que uno pensaría que procede de un pergamino sagrado de muchos siglos de antigüedad. Además las frases se construyen a partir de sentencias cortas al estilo de los sabios orientales. Este tramo del libro es bastante sustancioso en tanto que nos habla de temas eternos y universales siendo el concepto más importante el de la creación y la destrucción: no como extremos contradictorios sino como dos estadios complementarios que se condicionan mutuamente.

Esta alta sabiduría es puesta en labios de Monelle un personaje iconoclasta de corte más helénico que judeocristiano, pues su presencia contradice a la imagen que por siempre hemos tenido del vetusto y acongojado profeta masculino. De esta manera novedosa y a veces transgresora, la protagonista es captada durante diferentes momentos de su niñez y también de su juventud cuando habría de dedicarse a una actividad poco grata ante los ojos de la sociedad.

Monelle es una construcción pagana que comunica la siguiente idea: el valor de la inocencia no necesariamente tiene que revertirse o mancharse a causa de los pecados de la carne.

A decir verdad, el asunto de la prostitución tiene poca cabida en este libro. Es verdad que el autor se inspiró en una amante suya de nombre Louise quien muriera a los veinticinco años de edad víctima de una tuberculosis (y que según los biógrafos de Schwob y los prologuistas de esta obra habría trabajado de prostituta) pero la mayoría de los relatos contenidos en este libro se centran en otras facetas y otras épocas del personaje principal enfatizando un aire poético, onírico y feérico muy lejano al realismo naturalista de otros escritores de la época (por ejemplo Emile Zola o Pérez Galdós). No debemos olvidar que la presente es una obra simbolista y como tal debe ser juzgada.

En la segunda parte del libro aparecen ya los cuentos cuyos personajes son casi exclusivamente niños y adolescentes que enfrentan las dificultades de la vida con los recursos propios de un alma infantil; es decir, con los juegos que crean ellos mismos producto de su imaginación. Como todo buen escritor Schwob trata de deslumbrarnos en el primer párrafo de sus relatos apoyándose en una frase demasiado pulida o gramaticalmente compleja. Por lo tanto, el lector no debe dejarse intimidar por la introducción de cada breve relato, ya que en el resto de ellos el estilo será muy simple casi minimalista. La propuesta del autor francés es de aquellas que resultan muy fáciles de leer pero difíciles de interpretar.

Ciertamente una lectura superficial nos llevaría a pensar en la influencia de grandes cuentistas como Perrault o Andersen. Sin embargo el elemento simbolista hace que nos adentremos en un terreno misterioso en donde las imágenes importan más que los hechos de la trama, y por consiguiente no se narra todo lo que debería saberse. Es menester del lector poner atención a detalles como las lámparas, los espejos, los juguetes, los zapatos y muchas imágenes más que nos invitan a desarrollar el ejercicio profundo de la deducción y la interpretación. De esta manera nuestro escritor se aleja del canon antiguo y (a fuerza de categorizar), no queda más remedio que colocarle en la volátil categoría de los autores premodernistas.

La tercera y última parte del libro conforma una suerte de epílogo sacro que narra la «muerte y resurrección» de Monelle. Entonces leeremos un puñado final de relatos que recuperan el aspecto legendario del discurso inicial. Nuestra heroína se sumerge en un oscuro mundo subterráneo (el inframundo) para resurgir triunfante como los grandes dioses de la mitología.

Monelle se consolida como una profetisa que pide regresar a los niños el derecho al juego y a la imaginación, para que estos les permitan abstraerse del mundo de finales del siglo XIX; un mundo en el que proliferaba el trabajo infantil, la educación punitiva y el matrimonio adolescente.

En «El libro de Monelle» Marcel Schwob armoniza las dicotomías más usuales, como la vida y la muerte; el recuerdo y el olvido; el juego y el trabajo; comprendiendo la naturaleza lúdica y contradictoria de la existencia. En sus breves y misteriosos relatos modernistas los personajes añoran el amor, la aventura y la libertad trascendiendo el maltrato y la incomprensión gracias a un primitivo instinto de bondad que suele perderse con la edad. Monelle nos hace redescubrir la inocencia y nos enseña a usarla como un medio de supervivencia.

Por desgracia nunca falta el comentarista que ahuyenta a los lectores sometiendo «El libro de Monelle» al peor ejercicio de interpretación que un libro clásico pudiera soportar: la interpretación políticamente correcta que absurdamente espera que una obra con esta antigüedad responda a los parámetros de la moral del siglo XXI. Según impulsores de leyendas negras Marcel Schwob habría sido el proxeneta de Monelle (!) y este libro no hablaría más que de sus perversiones… Bueno, cada quién imagina lo que su propia mente le alimenta.

Reflexiones y pedanterías en torno nuestro octavo aniversario

En mayo de 2014 inicié la escritura de Narrativa Clásica XIX & XX un blog que se ha mantenido activo desde entonces. Al principio no tenía una idea clara de qué pretendía lograr pero bastaron unas cuantas publicaciones para darme cuenta de mi objetivo: contrarrestar las dinámicas de enajenación propias de nuestros tiempos por medio de la lectura de libros. Desde esas tímidas y primerizas publicaciones definí que mi campo de acción se limitaría a obras literarias de ficción pertenecientes a los dos últimos siglos porque considero que la novela clásica o el cuento firmado por un autor reconocido puede lograr transmitir el conocimiento con tanta o mayor eficacia que un ensayo o una ponencia. Con el paso de los años no he concebido siquiera la necesidad de modificar mis propósitos. Al momento he leído y comentado más de trescientos libros; reseñas que usted puede consultar aquí mismo.

lectura

Usted ya lo sabe; mi estilo es convencerle a seguir nuestras publicaciones sin necesidad de rogar por un «me gusta» o una suscripción pues considero que a estas alturas esa cantaleta suena bastante insulsa y redundante. Por consiguiente, no tengo un día para publicar ni una periodicidad específica. Con el tiempo he aprendido que la verdadera literatura debe leerse lentamente y con atención plena, de tal suerte que las publicaciones deben elaborarse sólo cuando el reseñista se sienta completamente seguro de lo que quiere decir. La experiencia nos dice que cuando el creador se vuelve esclavo del tiempo o de la monetización puede terminar ofreciendo basura.

Por supuesto, la vorágine digital que arrastra a todo y a todos nos lleva a recorrer diferentes caminos. Además de WordPress, mi trabajo se encuentra presente en la red social Goodreads, en youtube y ocasionalmente en otras redes. Sin embargo, considero que la versión de bitácora (blog) es la más adecuada para compartir mis reseñas. (Recomiendo poner mayor atención a todo lo publicado a partir de 2016 cuando la bitácora empieza a desarrollar cierta claridad y coherencia con los escritos; habilidades en la que -por supuesto- aún tengo mucho por mejorar).

De esta última consideración se desprende la pregunta de si acaso los comentaristas de libros estamos avanzando por el camino correcto; pudiera ser que en la búsqueda de las suscripciones las «vistas» y los «me gusta» estaríamos sacrificando nuestras convicciones y los cimientos mismos de nuestra afición lectora, convirtiéndonos en parodias o incluso enemigos de nosotros mismos. A continuación les voy a compartir algunas observaciones:

infodemia

Goodreads no es diferente a otras redes sociales:

Tras cerca de 15 años con las redes sociales presentes en nuestras vidas, los seres humanos sabemos que su dinámica no es de todo amigable con los libros, el conocimiento y la capacidad de concentración. Las redes sociales privilegian el impacto momentáneo de una imagen visual y otorgan preferencia por los textos cortos e insustanciales. Pese a todo existen redes sociales exclusivas para lectores (siendo Goodreads la más importante) pero si usted cree que por tratarse de una comunidad de lectores los comportamientos de los usuarios serán distintos créame que no es así.

Uno de los vicios que se observan en las redes sociales es la polarización combativa y sectaria producto de las frustraciones de la vida moderna que los seres humanos no hemos sabido manejar. En el caso de Goodreads este fenómeno se manifiesta en las personas que tienden a reverenciar a los libros y autores que les son favoritos sin hacer ningún cotejo con otras obras o autores; mientras otras personas desprestigian títulos y escritores con el único fin de fastidiar a sus lectores. Este problema puede describirse como un esnobismo troleador característico de quienes tienden a despreciar a lectores menos experimentados en lugar de motivarlos o integrarlos a su comunidad.

En general, el lector de libros puede caer fácilmente en la trampa de la soberbia y en consecuencia su capacidad de apreciación puede verse afectada. Muchas veces el error radica en considerar que la literatura es mejor mientras más cruda y más cruel se muestre. He observado que muchos supuestos conocedores tendemos a idolatrar a autores (por demás excelentes) como Jack London, Charles Bukowski, William Faulkner y Cormac McCarthy. Eso está muy bien, el problema radica en que nos negamos la oportunidad de apreciar a otro tipo de escritores y cedemos ante esa omisión aberrante que consiste en evitar la literatura femenina y despreciar a quienes la valoran. Lógicamente vendrá la reacción del grupo contrario generando disputas inútiles que no se basan en la apreciación justa sino en el puro y más básico sentimiento de rabia. Por supuesto, esta clase de confrontaciones no son nuevas; las vemos todos los días en todas las redes.

Ante la pregunta de si Goodreads nos está ayudando a leer más y a ser mejores lectores yo podría conceder el beneficio de la duda. Es posible que está red esté generando un efecto benéfico estimulando la venta de los libros y la incorporación de nuevos lectores. Lo que no está generando es apertura en los puntos de vista ni comportamientos tolerantes. Ninguna red lo ha logrado.

youtubers

El bufón llamado booktuber .

A lo largo de esta fascinante travesía por los libros mis influencias han sido los escritores y no los comentaristas. Es verdad que hubo cierta inspiración en blogs excelentes como El lamento de Portnoy (un verdadero ejemplo de constancia y apreciación exquisita), no obstante otros fenómenos de difusión nunca merecieron mi atención. Ante mi impericia para enfocarme en las novedades tecnológicas hube de confiar en mi intuición más que en los gustos de otras personas. Si en mi fase de lector primerizo hubiera sido influenciado por booktubers mi apreciación literaria no sería la misma.

Antes de elaborar este texto me propuse observar cinco ejemplos populares de lo que hace un booktuber; para ello he tecleado en el espacio de búsqueda de la plataforma la frase «booktuber en español» en espera de resultados. Lo primero que encuentro es la proliferación de mujeres lo cual me da mucho gusto, entonces ingreso al video de una chica con cabello morado y falsas orejas de elfo (a quien vamos a llamar «Maisa«), que adornando su espacio con luces navideñas y tratando de parecer graciosa habla atropelladamente suplicando por suscripciones y seguimientos. Desde el momento en que el booktuber se remite de manera insistente a las frases «me gusta» y «no me gusta» podemos deducir que sus argumentos son casi inexistentes; quizás por ello la chica terminó dedicando su canal a simples anécdotas de terror (e inclusive a hablar sobre las cirugías plásticas que se ha practicado, lo que me resultó un tanto patético).

A continuación me encuentro a una dama muy guapa (a quien vamos a llamar «Clementina«) que nos pide unirse a su club de lectura y a su grupos de discusión. El contenido de su canal es definitivamente más serio y con mejor gusto literario en comparación con el ejemplo anterior (noté que pronuncia correctamente el apellido Pasternak) desafortunadamente no encuentro en sus videos una clave o un razonamiento verdaderamente literario. Por el contrario cuando escucho que la bella mujer sugiere a su publico no hacer distinciones entre las diferentes ediciones de los libros clásicos noto una rampante novatez.

Otro caso singular es el de una chica muy agradable a la que llamaremos «Ka«, quien a pesar de su juventud muestra una mayor capacidad de análisis en relación con sus congéneres. Por desgracia Ka insiste en los habituales vicios del medio abusando de los anglicismos y recurriendo a lo gracioso para ganar seguidores (lo que me parece va en contradicción con su inteligencia). Ingresando a su canal me entero de que ha dejado de publicar a causa de un supuesto desacuerdo con la compañía que le manejaba (recordemos que en su momento estos personajes fueron promovidos por los grupos editoriales, llegaron a convocar multitudes en las ferias y hasta escribieron sus propios libros). Al final la chica ha tenido que justificar su cambio de giro dedicándose ahora a la pintura, objetivo para el cual se apoya en los tutoriales del naif y afro artista Bob Ross.

Sintiendo un poco de hastío me encuentro con el primer booktuber masculino que mi búsqueda me ha mostrado (a quien vamos a llamar «Yoshi») el cual sospechosamente muestra un semblante excitado con los ojos anormalmente abiertos (posiblemente afectados por alguna sustancia). Al no parecerme alguien que realmente haya leído los libros que comenta deduzco que los contenidos le son dictados por alguien más. Veo que los títulos que aborda son de lo más comercial y lamentablemente no encuentro nada más que evaluar. Finalmente aparece un caso muy popular que llamaremos «Anel Buques» cuya principal gracia se basa en la voz aniñada y el espontáneo parloteo que naturalmente conecta con su público. Aunque parece tener cierto conocimiento de la literatura, su mala costumbre de hablar apresuradamente (y de editar el video de manera sistemática rompiendo el ritmo natural de una charla) se muestra en ella de manera extrema casi insufrible. Hay que decir que dentro de los parámetros de youtube su éxito es bastante notorio y hasta el momento se mantiene activa.

Al hacer esta superficial «expedición» por el fenómeno booktuber he confirmado una cosa: hice bien en no informarme con estos comentaristas (que bien podrían estar en franca decadencia). Descubrí que el booktuber termina sucumbiendo ante la vorágine de la productividad y ante la trampa del narcisismo, empeñándose en publicar a diestra y siniestra en detrimento de todo lo demás. Su conocimiento ya no es importante; lo será ahora su imagen y su simpatía. Su idea inicial de éxito ha sido gradualmente expulsada de su conciencia para ser dictada ahora por los fríos factores externos como las «vistas» y la monetización.

Queda claro que aquellas personas realmente interesadas en la literatura deben recurrir a algo mejor; espacios más dignos como «La milana Bonita«, «Con el hilo de Ariadna«, el canal de «Outis Lee» o del catedrático Jesús González Maestro. (Entrados en gastos permítame sugerir -ya que en el titulo de esta publicación dice «pedanterías»- a Narrativa Clasica XIX y XX y Narrativa Clásica Radio).

La supervivencia de los blogs:

Cuando las plataformas de video tomaron el auge dominante que hoy conocemos se insistía en que las bitácoras habían pasado de moda y que había que migrar a algo nuevo. Sin embargo nuestro relanzamiento (supuestamente ambicioso) hacia las plataformas de video nos lleva a convivir con otro tipo de exigencias que nos distraen de nuestro oficio primordial que es escribir y desarrollar la capacidad para apreciar los textos escritos. En todo caso, los blogs han sobrevivido al furioso dominio del meme, el tuit, el reel y el tube. A fin de cuentas las novedades son eso: novedades; y como tal cumplen con un ciclo breve de creación, auge y caída. El reino de la multimedia es el reino de lo efímero y lo sustancial no puede sustituirse; un lector desea leer y las bitácoras ofrecemos material para leer.

Los libros, los escritores y la crítica literaria no pasarán a la historia. Creo que tenemos mucha vida por delante. Mientras el mundo se incline por el entretenimiento vano y la alienación de lo inmediato, más habremos de insistir en la importancia de la lectura. El libro es el arma más potente con que contamos para contrarrestar el sinsentido de la posmodernidad. En efecto, usted y yo vamos a contracorriente y nos manifestamos en resistencia, leyendo leyendo y leyendo. Ahora más que nunca somos necesarios.

Muchas gracias por su preferencia y su reconfortante comentario. Siga acompañándome en los próximos años de publicaciones.

Guillermo Castro.

Ian McEwan: Amsterdam

Un buen libro trata sobre muchas cosas y en la mayoría de los casos resulta inexacto describir su contenido en unas cuantos párrafos. Por lo tanto, interrumpir su lectura basándonos en lo que hemos confrontado en los primeros capítulos nos privaría de una apreciación justa. Un buen ejemplo sería «Amsterdam» (1998) una de las novelas más reconocidas del autor inglés Ian McEwan puesto que al inicio la temática podría parecer un tanto frívola generando una sensación demasiado mundana que se intensifica por el estilo claro y conciso que maneja el autor. Sin embargo, con el paso de los capítulos descubrimos que la novela nos ofrece mucho más, quedando claro que aquel lector o comentarista que suspenda su lectura a mitad del libro carecerá de las nociones mínimas para juzgarlo.

AmsterdamMcEwanConsideremos el argumento inicial: Una atractiva mujer muere repentinamente y su ausencia recrudece añejas disputas entre los cuatro hombres que fueron sus amantes Clive (el músico) Vernon (el periodista) Julian (el ministro) y George (el marido) personajes que podrían empatar con los cuatro tipos de temperamento que ilustra la psicología moderna. Todos estos hombres pertenecen a la generación hippie de los años sesenta y puesto que la mayoría se han convertido en fríos hombres de negocios o políticos maquiavélicos, mostrarán la decadencia de su ideales. Dentro de esta confrontación machista post mortem no encontraremos un protagonista claro ni tampoco demasiados indicios de superioridad moral por parte de alguno de los cuatro personajes; pero sí habrá un ganador.

Entonces el escritor nos va enganchando haciéndonos creer que dirige una intriga política con tintes sexuales, hasta que descubrimos que McEwan propone en realidad un puñado de dilemas morales de gran profundidad (entre ellos el de la eutanasia) desarrollando gran cantidad de asuntos de distinta índole, como por ejemplo: la ruptura de la amistad, las parafilias, el control de daños en los medios de comunicación, y hasta el proceso de composición de una sinfonía. En efecto, la presente novela despliega en tan solo 240 páginas un entramado notablemente diverso. (De hecho será hasta la página 198 cuando por fin sepamos porqué una historia ambientada en la ciudad de Londres ha de titularse «Amsterdam«). En sus primeros trabajos McEwan había sido relacionado con la novela negra y con los temas escandalosos, para posteriormente ampliar sus alcances literarios… y cuando hablamos de «un entramado diverso» estamos hablando muy en serio.

A pesar de que esta novela no trata exactamente sobre el mundo del crimen observa la negrura tan característica en la literatura de McEwan. Quizás la principal característica de su estilo sea la mordacidad no tanto su preferencia por cultivar un género en específico. Por esa razón los críticos (siempre deseosos de clasificar) podrían ubicar esta obra literaria tanto en el género de la novela negra como en el realismo sucio o la novela psicológica. Por si fuera poco una de las escenas finales nos regala un toque fantástico que corresponde más a las alucinaciones de los personajes que a lo que la realidad se muestra frente a sus ojos.

Dentro de esta confrontación post mortem no encontraremos un protagonista claro ni tampoco demasiados indicios de superioridad moral por parte de alguno de los cuatro personajes; pero sí habrá un ganador.

El ritmo de la narración es ciertamente irregular. En la mayoría de los capítulos los hechos se precipitan de manera vertiginosa, sin embargo hay algunos episodios en los que el autor se ralentiza desarrollando más a fondo la psicología de los personajes (especialmente cuando se dedica a contrastar la el entorno ideológico del músico con el del periodista; dos seres cuya forma de razonar podría parecer totalmente opuesta pero que comparten una característica impulsiva que los hace semejantes). Para fortuna de los lectores primerizos, los capítulos son breves, los diálogos abundantes, y el estilo lo bastante claro como para estimular una lectura rápida. Si el lector tolera los ya mencionados cambios de ritmo podrá leer este libro en muy pocos días. Además la traducción (Jesús Zulaika, Editorial Anagrama/Quinteto) resulta inmejorable destacando esas oportunas y brillantes notas a pie de página.

«Amsterdam» es una novela que tiene la cualidad de ser extraordinariamente diversa. Al grado de que al terminar la novela uno continúa preguntándose cuál sería la intención principal de su mensaje. A pesar de tal incertidumbre, sabemos que lo más importante son los dilemas morales que desafían al lector clamando por respuestas puntuales y urgentes, como hasta dónde debe llegar el respeto a la intimidad de las personas y hasta dónde puede ser ética la asistencia en el ejercicio del derecho a una muerte digna.

Sin embargo, McEwan no es un escritor moralista sino más bien mordaz; con el suficiente ingenio para dotar a sus personajes de conflictos tan inusuales que ilustran las contradicciones de la vida moderna y de la ideología: en esta novela (como en la vida real) llegamos a un punto en que los conservadores se liberan, los progresistas se vuelven reaccionarios y los centristas optan por el fundamentalismo. Bien sabemos que en todas las disputas políticas y personales siempre está presente la contradicción. Otra cualidad del autor es la de lograr mantener una intriga permanente gracias a su instinto literario. Frente un libro de tantos frentes abiertos podríamos juzgar que el osado Ian McEwan podría haber perdido una o dos batallas de aterrizaje, pero indudablemente al final ganó la guerra por la literatura escribiendo una novela de gran riqueza argumental, mórbida, intrigante y fácil de leer.

Italo Calvino: El Vizconde Demediado

Demediado significa «partido por la mitad».

nuestrosantepasadoscalvino«El vizconde demediado» es una novela fantástica escrita en 1952 como primera parte de una trilogía llamada «Nuestros antepasados» la cual tiene por objetivo (entre otras muchas cosas) evitar el extremismo y demostrar que nadie puede ser el dueño de la verdad. Su autor Italo Calvino habría superado su primera etapa como escritor neorrealista accediendo a una nueva etapa más sencilla y breve, en la que predomina el símbolo y la moraleja por encima de lo social. La triada resultante se complementa con las novelas «El barón rampante» y «El caballero inexistente» mismas que pueden encontrarse (ya sea en un sólo volumen o por separado) en la lujosa serie «Biblioteca Calvino» dedicada al autor italiano de editorial Siruela.

Se trata de una fábula dotada de elementos históricos y bíblicos. El Vizconde Medardo de Terralba es enviado a la ciudad de Bohemia para luchar contra el imperio otomano en la gran guerra del siglo XVII. Dado su linaje Medardo es nombrado mariscal pero su inexperiencia lo hace victima de un peculiar cañonazo que parte su cuerpo justo por la mitad. Y cuando esto ocurre, el Vizconde se despide de su lado luminoso para quedarse con su sombra. Dentro de esta fantasía, las mitades resultantes (un brazo un pie, la mitad del cuello y media cabeza) sobreviven cada una por su lado. La parte sombría regresa a su tierra gobernando con mezquindad y sembrando el caos por donde quiera que va; mientras que la parte luminosa vaga por las comarcas careciendo de toda malicia y practicando todas las virtudes posibles.

Suponga usted que enfrenta la lectura de una fábula muy avanzada, en la que los personajes no son animales sino seres humanos y cuyo mensaje didáctico no tiene nada que ver con la moral simple del pueblo llano, sino con teorías psicológicas modernas. Comprobará que la sencillez de la narración así como su notable profundidad nos recordará la literatura de Marcel Schwob e incluso la de Liev Tolstói.

Por supuesto, Italo Calvino habla de manera simbólica y sus personajes representan ideas muy puntuales: el vizconde representaría el poder político, el Doctor Trelawney representaría a la minoría ilustrada, el leproso y los hugonotes representarían a los sectores marginados apartados de la mayoría católica. Cabe señalar que esta interpretación no debería confundirle ya que no se trata de una novela con mensaje político ni mucho menos. De hecho el narrador es un niño pequeño que poco entiende de los embustes del mundo de los adultos; un infante que resulta ser el sobrino del protagonista y que por ser fruto de una relación deshonrosa fue criado entre los nobles por pura piedad. Como sabemos, narrar en primera persona bajo la perspectiva de un niño siempre resulta efectivo porque implica una visión fidedigna y honesta; además de constituirse como una alternativa al narrador-Dios que tanto caracteriza a la tradicional tercera persona de los siglos anteriores.

«El doble» o Doppelgänger, ha sido un tema ampliamente tratado en la literatura (Dr. Jekyll & Mr. Hyde, Dorian Grey, Historia de dos ciudades). Sin embargo, usted no encontrará una novela tan sencilla para ilustrarlo hasta toparse con «El vizconde demediado» amén de que su irrefutable simplicidad narrativa resulta engañosa, pues al interpretar la novela dentro de niveles más profundos seremos partícipes de una insospechada riqueza hermenéutica.

El símbolo más importante es «la mitad«, alegoría que debe interpretarse como la negación sistemática que hace el ser humano de la parte maligna (y por tanto vergonzosa) de su propia naturaleza.

Efectivamente, la negación de «la mitad» es uno de los conflictos centrales del mundo occidental. En la actualidad los seres humanos queremos aparentar que irradiamos luz permanentemente; queremos evitar la muerte (empresa fracasada de antemano); queremos toda la riqueza para el norte, todo el poder para el varón, todo el dominio para el pensamiento práctico y científico. Y esa división general y permanente constituye nuestra desgracia: Occidente está demediado.

elvizcondedemediadosiruelaA nivel psicológico fue Carl Gustav Jung quién mejor entendió el problema. Su arquetipo de La sombra Junguiana sella el destino atormentado de cada persona en la medida de que ésta se empeñe en negar su existencia. En ese sentido, si el ser humano fuera capaz de integrar de manera virtuosa su lado luminoso con su lado oscuro lograría una existencia equilibrada. Muy bien, pero ¿cómo se llega a esa meta? Posiblemente ni Calvino ni el mismo Jung nos puedan dar una fórmula infalible. En todo caso el Vizconde Medardo aspira a que la mitad de su cuerpo le pueda ser restituida para dejar de ser el gobernante déspota en que se ha convertido.

Muchas veces la santidad aparece como consecuencia de un periodo de predominante vileza: lo hemos visto en figuras tan influyentes como Francisco de Asis o el mismo Tolstói. Además, debemos considerar que tanto la parte noble como la parte perversa del ser humano son igualmente propensas a cometer una falta moral; la parte «luminosa» puede perpetrar muchas estupideces al hacer el bien indistintamente. De igual manera la malicia puede ser muy útil cuando permite al ser humano anticiparse a la mala acción que podría cometer el prójimo y protegerse en consecuencia. Un ejemplo más: cuando un hombre se empareja en matrimonio necesitaría de las dos instancias: la parte bondadosa le impulsaría a amar y proteger a su pareja, mientras la parte perversa le estimularía a sentir lujuria por el cuerpo de la consorte y así preservar la especie. De no existir alguna de esas dos condicionantes el matrimonio fracasaría.

Este libro contradice la idea de que el ser humano se encontraría completo al encontrarse con otro ser que le complemente. Más bien debería reconciliarse con su propia mitad; con su otro yo.

La primera parte de la trilogía «Nuestros antepasados» resulta muy recomendable para aquellos lectores que desean incursionar en el universo de Italo Calvino dado que sus novelas posteriores se convertirían en verdaderas muestras de alucinante complejidad (Por ejemplo «Las ciudades invisibles«). Al leer «El Vizconde demediado» tenemos la sensación de confrontar un sabio relato ancestral narrado por la pluma de un escritor modernista. Así es como esta novela corta de apenas noventa y seis páginas se muestra amable y logra una fácil identificación con el lector; especialmente por aquella frase a la que regularmente recurre el narrador: «aquel niño era yo».

23 de Abril ¿Cuál será el futuro de los libros?

El día mundial del libro y del derecho de autor se festeja cada 23 de Abril a iniciativa de la industria editorial. Y ante la inminente llegada de la fecha convenida me gustaría abordar algunas consideraciones en torno al futuro de los libros.

Las perspectivas en torno a las obras escritas no parecen ser las más halagadoras. El principal reto a superar sería el siguiente: La dinámica actual de las redes digitales (que consiste en la saturación de información en dosis minúsculas) se plantea contraria a la dinámica del libro. Como sabemos, la obra literaria expone una información amplia y detallada contenida en una sola fuente o dispositivo; y esta información requiere de toda nuestra atención y de concentración total, cualidades que se han visto mermadas ante las prácticas sociodigitales. Mucho se habla de que la modernidad está causando entre otras cosas el problema conocido como déficit de atención o al menos una notoria pereza o incapacidad de las personas por asimilar textos medianamente extensos o que presenten una ligera complejidad.

Sin embargo, más allá de estimular la concentración y el raciocinio, la tendencia que se impone es la de condensar la información en textos cada vez más cortos. Incluso las plataformas que proporcionan blogs ahora se rigen bajo un formato de «bloques», lo que significa que los textos de las bitácoras (cuya extensión generalmente son de por sí cortos) han de ser divididos en segmentos aún más pequeños con el objeto de ser procesados y clasificados por los algoritmos que rigen el mundo digital. La expectativa es que el publico lector logre conservar su habito lector a pesar de los numerosos distractores y el aturdimiento característico de la era digital.

En cuanto a la utilidad que brinda a los lectores, podemos decir que ese sistema de algoritmos se muestra bastante primitivo; de hecho limita la creatividad y sus supuestos beneficios llegan a insultar a la inteligencia. Es verdad que los algoritmos pueden relacionar, clasificar y censurar palabras con una precisión impresionante, y que pueden conducir al internauta a miles de fuentes que presenten un contenido similar (lo cual también tiene su lado negativo, porque fomentarían el fanatismo evitando el cotejo de las ideas). Pero fundamentalmente, los algoritmos no serían capaces de captar el carácter alegórico de los escritos; hasta donde sabemos no lograrían captar la intención de una verdadera metáfora que se muestre abierta a diferentes interpretaciones; ni siquiera podrían captar una ironía simple. De tal suerte que este sistema se mostraría totalmente ineficaz en la asimilación de textos literarios. La tecnología continúa sin poder crear a un robot que pueda leer los libros, pensarlos e interpretarlos por nosotros.

Por otro lado ¿qué futuro le espera a una obra literaria frente a un mundo cada vez más dominado por las exigencias del consumo? Nuevamente nos encontramos frente a un panorama que pareciera desolador: si bien el libro sigue siendo un artículo de consumo más o menos rentable, la calidad de los productos que actualmente alcanzan el éxito comercial observan una tendencia a la baja. La riqueza intelectual y la estética sofisticada de los libros poco a poco ha sido sacrificada, ofreciendo en su lugar textos complacientes que se limiten a entregar al consumidor exactamente lo que él espera. En los aparadores dominan los libros que ya no proponen un reto intelectual, sino una gratificación predecible que únicamente nos lleva a regodearnos en lo que de antemano conocíamos. En ese sentido el producto literario posmoderno imita al algoritmo, para poder cumplir con las expectativas del mercado.

Afortunadamente no todos los autores y editores han sucumbido frente a estas exigencias. Todavía existe literatura de alta calidad y libros bien calificados para apelar seriamente a la capacidad de reflexión del ser humano. ¡Aún existen escritores que aspiran a competir con un Borges, un Dostoievski o un Cervantes! Ahí está Cărtărescu, Coetzee, Calasso, Atwood, Aleksiévich, Oates, Auster, Marías, Vila-Matas, el multiafamado Murakami y varios más. Por supuesto sus obras representan un oasis, pero si estos autores hubieran nacido entre 1880 y 1900 y tuvieran que competir con Proust, Joyce, Kafka, Chéjov, James, Wharton y Woolf, quizás no gozarían del mismo impacto.

De igual manera podemos deducir que el libro digital (supuestamente ecológico y comprobadamente invasivo de la privacidad) no logrará desplazar al libro impreso. Recordemos que el objetivo de la lectura es la comunión única e irrepetible entre un lector y una obra literaria, sin que necesariamente intervenga un tercero. Las emociones y los pensamientos que se generan al leer un libro impreso no pueden ser inteceptados por ningún robot ni por ningún dispositivo. Y esa es a fin de cuentas la gran fortaleza que hace del libro impreso un instrumento invencible aún en estos tiempos de confusa y cuestionable modernidad.

De tal suerte que la situación no es tan oscura como parece. El libro es un instrumento irremplazable. No habrá tecnología que rebase al libro y no habrá tendencia comercial que le borre del imaginario colectivo. Pareciera que el libro enfrenta un momento de crisis, pero la verdadera literatura está acostumbrada a abrirse paso a contracorriente. La red social, el blog, el tuit y el algoritmo, con todas sus virtudes y carencias pueden morir muy pronto, en cambio al libro le queda mucha vida por delante. Mientras el ser humano no desaparezca de la faz de la tierra, la necesidad de registrar los pensamientos y las historias seguirá existiendo. Que así sea.

Felicidades a los lectores y lectoras de libros. El futuro es nuestro.

Roberto Calasso, el ensayista de la actualidad innombrable

El escritor italiano Roberto Calasso (1941-2021) fue uno de los pensadores más destacados de los últimos tiempos. Una de sus cualidades fue la de interpretar con éxito la actualidad humana tomando como base disciplinas imperecederas como la mitología y la antropología. Habiendo sido editor en jefe del sello independiente Adelphi, Calasso logró mantenerse ajeno a las presiones del negocio editorial y rigiéndose por un criterio autónomo . Por otro lado, el autor se dedicó a cultivar un estilo personal que trasciende cualquier género literario y que resulta difícil de clasificar, no así de entender. Muchos de sus libros han sido traducidos al castellano gracias al sello español Anagrama.

Todos parecemos estar de acuerdo en que la humanidad vive un momento histórico especialmente crítico al que llamamos «posmodernidad»; una etapa confusa que se abre paso de manera intempestiva. Pero ¿qué pensaría usted si alguien le dijera que este supuesto punto de quiebre no es más que un capítulo bien conocido en la cíclica, inestable y predecible historia de la humanidad? ¿y que esta realidad aparentemente novedosa puede explicarse gracias a la mitología (esa antigua disciplina que a su manera logra explicarlo todo)? Este llamado a la reflexión nos haría preguntarnos si todo aquello que consideramos «avance» y «conocimiento» no sea tal, sino más bien un nuevo retroceso de la conciencia humana.

Aunque Calasso incursionó en los campos de la filosofía, la antropología y la historia, será recordado por su incansable estudio de lo clásico y lo sagrado; logrando una conciliación armoniosa de cara al entendimiento de la modernidad . En ese sentido, el desplazamiento de las cosmogonías en favor de la secularización habría tenido un impacto determinante. Dicho de otro modo, el desprecio actual por los dioses, los ritos y las mitologías serían las responsables de la vacuidad de la sociedad posmoderna.

Pero no nos confundamos: Calasso no fue un escritor religioso ni mucho menos; es un intelectual firmemente ubicado en su época, pero que ha devuelto al mito la identidad trascendente que tanto terreno ha perdido en la sociedad occidental; una sociedad que intenta llenar el hueco de lo sagrado con el consumo desmedido, la política, seudo-arte y trivialidades que conducen a esa pobreza tanto intelectual como espiritual que caracteriza a nuestra era. Los seres humanos de hoy en día idolatramos a personalidades mediáticas de dudosa estatura moral e intelectual, y creemos que la ciencia ha de explicarlo y solucionarlo todo. En consecuencia, disciplinas como la mitología y la metafísica habrían quedado rebasadas.

Pues bien, si (como nuestro escritor) usted discrepa con los criterios y usos de la posmodernidad antes descritos, entonces los siguientes libros serán de su interés:

El lector más despierto notará que el elemento ensayístico es el factor predominante en la producción del autor italiano. Aún así las capacidades narrativas y poéticas no serán excluidas por completo. En esta dinámica híbrida, libros como «El cazador celeste», «Ka» y «Las bodas de Cadmo y Harmonía» dan cuenta de una brillante reinterpretación de las mitologías occidentales como orientales, advirtiendo el progresivo desprecio que la modernidad siente por lo invisible y por todo lo que había sido considerado trascendente.

Pero eso no fue lo único que escribió Calasso. Aquellos lectores interesados en temas estrictamente literarios pueden consultar «La locura que viene de las ninfas» y «La literatura y los dioses» (volúmenes que compilan una serie de conferencias que el autor impartió en la Universidad de Oxford), además del aclamado ensayo sobre Franz Kafka titulado simplemente «K«. Para los amantes del arte existen dos libros imperdibles: «El rosa Tiepolo» y «La Folie Baudelaire» que profundizan en los misterios del arte pictórico y sus implicaciones espirituales. Finalmente, para los lectores de narrativa existen dos libros tempranos cuya estética se acerca a la de una novela modernista: «La ruina de Kash» y «El loco impuro».

Sin embargo, el volumen que consagró a Roberto Calasso en el mundo de habla hispana fue «La actualidad innombrable», demoledor estudio sobre la situación mundial (especialmente en sus manifestaciones más violentas) argumentando que nuestro momento crítico fue construyéndose con antelación y que fue predicho por autores visionarios del pasado como Gustave Flaubert, Ferdinand Celine y Walter Benjamin, y por escritoras tan capaces como Simone Weil y Virginia Woolf.

Cumpliendo con el objetivo de presentarle una pequeña introducción al pensamiento de este escritor debo decir que su obra resulta muy imponente como para reducirla a una sola idea. No obstante, el objetivo que a menudo despliega su obra es la urgencia por recuperar la belleza y la trascendencia de la vida humana; renunciado a la soberbia de una sociedad que se idolatra a sí misma y que pone todas sus esperanzas en la técnica, ignorando los ideales de la trascendencia. De tal suerte que, una revalorización de las cosmogonías, la literatura y la poética resultaría fundamental para superar el escollo en el que la humanidad se encuentra atorada. Desafortunadamente el mundo parece voltear hacia el lado opuesto. De ahí la importancia de leer a Roberto Calasso.

Ernest Hemingway: Por quién doblan las campanas

Se dice que Ernest Hemingway fue un escritor anti-vanguardia pues mientras sus contemporáneos se inclinaban por desarrollar experimentos gramaticales cada vez más sofisticados, el novelista estadounidense se inclinaba por crear un arte literario más cercano a las masas, conmoviendo y motivando a la reflexión por otros medios como la crudeza y la verosimilitud histórica. Se dice que el escritor estadounidense escribió novelas y relatos como si fueran guiones cinematográficos -vívidos, crudos, trepidantes, con demasiados diálogos- y que si su trabajo hubiera sido llevado a la pantalla grande de manera textual entonces las escenas habrían resultado sobreactuadas.

porquiendoblanDesde luego Hemingway no es el escritor favorito de los lectores que se quedaron absortos con las novelas de James Joyce, Marcel Proust y Henry James. Sin embargo, yo no diría que se trate de un escritor inferior, sino que -como en toda buena literatura- sus escritos requieren de un proceso de asimilación que se realice libre de comparaciones y expectativas previas. Es bien conocida su teoría del iceberg en la que el autor estadounidense afirma que no es necesario describir con todo detalle la psicología de los personajes porque a fin de cuentas la interpretación de la obra es tarea del lector. Y este concepto toma forma en «Por quién doblan las campanas» un libro que narra de la manera más escueta posible hechos que deberían hablar por sí mismos. En efecto, si la técnica narrativa no es capaz de generar admiración otro tipo de recursos lo harán.

Lo primero que usted debe saber es que ésta es una novela de ficción bélica. Por consiguiente, si algún lector busca disfrutar de la historia romántica que se mostró en la versión fílmica de 1943 quedará totalmente decepcionado. De hecho Hemingway no es un autor que muestre gran sensibilidad por la condición femenina; por lo tanto no está dotado para escribir romance (además las escenas de sexo que aparecen en este libro me parecen muy artificiales). Siendo escrita por un hombre que sobrevivió a la la barbarie de las dos guerras mundiales, esta novela corresponde a la cíclica e implacable expresión de Marte, la deidad de la violencia y la virilidad.

Y en medio de esos dos grandes conflictos ubicamos a la guerra civil española como un laboratorio de lo que sucedería después a escala global. Precisamente en ese momento histórico el autor sitúa a su protagonista Robert Jordan, un joven norteamericano experto en explosivos que lucha a favor del bando de La República. Debo decir que se trata de un personaje francamente idealizado en el que se manifiestan la inteligencia, la frialdad, el valor, y la virilidad, sin desvelar los aspectos débiles o negativos de su psicología. De no ser por ciertas escenas brillantes y por el extraordinario capítulo final diríamos que se trata de un personaje diseñado para Hollywood.

Sin embargo, el estúpido ensalzamiento de un personaje macho y la falta de una estética literaria profunda, no logró que la novela se vaya al carajo. Veamos el porqué:

El símbolo más importante del libro es el puente. Efectivamente, la misión de nuestro soldado es volar una de estas magníficas piezas de ingeniería con el objetivo de aislar al enemigo interrumpiendo el suministro de alimentos y armas. Pero más allá de la cuestión bélica, el puente significa la unión o la viabilidad entre dos espacios que de otra manera no podrían comunicarse. Aquí es donde surge el conflicto que atosiga a nuestro endiosado protagonista tan convencido de la causa republicana: Robert Jordan debe atacar al bando que su patria apoya. Y si su misión tiene éxito, simbólicamente se romperá el otro puente; el que le une con su origen.

Por otro lado, hay un tema que genera conmoción: En varias ocasiones el narrador sugiere que un soldado gravemente herido se convierte en un obstáculo para su causa puesto que podría ser fácilmente capturado y obligado a proporcionar información al enemigo. Por lo tanto, este hombre debería ser sacrificado o (en caso de que se encuentre solo) darse muerte a sí mismo («Qué cosa más mala es la guerra» dice cierto personaje en el dramático Capítulo 27). La idea por sí misma es siniestra, pero resulta más tétrico relacionar los eventos de esta novela publicada en 1940 con la muerte que veinte años después habría de sufrir el propio escritor. La literatura dice mucho más de lo que creemos.

El título de la novela se refiere a la concepción del mundo y la humanidad como entidad unitaria. Si todos somos uno ¿por qué habríamos de aniquilarnos de esta manera? Con cada vida perdida algo muere dentro de cada ser humano. Atendiendo esa lógica las campanas no doblan exclusivamente por el difunto; sino por cualquiera de nosotros.

Como ya vimos, el narrador es directo y poco sofisticado evitando las metáforas, las alegorías y las descripciones demasiado detalladas. No obstante, Hemingway es dado a utilizar el recurso del flashback o recuerdo fugaz (más propiamente llamado analepsis). El abusar de los diálogos da como resultado una prosa redundante que podría chocar con algunos lectores, pero que finalmente facilita la asimilación del texto. Por otro lado, el estilo emplea un recurso bastante extraño; algo así como corcheas o más bien los signos aritméticos «mayor que» y «menor que» sustituyendo el uso de comillas o paréntesis. Estos signos tienen como función indicar al lector la presencia de la analepsis. Como vemos, la prosa de Hemingway no es sofisticada pero el resto de sus recursos sí lo son. De ahí que resulte un escritor difícil de juzgar.

El lector sobrellevará su lectura con ciertas dudas hasta llegar al brutal Capítulo 10, el cual marca un giro drástico. El concepto de «guerra intestina» adquiere su sentido más descarnado durante este episodio. Permítame alertarle: ningún estómago está preparado para leer el capitulo 10 de «Por quien doblan las campanas«. En esas instancias Hemingway deja de jugar al script cinematográfico y su narración se torna intensa y excesivamente cruda. Pero esta vehemencia no es resultado de los alardes de un escritor recio, sino que corresponden a una mera descripción de lo que aconteció en España a finales de la década de 1930. Afortunadamente el desenlace es menos aterrador, pero igualmente intenso y brillante.

En una nación fracturada por la guerra civil ocurren cosas inauditas; en el capítulo 10 de «Por quien doblan las campanas» el conflicto principal pasa a segundo término y los personajes enloquecen dejándose llevar por las rencillas personales, cobrándose de la manera más cruel las ofensas que en una circunstancia normal hubieran pasado por alto.

En definitiva, este libro no es una buena recomendación para quien desee pasar agradables tardes de lectura en un jardín lleno de flores. Aún así, desalentar la consulta de este clásico resultaría contraproducente, pues privaría a los lectores de la concepción de un criterio propio. Más allá de las carencias técnicas que pudiésemos encontrar, yo invitaría a valorar el práctico y efectivo instinto literario del autor norteamericano. A su manera simple y cruda Ernest Hemingway nos muestra que una guerra civil es la peor afrenta que puede sufrir un pueblo. Quizás el objetivo último de la ficción bélica sea demostrar que las guerras no solucionan nada.

Un primer acercamiento a la literatura de Willa Cather

Las novelas de la escritora norteamericana Willa Cather están siendo redescubiertas gracias a las actuales ediciones de Alba Editorial. Inclusive ciertos títulos ya habían sido considerados por editoriales tan importantes como Pre-textos y Cátedra por lo que podemos congratularnos de que esta escritora «para conocedores» por fin está obteniendo la popularidad que merecía desde un principio. Hoy hablaremos de «Lucy Gayheart» una novela de tintes juveniles brillantemente narrada y con abundante sustancia literaria.

lucygayheartEn cierto modo este libro es un bildungsroman o novela de iniciación (con la salvedad de que la protagonista no vivió lo suficiente como para aplicar lo aprendido). La historia se ambienta en la ciudad de Chicago y en el pueblo de Háverford Illinois a principios del siglo XX. Trata sobre un triangulo amoroso entre la estudiante de piano Lucy Gayheart, su supuesta pareja ideal Harry Gordon, y el cantante Clement Sebástian, poniendo énfasis en los sucesos cotidianos que ejercen una influencia definitiva en la vida de un ser humano. Los temas a tratar son muy variados: el duelo, la resiliencia, el estrés postraumático y otros. Sin embargo, el tema principal es el despertar erótico de la juventud visto desde un punto de vista elevado, pero evitando la idealización de las situaciones narradas. Precisamente esta cualidad realista (junto a una inobjetable brillantez estética) hace que esta novela sea altamente atractiva tanto para el lector avanzado como para el principiante.

A menudo sucede que cuando una persona buena muere sus cualidades se agigantan y se convierte en una leyenda. Eso fue lo que le pasó a la joven estudiante de piano Lucy Gayheart.

Bien, usted ya lo ha deducido: el apellido Gayheart (común en el norte de los Estados Unidos y Canadá) no hace alusión a la inclinación sexual del personaje. Si acaso se refiere a un espíritu capaz de manifestar espontáneamente la alegría de vivir. En consecuencia la psicología del personaje no corresponde a la de una persona ordinaria, sino a un carácter introspectivo que encuentra el regocijo en la expresión solitaria. En algún punto de la novela la protagonista descubre el amor de pareja y lo vive como un placer trágico. Si bien Lucy se había relacionado amistosamente con un chico al que todos en el pueblo aprueban, en su fuero interno se siente cautivada por un artista forastero. Y la pasión es intensa manifestando un sentimiento mucho más trascendental que el de un simple flirteo adolescente.

La psicología del resto de los personajes se centra exclusivamente en los sentimientos llanos sin adentrarse de lleno en las honduras de la mente subconsciente. No obstante, cuando la protagonista se encuentra ante la disyuntiva de escoger entre una posición cómoda y otra ideal por supuesto se decanta por la más difícil; y la elección resulta ser la correcta. Una persona melancólica puede resultar muy atractiva, especialmente para alguien cuya fuerza vital se muestra desbordada. Ciertamente en esta historia los polos opuestos se atraen.

La escritora estadounidense relata «a toro pasado». Es decir, que nos cuenta la historia cuando su personaje ya ha fallecido. Para ello se vale de un narrador en tercera persona (que en su condición de amigo cercano) trata de apegarse a lo que la protagonista sentía y pensaba, como si tratara de desmentir rumores y contarnos la versión más cercana a la verdad. Se trata de un narrador parecido al de las novelas de Stefan Zweig que refuerza la sensación de misterio y concede al personaje la dignidad que merece.

Aunque los sentimientos de estos personajes provincianos sean muy simples y toscos, la narración es en extremo elegante. A decir verdad, majestuosa.

El estilo de la prosa es sencillo y asequible llamando poderosamente la atención por su limpieza y su corrección. El texto posee una suerte de musicalidad y si los lectores podemos notarlo es porque la magnífica traductora tuvo a bien no sólo trasladar exitosamente el texto original al idioma español, sino que además respetó el estilo conservando su ritmo y su eufonía. Esto es lo que yo llamaría una traducción excelente por lo que valdría la pena felicitar a la filóloga Catalina Martínez Muñoz. Las traducciones de este nivel no abundan en nuestro medio.

La novela esta conformada por capítulos muy breves y se divide en tres partes (o en tres libros como se decía antiguamente). El libro primero se distingue por su sencillez, el libro segundo por su melancolía, y el tercero por su carácter filosófico. La mayor parte de la obra ofrece una literatura tan bella y tan vigorosa que invita a leer todo el texto de un tirón (lo cual no es improbable pues se trata de una novela de 224 páginas). Desafortunadamente la digresíon -ese recurso literario que en ocasiones renueva el interés de la novela- en este caso resulta contraproducente, puesto que rompe con el ritmo prácticamente perfecto logrado hasta el momento. Además, la trama se diversifica rompiendo con la sencillez a la que nos habíamos acostumbrado. Sin embargo, este rompimiento no significa que la novela pierda calidad o que carezca de un correcto desenlace. De hecho la psicología se torna más interesante.

El lector experimentado notará que esta novela ofrece una tesis en el libro primero y su antítesis en el libro tercero, apegándose a la máxima de que la literatura no debe ser doctrinaria ni maniquea. Por su parte, el libro segundo describe con detalle lo que significa el proceso de duelo, mientras la parte final expone el valor de la prudencia. Y este último sería el gran mensaje de la novela: la importancia de controlar el ímpetu juvenil.

Ante la frustración el individuo no debería precipitarse y actuar en consecuencia, sino serenarse y pensarlo dos veces. No es casualidad que se cometan las peores imprudencias después de participar en una discusión o sufrir un desengaño.

En fin, mi primer acercamiento con esta autora ha resultado más provechoso de lo que hubiera imaginado. Se trata de una escritora capaz de desplegar una brillantez técnica que raya en la perfección. Por si fuera poco, el personaje es memorable y el desenlace resulta sobresaliente si no es que perfecto. El presente libro nos muestra que la literatura no debe juzgarse por el qué sino por el cómo. Una historia provinciana y sentimental puede satisfacer los parámetros literarios más exigentes si se escribe con la inteligencia y la lucidez mostrada por la escritora Willa Cather.

Amos Oz: Judas

«Judas» fue la última novela escrita por el autor israelí Amos Oz y en ella desarrolla un último impulso concientizador respecto a la aguda problemática política que azota a su patria. Para ello se ha valido de una historia un tanto vaga sobre un joven universitario que obligado a dejar los estudios acepta un trabajo tan simple como cuidar a un anciano en casa de una seductora viuda. Más allá de una trama poco espectacular, esta novela despliega la cualidad autocrítica que ha caracterizado al escritor, insistiendo en la tesis que sugiere que un cambio de mentalidad podría generar un rumbo distinto en torno a los conflictos de la región. Muy bien pero no nos engañemos, este no es un libro idealista ni ingenuo. Es una ficción doméstica que retrata un conflicto que ya no debería extenderse, por lo que no quedaría más que recular y (como clamaba un importante músico del siglo pasado) darle una oportunidad a la paz.

judasamosozEl tema de la novela es la traición vista como un evento dudoso. Recordemos que en un ambiente política o religiosamente crispado cualquier persona que proponga una pequeña alternativa a la línea trazada por los líderes puede ser calificada de traidora. Naturalmente tras la lectura de este libro el lector se preguntará si esos despreciables desertores (simbolizados por el personaje bíblico de Judas Iscariote) no serán en realidad interlocutores con cierto grado de razón, que incorporan al debate el sentido común y la conciencia que ha sido olvidada por quienes permanecen fieles a los ideales. Quizás los hechos de la historia reciente no sucedieron tal como los han contado. Posiblemente Judas no haya sido un miserable capaz de vender a su maestro, sino sólo el siervo que cumple con el penoso papel que se le hubo asignado para que el mensaje de salvación llegue a todos los fieles hasta el fin de los tiempos.

En un ambiente política o religiosamente crispado cualquier actor que proponga una ligera alternativa a la línea trazada por los líderes puede ser calificado de «traidor».

En este punto nuestro amable lector ha deducido que Amos Oz no escribió una novela sobre Judas Iscariote sino una ficción más cercana a nuestros tiempos; una historia ambientada a finales de la década de 1950 que discute el tema político del momento: las consecuencias del resurgimiento de Israel como un estado soberano. El protagonista es el estudiante Shmuel Ash quien después de enfrentar una serie de reveses llega a hospedarse en la casa del viejo Gershom; cuya nuera Atalia (una viuda de temperamento distante) le resulta bastante atractiva. Estos serían los tres caracteres principales y los únicos que desencadenan la escasa acción de la novela. En cuanto a otros personajes constantemente mencionados en el marco narrativo, el lector deberá distinguir cuáles de ellos son ficticios (como el supuesto traidor Shaltiel Avravanel) y cuáles son históricos (como el líder político Ben Gurión).

Efectivamente, habrá quien clasifique este libro en el género de la novela histórica, pues encontrará elementos para confirmar su apreciación: En 1959 la ciudad de Jerusalén se encontraba como Berlín dividida por un muro. Han pasado diez años desde que la guerra de 1948 dejara numerosas muertes y resentimientos irreconciliables por lo que las tensiones permanecen. Hay zonas en las que un civil no debería transitar debido al peligro mortal de las minas y los francotiradores. El ambiente tanto político como religioso permanece polarizado, por lo tanto el espionaje es una actividad corriente.

Con estas circunstancias Shmuel Ash enfrenta las dificultades de la vida preguntándose si ha valido la pena tanto muerto y tanto desplazado, cuestionándose además el brutal encono ideológico que le rodea. En su malograda tesis universitaria estudiaba la influencia que ejercieron las figuras de Jesús de Nazaret y Judas Iscariote tanto en la historia judía como en su relación con el mundo cristiano, encontrando que ambos hombres fueron hebreos nativos que vivieron, predicaron y murieron dentro de la comunidad judía (siendo el cristianismo una invención muy posterior). En consecuencia, el estudiante se plantea varias hipótesis sobre el Iscariote en las que no necesariamente es un traidor, mientras la vida le lleva hacia un personaje colocado en una posición similar: Shaltiel Abravanel.

En esta novela los personajes muertos resultan más influyentes que los personajes vivos. Especialmente Abravanel que simboliza la cordura y la empatía; cualidades ausentes en el conflicto al que este libro hace referencia.

Ahora veamos los detalles técnicos: La principal característica de esta narración es que se ubica en la tercera persona pero juega con la primera. es decir que enuncia e ironiza los pensamientos de Shmuel Ash como si nuestro protagonista los pronunciara en voz alta. La figura del narrador detalla a fondo la psicología del protagonista otorgando especial atención a los movimientos y los ademanes del resto de los personajes. Ocasionalmente se envuelve en la descripción de detalles finos que otros narradores difícilmente tomarían en cuenta (por ejemplo el pronunciado «surco facial» entre el labio superior y la nariz que adorna el rostro de la seductora Atalia) Sin embargo, este narrador resulta bastante considerado con el lector pues escribe solamente lo necesario para que la historia pueda comprenderse.

Desafortunadamente el texto cae en redundancias (lo que podría ser un defecto de la sospechosa traducción presente en las editoriales Siruela y Debolsillo) y en ciertas pifias que si bien no afectan en absoluto el sentido de la novela podríamos calificarlas como graves. Tomemos como ejemplo el hecho de que la historia se ubique en los años 1959 y 1960 y de repente se hable de la llegada del hombre a la luna. O bien que el protagonista enfermo de asma se ponga todos los días talco en el rostro especialmente en la barba. Estas imprecisiones irremediablemente deberán ser acreditadas al autor, aunque repito, poco afectan al mensaje de la obra.

Continuemos con la estructura: el libro consta de 51 capítulos muy breves que no parecen decir gran cosa pero que nos dan la muy necesaria sensación de avance. Los diálogos suelen acompañarse de referencias bíblicas; el anciano Gershom discute cualquier asunto apoyándose en los libros de los profetas, el cantar de los cantares y otros escritos, al final éstas alocuciones son sólo frases ilustrativas que no pretenden evangelizar ni mucho menos. En realidad el libro habla muy poco sobre religión pero cuando lo hace nos entrega datos novedosos e interesantes.

La trama es muy lenta. En ella se presagian sucesos extraordinarios que no llegan a concretarse. La guerra, el espionaje y el sexo podrían quedarse a ojos de los lectores como promesas incumplidas. Lo cierto es que la trama no les proporcionará la recompensa que en cambio la información complementaria sí podrá ofrecerles. En ese sentido, será hasta la segunda parte de la novela cuando la historia tome su ritmo definitivo, por lo que el consejo más adecuado es el de no desistir. En el capítulo 47 el lector podrá apreciar todas las cualidades por las que Amos Oz ha sido considerado entre los grandes escritores de la época. Pero para ello tendrá que remar la barca pacientemente hasta la página 261.

En conclusión «Judas» es una novela de tesis discreta y sosegada que irá tomando sabor mientras se avance gracias a su formato de capítulos breves. Debido a que es un trabajo tardío (Amos Oz lo habría terminado de escribir a los setenta y cinco años de edad) no encontraremos ni la precisión técnica de las novelas anteriores, además el lector avispado observará una traducción por momentos descuidada. Lo interesante es que el escritor israelí habla con valentía sobre su propia nación, ejerciendo una voz autocrítica que juzgamos necesaria dado el escaso avance nacional en la resolución de los conflictos abordados. De tal suerte que la lectura de este libro valdrá la pena porque nos estimula a reflexionar sobre la inutilidad de las fronteras, la mezquindad de los sentimientos de separatismo religioso, lo desgastado que se encuentra el concepto de nación y lo irracional del comportamiento de aquellos que se dejan llevar por el sonido de los tambores de guerra.

Ante la persistencia de esas lacras cualquier persona está expuesta a convertirse en un «Judas». Y el problema no sería el supuesto traidor sino la postura radical de quienes le acusan de serlo.