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El artículo “Antes de leer a Marcel Proust, con todo lo relacionado a su monumental novela “En busca del tiempo perdido”, se ha corregido y aumentado.

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Raymond Carver: De qué hablamos cuando hablamos de amor.

De las dos versiones que existen de este libro, comentaré la que originalmente se editó en 1981, con el visto bueno del editor Gordon Lish. Si tuviera la oportunidad, hablaré después de la nueva versión “sin recortes” de 2009, que apareció bajo el título de “Principiantes” también en editorial Anagrama.


dequehablamosLa fama de “minimalista” atribuida a Raymond Carver bien podría deberse a esta obra, pues fue la que sufrió más recortes por parte de su editor; la leyenda dice que Gordon Lish “podó” cerca del cincuenta por ciento del los manuscritos originales, sacrificando contenido pero ganando nuevas cualidades fugaces y enigmáticas. Este tomo consta de diecisiete relatos cortos, cuyos desenlaces generalmente quedarán abiertos a la especulación. El mensaje “carveriano” se mantendrá en conjetura permanente debido a los vacíos de información y al estilo parco de la dupla Carver-Lish.

De modo que los relatos son rápidos y fáciles de leer pero requieren de cierta sagacidad por parte del lector, cuyos ejercicios de imaginación resultarán vitales para deducir los hechos silenciados. Para ello deberá apoyarse en los símbolos y las figuras literarias. En este libro, una caja de chocolates, una piscina, un caracol, o una mujer de largos dientes, pueden significar mucho más de lo que supondríamos a “primera vista”.

El volumen inicia con relatos muy apegados a la temática que comúnmente se asocia con nuestro escritor; es decir, la soledad, la indolencia y el alcoholismo de aquellas personas que a pesar de vivir en el paraíso de la nación americana, son derrotadas por la vida. Después se adentrará en el alma de quienes buscan “rehacer su vida” mediante una segunda o tercera oportunidad para hacer las cosas bien; cuentos como “El señor arreglos”, “Belvedere”, “Una conversación seria” y “Una cosa más” muestran sus torpes intentos por formar una pareja funcional o una familia feliz.

“El baño” es uno de los mejores trabajos hechos por el autor en toda su carrera, sin embargo, este volumen no contiene su mejor versión, misma que encontraremos en “Catedral” (Colección de 1983) bajo el título más convincente de “Parece una tontería”. Es una pena que el lector que adquiera “De qué hablamos cuando hablamos de amor” no pueda disfrutar de la mejor versión de este estupendo relato.

principiantesSi usted no logra conectar con el estilo de las primeras páginas del libro, no deberá suspender la lectura, pues los mejores cuentos aparecerán en la segunda mitad de este libro. Por ejemplo “La tercera de las cosas que acabaron con mi padre” se distingue del resto porque el personaje principal se asemeja a aquellos bizarros protagonistas de los relatos del gótico sureño. Este cuento memorable trata sobre un pobre sordomudo apodado Dummy, quien a falta de la lealtad de los suyos se aferra celosa y obsesivamente a la crianza de peces de agua dulce llamados “percas”. Este es uno de los relatos más conmovedores y extensos, pues parece haberse salvado de la implacable tijera de Lish. De tal suerte que encontraremos más material para disfrutar de esa veracidad descarnada que distingue a la mejor literatura norteamericana.

El cuento más corto (y con título muy engañoso) es “Mecánica Popular”, que como casi todo lo que escribió Carver, no deja de ser dramático y poderoso. A nuestro cuentista se puede acusar a de austeridad, pero jamás de vacuidad.

Poco antes de terminar con el libro aparece “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, cuento que propone el eterno dilema de ¿qué significa exactamente amar? y nos contesta de manera simple, en boca de sus personajes imperfectos, de vida trunca, hecha y vuelta a hacer. Es común que en los libros de Carver encontremos abundancia de relatos desoladores, pero cerca del final nos presentará la ansiada epifanía que nos ilumine el camino: “en el amor los seres humanos somos sólo principiantes”… y podríamos agregar: incapaces de dar y recibir todo el amor al que aspiramos y que podríamos ofrecer.

Al igual que “Catedral”, esta colección de cuentos brilla con gran fuerza literaria. La diferencia radica en que el “factor Lish“ está mucho más presente en este volumen que en los otros libros del autor. Ahora tengo mucha curiosidad por consultar “Principiantes” y confrontar la versión original de estos cuentos “minimalistas”. Sospecho que podría disfrutarlos aún más.


Valoración: Bueno.
Año de publicación original: 1981
País: Estados Unidos
Género: Realismo, minimalismo.
Extensión: 160 páginas.
Dificultad de lectura: Poca dificultad.
Traducción: Muy ibérica (Anagrama).
Temas: Relaciones Humanas
Autores con obras similares: Richard Ford / John Cheever.

Antes De Leer… Literatura Rusa (Primera Parte)

“Muchas veces no sabemos lo que nos espera con ciertos libros, ya sea por falta de información o por una idea preconcebida en nuestra mente. En consecuencia, dejamos inconclusas obras que creíamos nos iban a fascinar; o bien, evitamos libros grandiosos suponiendo que fuesen engorrosos. Por eso resulta oportuno conocer ciertos antecedentes y hacer algunas advertencias, para así enfrentar con mayor seguridad la lectura de nuestros clásicos”: Blog Narrativa clásica XIX & XX

hermanoskaramazovAquellos que empezamos a interesarnos por la narrativa antigua nos encontraremos casi de inmediato con los autores rusos del siglo XIX. Esta circunstancia es inevitable y dada la importancia que se les concede en los círculos de lectura, podemos afirmar que dejarlos de lado significaría una omisión grave. No obstante, la lectura por obligación siempre resulta chocante; colocarnos a nosotros mismos en una dinámica de “imposición de tareas” quizás no nos ayude mucho en la obtención del placer y las motivaciones para seguir leyendo. Con el tiempo he aprendido que para disfrutar de un buen libro es bueno conocer lo más posible sobre el mismo. Por esa razón he decidido investigar sobre el tema, dejando a consideración de cada lector si decide probar, seguir adelante y dejar de rehuir este tipo de literatura.

¿De qué libros estamos hablando?

Hablamos de la literatura de ficción producida en el siglo XIX en Rusia. Los narradores más importantes son:

  1. Lev Nikoláievich Tolstói (León Tolstói)
  2. Fiódor Dostoievski
  3. Antón Chéjov
  4. Nikolái Gógol
  5. Maksim (Máximo) Gorki*
  6. Iván Turguéniev
  7. Aleksander Pushkin
  8. Mijaíl Lérmontov
  9. Nikolai Léskov
  10. Iván Goncharov.
  • En relación con el resto de los autores, Máksim Gorki es un escritor “tardío” que publicó sus obras a finales del S. XIX y principios del XX.

Cómo identificar a los autores:

En Rusia se maneja el alfabeto griego (para ser más precisos, el alfabeto cirílico) de modo que al ser romanizados, los nombres de los autores pueden variar en alguna letra o fonema según el país o la editorial que publique sus libros. Esto tiene que ser tomado en cuenta por los lectores y coleccionistas de libros, para así poder acceder a toda la información y a las obras disponibles. Por ejemplo, si en una biblioteca o librería buscamos a Fiódor Dostoievski, lo encontraremos de muchas maneras: Dostoyevski, Dostoiewsky, Fédor, Fyódor… y estas variaciones no son necesariamente incorrectas, sin embargo, pueden limitarnos a la hora de hacer nuestras “búsquedas”, investigaciones y compras.

¿Porqué Rusia y porqué en el siglo XIX?

guerraypazEsto lo podría explicar mejor un historiador: en ciertas épocas y en ciertos lugares del mundo se ha dado una inusual explosión de las artes, pues al converger las condicionantes sociales e históricas adecuadas, se crea el ambiente idóneo para la producción intelectual o artística (piense usted en la Grecia del siglo V A. de C o la Italia del Renacimiento). Esas circunstancias sociales pueden ser tanto de esplendor como de adversidad.

Digamos que, el siglo XIX fue un periodo crucial en la transformación de la “Madre Rusia”. Tras la victoria de Alejandro I sobre el ejército de Napoleón, el poderío militar del imperio ruso se afianzó de manera temible. (Después vendría la derrota de Crimea y los papeles se invirtieron). Además, la economía estaba en una etapa de transición, y hubo una gran efervescencia de ideas y movimientos sociales. Hemos de recordar también que en la Rusia de los zares (controlada de manera tiránica por grupos dinásticos) no existió el Renacimiento, además de que las ideas de la ilustración fueron acalladas. Por esas circunstancias es que la verdadera explosión del humanismo ruso surge hasta el siglo XIX.

Esta coyuntura favoreció la divulgación de las obras de los escritores locales quienes llegaron a convertirse en verdaderos héroes (y en el caso de Tolstói, una especie de gurú o guía espiritual). Curiosamente, los libros de estos grandes autores podían ser censurados o recortados en su propio país, pero los ejemplares que salían al extranjero aparecían en sus versiones íntegras, logrando gran repercusión.

¿De qué trata la narrativa Rusa?

Por supuesto, trata sobre el ser humano, pero con algunas características muy especiales que tienen que ver con la particular forma de ver la vida en ese enorme país.

lahijadelcapitanPara empezar, habremos de distinguir la literatura rusa de la literatura victoriana; un primer error que puede cometer el lector es decir: “¿Siglo XIX? Debe ser muy similar a la literatura victoriana“. La verdad es que ambas pueden tratar sobre temas parecidos pero el estilo es muy diferente. La escritora inglesa Virginia Woolf reconoció que autores como Antón Chéjov eran estilísticamente más atrevidos y rompían con los cánones explotados por el resto de los autores del siglo XIX. Por ejemplo, los finales enfáticos de la narrativa victoriana fueron suprimidos por los rusos, dando paso a los modernos desenlaces “abiertos”.

Por otro lado, al desarrollarse dentro de un régimen cerrado, la literatura rusa no es discrepante ni reformista (como la genial literatura francesa de Balzac, Flaubert y Victor Hugo), sino más bien humanista y espiritual. La introspección es un elemento importante, pues los protagonistas suelen mostrar su mundo interior a puertas abiertas. Para Woolf el personaje central de la narrativa rusa es el alma y quizás de ahí proviene la frase de “gran alma rusa”, expresión a la que no debemos darle un sentido político sino más humanista.

¿Entonces ésta es una literatura de moralejas?

No exactamente. Muchos lectores se sienten atraídos por autores como Tolstói, Chéjov o Gorki por su capacidad para ofrecer un “mensaje” de índole espiritual y suelen encontrar material que llene sus expectativas. Sin embargo, el objetivo principal de los autores no era el educar ni orientar la moralidad, sino la comprensión de “la esencia de la vida humana” en un sentido mas universal; más allá de moralidades, ideologías y religiones. Tal como debiera ser toda buena literatura.

Un factor importante: La geografía.

9788484287704El imperio ruso es enorme y en su momento llegó a abarcar la sexta parte del espacio habitable del planeta. Para efectos prácticos, esta nación es un continente en sí misma y por lo tanto, no pertenece ni a Europa ni a Asia. Cualquier país colindante será diminuto en comparación con la “madre Rusia” y podría estar temeroso de ser absorbido. Naturalmente, entre sus vecinos Rusia encontrará pocos aliados y como consecuencia, el pueblo desarrolló un nacionalismo brutal. A los rusos no les queda otra más que mirar hacia sí mismos.

El escritor mexicano Sergio Pitol asume que la principal característica de los personajes de la novela rusa, es el gregarismo (la integración); el pueblo tiene una inclinación natural por la vida comunitaria y sus ciudadanos se integran a lo que el escritor llama “la gran colmena”, osea, el enorme país que les abriga. Por su parte, Virginia Woolf destaca el espíritu de hermandad de la literatura rusa; una hermandad que no se construye durante las buenas épocas sino más bien en los momentos de derrota e infortunio.

Todo esto significa que estos escritores pudieron desarrollar una gran capacidad para indagar en el interior de sus conciencias. De esta manera crearon un prolífico caudal de cuentos y novelas, con tan buena fortuna y con tanta validez universal, que esa “alma rusa” es a fin de cuentas el alma de los seres humanos.

El clima:

Lo primero que viene a la mente de muchas personas cuando escuchan la palabra “Rusia” es el frío. Y efectivamente en esta nación se pueden encontrar muchas de las regiones más frías del planeta. Uno podría pensar que los rusos son personas de carácter gélido, apático e insensible, pero resulta todo lo contrario. Los rusos, -o al menos los que se describen en estos libros- son personas sentimentalmente dotadas, presas de grandes pasiones y comportamientos encendidos. En suma esta literatura no tiene nada de fría.

El idioma:

humoEl ruso es un idioma eslavo que (como ya vimos) utiliza caracteres griegos. Esto supondría que la traducción de estas obras literarias sería una labor difícil, a riesgo de que los textos pudieran perder mucho de su sentido original. Pues bien, con beneplácito podemos afirmar que este temor resulta totalmente infundado. El enorme aprecio que se tiene por la literatura rusa ha hecho que los filólogos actualicen y mejoren las traducciones de manera casi obsesiva. Las editoriales hispanas de prestigio cuentan con traducciones muy recientes y bien corregidas. En este sentido, el lector encontrará material de primera categoría y tan sólo habrá de tener reservas con algunas de las traducciones antiguas que presentan las editoriales escolares y económicas.

Los nombres rusos: el talón de Aquiles.

Quizás esta sea la razón principal por la que muchos lectores evitan la literatura rusa, pues la fonética y la complejidad en el uso de los nombres les genera confusión. No obstante, esta dificultad puede superarse cuando conocemos y entendemos la dinámica de los nombres rusos. Veamos:

En la tradición eslava los nombres de personas se componen de tres elementos: el nombre de pila, el patronímico y el apellido; el patronímico es un nombre propio que designa ascendencia, filiación o linaje. Puede ser una forma derivada del nombre de pila del padre y se adapta al género de la persona. Por ejemplo Ivanich (hijo de Iván) o Mijailovna (hija de Mijaíl).

Por otro lado, los rusos (como casi todo el mundo) son dados a utilizar sobrenombres y diminutivos. Veamos unos ejemplos: Fioda (Mote de Fiódor) o Lizotchka (diminutivo de Liza o Elizabeth). En ocasiones, estos diminutivos (desde nuestra perspectiva castellana) no guardan mucha semejanza con el nombre original ni con el género. Por ejemplo: Aliosha (diminutivo de Alekséi) o Masha, Mashenka (diminutivos de María). En las novelas estas dinámicas resultan enredosas, puesto que los narradores (acostumbrados a su idiosincrasia) pueden llamar a un mismo personaje de diferentes maneras confundiendo al lector extranjero.

Para abundar en esta explicación vamos a inventar el nombre de un personaje de novela (Elizabeth Mijailovna Nevski) y veamos los posibles maneras en que este puede ser citado en la narración:

  1. En un ambiente familiar o de amigos, se utilizaría Liza Mijailovna (mote y patronímico).
  2. En un ambiente formal se utilizaría Elizabeth Nevski (nombre y apellido)
  3. En un ambiente íntimo se le podría llamar Liza (mote) o Lizotchka (diminutivo)
  4. Por abreviar, el narrador podría nombrarla simple y llanamente por su apellido: Nevski o “la Nevski” (apellido llano).

Por supuesto, no es que los escritores traten premeditadamente de confundir a sus lectores, solamente están siendo fieles a la idiosincrasia y a las circunstancias del país en el que se desarrolla la acción. Entonces, para evitar enredos y confusiones habremos de entender esta dinámica y (como ayuda adicional) hacer una lista de los personajes principales, un recurso recomendable para la lectura de muchas novelas, independientemente de la nación de procedencia.

Otras particularidades:

En las novelas y cuentos rusos encontraremos ciertos términos y conceptos que el lector debe conocer de antemano, para que su lectura no tenga mayores contratiempos. Vamos a poner unos ejemplos:

Los preceptores:

OblómovEn el siglo XIX aún no existían las escuelas de la manera en que las conocemos ahora. Si una familia deseaba ofrecer una educación avanzada a sus hijos tenía que contratar preceptores (maestros particulares) que se encargaban de la formación académica de los niños y jóvenes, y se especializaban en el campo de las en las ciencias, los idiomas y las artes. A diferencia de la Europa occidental, en Rusia se manejaba más la figura del preceptor masculino que la de la institutriz femenina. Para los miembros de la nobleza y la alta burguesía, estos maestros eran extranjeros (principalmente franceses).

Los iconos:

Cuando en una novela o relato ruso notamos que se habla sobre los “iconos” se refieren a las representaciones gráficas de Jesús o de los santos, osea a las imágenes religiosas. Estos íconos son necesarios al momento de hacer una oración y establecer comunicación con la deidad.

La religión cristiana llegó al país, no por mediación de Roma, sino por medio de Bizancio, y esto sucedió cuando ya había ocurrido el cisma entre la iglesia romana y la ortodoxa. Por tanto, los rusos son mayormente ortodoxos y no comparten creencias que fueron introducidas posteriormente por la iglesia romana, como el pecado original, el purgatorio, el celibato sacerdotal y la inmaculada concepción. Asimismo, el pueblo ruso conserva muchos elementos de paganismo y de animismo oriental.

Por consiguiente, el comportamiento religioso de los personajes de las novelas rusas puede ser diferente a lo que se estila en este lado del mundo. Particularmente notaremos que los personajes se sienten muy apegados a sus imágenes en un sentido tan fetichista como el que sentimos los occidentales por las cruces.

El samovar:

cinconovelascortasEn muchos relatos rusos notaremos la presencia de un objeto extraño presente en todos los hogares, el  samovar; una especie de cafetera con mechero que servia para preparar el té y otras bebidas. Culturalmente, era un objeto muy significativo, porque además de proporcionar líquido caliente para soportar las frías temperaturas, ofrecía una especie de estatus y dignidad social. Una familia rusa en apuros económicos podría desprenderse de muchas de sus pertenencias (podría empeñar hasta la estufa si fuera necesario), pero si prescindía del samovar entonces eso significaría que lo había perdido todo.

La estepa y los “mújiks”.

Una buena parte del territorio ruso no es mas que estepa (desierto frío) que sólo puede ser explotada durante seis meses al año. El resto del tiempo podrán cosecharse únicamente tubérculos como la patata y el betabel (remolacha), pues sólo debajo de la tierra podrá generarse el calor necesario para su crecimiento. Los campesinos encargados de hacer producir la tierra en estas condiciones adversas se les conoce como Mujiks o Muzjiks. Estas personas podían ser además siervos (esclavos) y se les consideraba el eslabón más bajo de la escala social. Tolstói y Chéjov escribieron excelentes relatos sobre las ciudades, la aristocracia y la burguesía, pero también hicieron lo propio con estos campesinos olvidados de la mano de dios.

El Zemstvo y los funcionarios:

cruenycastigoSe denominaba “Zemstvo” a la forma de gobierno que regulaba a todas las provincias rusas en la segunda mitad del siglo XIX. Cuando vemos que un personaje de novela habla del “Zemstvo”, se refiere a las juntas locales de “auto gobierno” que ejercían un estricto control de la población. Otro aspecto a tomar en cuenta es que la burocracia fue un sector ridículamente agrandado, desde mucho antes de la implantación de la Unión Soviética; la necesidad de ofrecer empleo a los millones de habitantes, hizo que todo mundo se acomodara en las dependencias de gobierno, aunque su labor y su salario fueran increíblemente modestos e insignificantes. De modo que ser funcionario no significaba ninguna garantía para salir de la pobreza. Los escritores que más abundaron en estos temas fueron Chéjov y Dostoievski.

Los siervos, la mancha en el alma rusa:

Como ya vimos, las ideas de igualdad de la ilustración francesa en su momento fueron acalladas, por tanto a mediados del siglo XIX (al igual que en los Estados Unidos) la esclavitud seguía siendo una práctica legal. Se podían vender, comprar, canjear y hasta apostar personas para ser utilizadas como peones. Además, estos sirvientes eran castigados cruelmente si desobedecían las ordenes de sus amos. La palabra que se utilizó para describir a estos infortunados es la de “siervo” (con “s”). A diferencia de otros países, los rusos esclavizaban a su propia gente, naturales de su mismo país, raza y color de piel. Por supuesto, las personas sensatas y cultas sentían un gran repugnancia de que esas prácticas continuaran siendo aceptadas por la sociedad.

Sergio Pitol, estudioso de las novelas y los documentos del periodo, enumera cuatro anécdotas significativas (y por demás dramáticas) relativas a la esclavitud y a los escritores rusos:

tarásbulba-La abuela del escritor Iván Turguéniev, de origen aristócrata, era una persona tan ruin que utilizaba como mascotas a los bebés hijos de los siervos. En una ocasión un bebé lloró amargamente por el trato desnaturalizado que la señora le daba, y ésta contrariada por su llanto, procedió a callarlo asfixiándolo con una almohada. Resulta que este tipo de crímenes quedaban impunes, lo que ocasionaba un enorme resentimiento social.

-Un joven y sometido Fiódor Dostoievski observó impotente como un grupo de enardecidos mújiks linchaban a su padre, en represalia por el castigo desmedido que éste le había propinado a uno de sus siervos (el castigo más común era el de los azotes). Se dice que esta experiencia traumática tuvo mucho que ver en el desarrollo de su enfermedad, la epilepsia.

-Durante su desordenada juventud Tolstói apostó a varios de sus mejores siervos en una noche de juerga perdiéndolos para siempre. Tiempo después un viejo amigo le recordó aquel incidente y el escritor sintió un gran remordimiento, entrando en una de esas crisis espirituales que le inspiraron tantos y tantos relatos.

Antón Chéjov procedía de una familia de siervos. El año en que nació fue precisamente el año en que se abolió la esclavitud. Podría decirse que Chéjov fue el primer “hombre libre” de su estirpe, pero esto no significó que no tuviera que luchar contra de la pobreza. Sin duda, este gran maestro del relato corto, nos puede ofrecer un punto de vista diferente sobre el tema de la esclavitud.

El gran trauma histórico de la Rusia antigua, es el tema de los “siervos”.

Guillermo Castro. Blogger.

Continúe leyendo “Antes de leer literatura rusa (segunda parte)”.

Antes De Leer… Literatura Rusa (Segunda Parte).

Ahora veamos a los principales autores:

(Para consultar los antecedentes y otras características de la literatura rusa, ver “Antes de leer literatura rusa, primera parte”).

Pushkin: el poeta mártir.

NarracionespushkinAleksandr Pushkin es el padre de la literatura rusa moderna. Su obra se ubica todavía en la época del romanticismo y quizás por ello es que mucha de su narrativa está escrita en verso. Se le considera el Byron ruso por su talento lírico y su apasionamiento poético, cualidades le valieron para convertirse en una celebridad extremadamente popular, tal como una estrella pop de nuestros días. Por si fuera poco, Pushkin representa una inspiración para la mayoría de los escritores rusos posteriores.

Este escritor murió muy joven en circunstancias tan dramáticas como las de sus historias: Pushkin fue abatido con arma de fuego en un duelo de honor, y se cree que su adversario hizo trampa manipulando previamente el arma del poeta. Este trágico final no hizo más que acrecentar su leyenda. Sus obras más conocidas son el poema épico “Eugenio Oneguin,”, la novela “La hija del capitán” y los cuentos de “Relatos de Belkin“. Empero, la mejor opción para acercarse a la narrativa de este gran autor es evitar comprar sus obras por separado y en su lugar ir por el volumen de “Relatos completos” (Debolsillo) o “Narrativa completa” (Alba).

Lérmontov: otro héroe de su tiempo.

UnheroedenuestrotiempoMijaíl Lérmontov llenó con éxito el hueco dejado por Aleksandr Pushkin, pues demostró ser otro poeta de gran sensibilidad siguiendo los pasos de su antecesor (de hecho, su poema “La muerte del poeta” denunciaba la maquinación perpetrada en el duelo de Pushkin), y como si fuese una broma del destino, Lérmontov también perdería la vida en un duelo por cuestiones de honor. Además de habernos legado una nutrida producción poética, Lérmontov dejó una excelente novela “El héroe de nuestro tiempo”, que puede encontrase en las editoriales Akal, Nórdica y Alba (la edición de esta última viene adicionada con una nutrida selección de sus poemas).

Gógol, el loco más cuerdo:

HistoriasdeSanPetersburgoNikolaí Gógol podría contender para el cuentista más brillante de Rusia, pues fue capaz de retratar el alma del pueblo en todo su folclor y costumbres. Para ello se valió de brillantes personajes y de historias originales, inteligentes y entretenidas. La aparición de este escritor significa el fin del periodo romántico y el inicio del realismo. Existen tres colecciones de relatos firmados por Gógol: “Historias de San Petersburgo“, “Las veladas de Dikanka” y “Relatos de Mirgorod” (que incluye la novela corta “Taras Bulba“) y los tres pueden encontrarse tanto en editoriales de prestigio como en editoriales económicas.

El escritor llegó a su cenit con la quijotesca, y bizarra novela “Almas muertas”, y con ella da fin a su carrera, ya que influenciado por un ministro religioso decide dedicar su vida a Dios. A partir de entonces, el escritor pierde la cordura y destruye todos sus escritos (entre ellos la segunda parte de “Almas muertas”). Después de este incidente Gógol no volverá a ser el mismo y morirá ajeno a su grandeza como escritor.

Tolstói, la conciencia de la madre Rusia:

annakaréninaTras la derrota Rusa en Crimea, los temas literarios dejaron de ser épicos y románticos para dar paso al realismo crudo y aleccionador. La Rusia oprimida por el zar necesitaba de un guía; una figura que los ubicara moral y espiritualmente. El aristócrata e influyente conde Lev Nikolaevich Tolstói, redimido de una juventud desordenada, vestido humildemente y luciendo una enorme barba, ocupó ese lugar. La profundidad y certeza de los mensajes de sus novelas le dieron una gigantesca credibilidad como guía moral del pueblo ruso. En el imaginario colectivo, el escritor era como una especie de santo, al grado de que algunos de sus lectores fundaron un culto religioso basado en las ideas extraídas de sus libros (!)

Esto se debió a que Tolstói expuso una de las miradas más objetivas y sensatas que hay sobre el cristianismo. Por oto lado, a este autor se le considera (junto con el norteamericano Henry David Thoreau) precursor de los ideales de resistencia pacífica y desobediencia civil. A su manera no violenta, nuestro escritor enfrentó a los poderes establecidos, lo que le costó ser censurado por los zares y excomulgado de la iglesia ortodoxa. A pesar de todo lo dicho anteriormente, el lector debe saber que sus libros no tratan exclusivamente sobre temas espirituales, sino por el contrario, pueden ocuparse de temas tan humanos y controversiales como la enfermedad (La muerte de Ivan Ilich), el homicidio (La Sonata a Kreutzer) y el adulterio (Anna Karénina).

Según Vladimir Nabokov, Tolstói es el más grande de los escritores rusos pues su perfección literaria es difícil de igualar (Tan sólo la enorme novela “Guerra y paz” contiene 550 personajes, todos bien definidos en su psicología personal; toda una hazaña). Por su parte, “Anna Karénina” es una de las novelas más leídas de todos los tiempos. Además escribió una enorme cantidad de cuentos y novelas cortas entre los que destacan: Cuánta tierra necesita un hombre, El padre Sergio, Hadji Murat, Tres muertes, El sitio de Sebastopol y muchos más.

La mayoría de su vasta obra puede encontrarse en opciones económicas, pero hemos de darle preferencia a las editoriales de prestigio, con traducciones actualizadas, textos introductorios y notas a pie de página, tal como la reconocida y premiada edición de Víctor Gallego para “Anna Karénina” publicada por Alba Editorial.

Dostoievski el neurótico genial:

elidiotaFiódor Dostoievski no era rico como Tolstói, y tenía que ganarse la vida con sus obras. Sin embargo, contra todas sus dificultades logró constituirse como el escritor más innovador de su país, proponiendo nuevas estructuras y recursos a la novela tradicional. Además, hoy en día sigue siendo un escritor ejemplar en cuanto dotaba a sus personajes de una sorprendente psicología, contundente, veraz y profunda.

Dostoievski padeció una enfermedad terrible, la epilepsia. Además era ludópata y durante su vida sufrió experiencias traumáticas (por ejemplo, ver que su padre era linchado por un grupo de enardecidos y vengativos campesinos). Por si fuera poco, sufrió la represión del régimen al ser acusado de conspiración cuando sólo participaba en la lectura de un libro prohibido. En su libro “Momentos estelares de la humanidad” Stefan Zweig cuenta mejor que nadie la anécdota más dramática en la vida del escritor, cuando siendo condenado a pena de muerte es conducido hasta el paredón de fusilamiento. En el último minuto, estando ya frente a un pelotón instruido con órdenes de disparo, llegó la orden de suspender la ejecución. Dostoievski vivió experiencias verdaderamente extremas.

El principal aporte de su literatura fue la profundidad prodigiosa con la que describió la psicología humana; sus personajes pueden ser hombres neuróticos, jóvenes con escaso amor propio, mujeres resignadas a la peor suerte, pobres diablos capaces de humillarse hasta lo patético; o bien verdaderos ángeles (como Sonia de Crimen y castigo o Alexéi de Los hermanos Karamázov). Sus mejores obras tal vez sean las novelas (además de las ya mencionadas “El idiota”, “Humillados y ofendidos” y “Memorias del subsuelo”, disponibles en casi todas las editoriales) Sin embargo, no podemos desechar sus brillantes cuentos.

Virginia Woolf afirmó que (exceptuando a Shakespeare) no existen lecturas más emocionantes que las de este genial escritor. Para Nietzsche, Dostoievski es “el único psicólogo del cual se puede aprender algo”. Sus obras literarias se sufren y se gozan al mismo tiempo porque nos confrontan con lo mejor y lo peor del corazón de los seres humanos, ya que el autor conocía todas esas honduras dentro de su propio ser.

Turgueniev, rebelde en el exilio.

padresehijosIvan Turgueniev fue como Tolstói, un escritor aristócrata consciente de las injusticias e incongruencias de su patria. Huérfano desde niño, quedó al cuidado de una abuela autoritaria e insensible, reflejo de una patria endurecida. Al hacerse mayor y darse cuenta de las atrocidades derivadas del sistema esclavista, opta por permanecer en el extranjero; a veces por gusto, a veces por causa del destierro y la censura.

Es por ello es que Turguéniev desarrolla un estilo literario más occidental, con mucha influencia francesa e inglesa. Cuando surgió el conflicto occidentalistas vs. eslavófilos, nuestro novelista fue uno de los principales impulsores de la apertura hacia occidente. Sin embargo, poco pudo lograr contra el férreo nacionalismo de sus compatriotas. Sus obras mas recomendadas son la novela “Padres e hijos” y el libro de relatos “Memorias de un cazador”. La primer obra mencionada es tan popular que puede encontrarse en todos lados, el resto de sus libros sólo estarán disponibles en editoriales de prestigio.

Chéjov el siervo de la buena literatura:

cuentoschejovEl origen de Antón Chéjov es mucho más humilde, pues Procedía de una familia de siervos justo en la época en que se abolió la esclavitud. Al decidir luchar contra la pobreza y ser un hombre de conocimiento, el jóven Chéjov se recibirá de doctor y mientras ejerce esta profesión, explotará su gran talento para escribir relatos, publicándolos con gran éxito en los periódicos de la época. Rápidamente se convertirá en un excelente dramaturgo y en el indiscutible maestro del relato corto. Hoy en día es reconocido por propios y extraños y su obra continúa ganando aprecio y validez universal.

Chéjov pertenece a la época final del siglo XIX cuando la industrialización daba paso a un nuevo sector social, la pequeña burguesía. Por su parte, la burocracia creció innecesariamente sin lograr que la pobreza disminuyera de manera significativa. De modo que, los personajes chejovianos no son los nobles ni los aristócratas, sino los funcionarios menores, los doctores de pueblo, y los comerciantes en ciernes; es decir, la nueva clase media con su novedoso punto de vista de la Rusia zarista a punto de expirar. La temática de sus cuentos es triste y humorística al mismo tiempo, pues su manera de transmitir las ideas es diferente a la del espiritual Tolstoi; Chéjov laico y hombre de ciencia, alecciona por medio del humor y la compasión.

Existen varios traductores que recientemente han hecho interesantes compilaciones de su abundante obra cuentística: Ricardo San Vicente (Alianza), Paul Viejo (Páginas de espuma) y Victor Gallego (Alba). También está la edición en español del famoso escritor norteamericano Richard Ford publicada por Debolsillo. Imposible dejar de mencionar las excelentes compilaciones de novelas cortas, entre las que destacan las ediciones de Alba Editorial y (si usted vive en México) la de Universidad Veracruzana, ambas con las traducciones del galardonado Victor Gallego.

Gorki: la madre de los vagabundos.

lamadreEl desgaste del régimen zarista, la pobreza y la llegada tardía de las ideas de la ilustración, provocarán en Rusia una época de turbulencias y cambio social, que inicia a finales del siglo XIX y culmina en la segunda década el siglo XX. Máksim (Máximo) Gorki fue el principal escritor de esta época pre-revolucionaria (lo que no significa que todas sus novelas, dramas y relatos tratasen necesariamente de la problemática social). Como dato biográfico interesante, este autor decidió adoptar la vida errante, viviendo como vagabundo buena parte de su vida y dejando constancia escrita de sus experiencias.

Una vez que la revolución soviética llegó al poder, Gorki se convirtió en el escritor favorecido por el nuevo régimen, sin embargo, poco a poco fue resultando incómodo, al grado de que su sorpresiva y sospechosa muerte sigue siendo un misterio por resolver. Sus obras más conocidas son la extensa y popular novela “La madre” (Destaca la edición de Bela Martinova para Editorial Cátedra), además de “Días de infancia”, “Los vagabundos” y el drama “Los bajos fondos”, disponibles únicamente en editoriales de prestigio.

Otros autores:

Aquellos lectores ya convencidos que busquen más material literario de alta calidad pueden intentar con autores como Nikolái Leskov, autor de la novela “La pulga de acero” (Impedimenta) y el relato “Lady Macbeth de Minsk” (Akal); así como a Iván Goncharov autor de la famosa novela “Oblomov” (Alba), libro que presenta al pintoresco y perezoso personaje principal, que servirá de inspiración para otras célebres figuras literarias de ficción.

Cómo y por dónde empezar:

paisajecaprichosoSostengo que lo más recomendable es empezar por lo más sencillo. (Evidentemente tendremos más éxito si a un adolescente le recomendamos la lectura de El principito, antes que obligarlo a leer El quijote). En ese sentido sería un grave error empezar con “Guerra y Paz”, novela vital pero extensísima (con alrededor de mil trescientas páginas, según la edición), recomendada sólo para lectores avanzados y pacientes. cambien conviene evitar iniciar con “Los demonios” de Dostoievski, por su fuerte componente político y con “Nido de Hidalgos” de Iván Turguéniev por sus constantes disgresiones.

En su lugar, podemos abordar piezas más sencillas pero de gran calidad literaria, como las selecciones de cuentos de Tolstói, y Gógol. Además existen excelentes compilaciones de cuentos rusos; por ejemplo el de Fondo de Cultura Económica (Edición de Selma Ancira) y el de Alba Editorial, ambos altamente recomendables. Si forzosamente hemos de sugerir una novela, entonces propondría “El jugador” de Dostoievski, para después ir avanzando con grandes clásicos como “Padres e hijos”, “Crimen y castigo”, “Los vagabundos”, “Almas muertas” etc… Feliz lectura.

Guillermo Castro. Blogger.

Entrevista Con Jane Austen

Un ejercicio de “imaginación periodística” por: Guillermo Castro.


Vaya que me saqué la lotería; mira que tener la oportunidad de entrevistar a Jane Austen… Yo, un bloguero más sin nada en especial que me distinga. Algo bueno debí haber hecho en mis vidas pasadas (porque en esta no recuerdo nada digno que mencionar). ¿Cómo pude lograr ese privilegio? Pues no hice nada, excepto imaginar… imaginar que puedo acceder a su mundo, al hogar en donde orgullosa la encontraría sentada con sus abundantes ropajes, su cofia, y apoyando sus prodigiosas manos en uno de sus libros; las mismas manos que escribieron tantas historias inolvidables.

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En mi fantasía, me han recibido en la histórica casona de Chawton y la puerta hace un chirrido espantoso. Un sorprendido criado me anuncia con la ceremonia y la cortesía acostumbradas, a las que respondo tímido y torpe. Pienso cuán ajenos me resultan estos modales; de modo que, para no desentonar me limito a callar, tomar asiento y esperar a que la escritora llegue, para sin más preámbulo empezar con mis preguntas…

Antes que nada, ¿A usted le place que le digan señora? En el lugar de dónde yo vengo las damas odian esa palabra.

Oh, por supuesto que sí. El termino “señor” y su contraparte femenino “señora” demuestran el respeto que debe gozar toda persona (a menos de que su comportamiento inmaduro o inapropiado les excluyera de ser merecedores de tal mimo).  La palabra es hermosa, casi como un título ¡Amo que me digan señora! Además, usted recordará, cuando dejé de vivir en este mundo, estaba entrando en “esa edad” en la que las damas necesitamos un reconocimiento extra; la lisonja cariñosa que extrañamos de cuando éramos unas chiquillas.

Lo común es que esas señoras obtengan el halago por medio de la maternidad ¿Le hubiera gustado ser madre?

Absolutamente. En el lugar de donde usted viene me han retratado como una mujer más “liberal” (ese es el término que ustedes utilizan ¿cierto?) de lo que fui en realidad. También me han llamado “feminista” y no estoy segura de haberlo sido, en el sentido que ustedes ahora entienden.

Lo único que hice fue contar historias de mujeres jóvenes, aspirantes a damas respetables. Para ello tuve que plantear lo que entiendo como un “aprendizaje de vida” y mis heroínas hacen el resto; se muestran lo suficientemente audaces e inteligentes para lograr mejorar su suerte.

Para terminar de contestar su pregunta, diría que sí; ser madre hubiera sido una muy agradable experiencia (aunque por mi profesión, nunca estuve obsesionada con ello), pero estoy segura de que habría sido muy gratificante.

Hablando de retratos ¿Cree que le hacen justicia las pinturas que a posteriori de usted se hicieron? Mi humilde opinión es que no lograron el parecido. Después de tener la gran fortuna de conocerla, me parece que usted es más bonita que la imagen plasmada en cualquiera de sus retratos.

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Me halaga, caballero. A eso me refería cuando le hablé de las damas de “cierta edad”. Nos encantan esas consideraciones… La historia de mis retratos todos la conocen y no es un asunto que tenga demasiada relevancia, pero se la confirmaré: Por alguna razón la única imagen que se conservó fue un dibujo realizado por mi querida hermana Cassandra. Naturalmente, ella no era una gran pintora ni mucho menos. Además, el retrato en cuestión ni siquiera puede considerarse un dibujo bien terminado, sino apenas un bosquejo; el cual para mi desgracia sirvió como único modelo para todos esos retratos. Como usted ya lo ha confirmado, ninguna de las pinturas logró el parecido. Aún así, me gusta que los lectores tengan una imagen que me represente.

No es mi intención hacer una entrevista incómoda. Solamente profundizaré en algunos temas que se vayan abordando. Usted mencionó algo sobre el feminismo y dice no estar segura de haber sido una “feminista”. ¿Porqué lo duda?

Sepa usted mi estimado señor, que no le temo a las entrevistas incómodas, pues no tengo nada que perder; y menos con usted, pues no pertenezco ni a su mundo ni a su época (dicho esto con el mayor de mis respetos)…

No me considero “feminista” en los términos que ahora se manejan. Sin embargo, mis novelas se propusieron poner a la mujer en un lugar más decoroso del que en mi época se nos concedía. Quise recordar sutilmente que valía la pena invertir en la educación de las chicas; una educación que fuese más allá de los buenos modales, las clases de cocina y el piano. Quise despertar en ellas el sentimiento de valía para que confiasen en su inteligencia y desarrollasen una sagacidad más docta que la simple intuición. Espero haberlo logrado.

Todas las Elizabeth Bennett* corren el riesgo de convertirse en Lady Catherine de Bourgh* al envejecer? (*Personajes de la novela “Orgullo y prejuicio”).

Caballero, me ha hecho sonreír… Sin duda, la edad contribuye a la pesadumbre femenina. De ahí que sea tan importante el desarrollo integral de la persona (hombre o mujer) evitando dedicarse por completo a la parte superficial de la existencia. La aflicción de envejecer no podrá derrotar al espíritu femenino si es que la mente de la mujer esta bien cultivada y el corazón rebosante de buenos sentimientos. Tome en cuenta lo siguiente: Lady Catherine no es tan mala, lo que sucede es que su título la ciega: su posición social no le permite ver que el comportamiento impertinente no es exclusivo de personas sin educación. Ella es muy grosera porque piensa que “tiene derecho” a serlo.

Hablemos más de sus novelas… Los críticos las han calificado de costumbristas, románticas y satíricas, entre otros calificativos ¿Cómo le gusta que sean consideradas sus obras literarias? 

Si costumbrismo significa que supe reproducir con fidelidad a la sociedad de mi época, entonces no tengo inconveniente en que así se les considere. Tampoco niego que en mis libros hay bastante sátira y estoy orgullosa de ello.

La asociación con el romanticismo no me gusta tanto, pues no viví integrada al movimiento literario de mi época. Por supuesto leí muchos libros (no tantos como hubiese querido) pero la realidad es que no conocí a demasiados escritores ni me integré a ningún movimiento. Sólo fui una joven gentry que escribía sus propias historias encerrada en su estudio y esa independencia se vio reflejada para bien o para mal en mis escritos.

Dicen que inventé un nuevo tipo de novela, pero no me considero merecedora de tanto reconocimiento. Es una fortuna que mis obras hayan trascendido mucho más de lo que yo hubiese imaginado. Aunque le confieso caballero, a veces me gusta hojear mis propios libros y pasar un buen rato con todo lo que escribí.

Usted vivió en el periodo de las guerras Napoleónicas. Además iniciaba la revolución industrial y se abolía definitivamente la esclavitud. ¿Porqué sus obras no hablan de ello?

Si usted hubiera vivido en esa época convulsa, no dudaría un segundo en darme la razón. Todos los caballeros que llegaban de la ciudad hablaban de Napoleón Bonaparte. ¡Era el tema de todos los días! No valía la pena insistir en ello, por lo que me propuse evitar a toda costa las referencias a la situación política, para centrarme en las personas, sus costumbres y su mundo interior. Mis novelas pretendían sensibilizar al lector en otro sentido. No quise propiciar más polémicas que distrajeran mi verdadero propósito.

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Usted también evitó firmar sus libros con su nombre de pila, pero a diferencia de escritoras posteriores como George Sand y George Eliot, sus seudónimos nunca negaron que quién escribía era una mujer.

En efecto, así fue. No hace falta explicar el porqué, pues mis historias hablan por sí mismas.

Al principio, el anonimato se debió a que el género novelístico todavía no era una forma de literatura aceptada por los círculos conservadores, y mis parientes estaban temerosos de que mis historias provocaran un escándalo. Después ellos mismos estaban tan orgullosos que cayeron en la indiscreción, de modo que un segmento más amplio de la gente llegó a conocerme.

Debemos recordar que las primeras ediciones de mis libros fueron tan modestas que el nombre del autor importaba muy poco, por lo que seguí siendo una escritora más o menos anónima hasta el día en que me sorprendió la muerte. Tenga en cuenta que no soy precursora de nada; antes de mi estuvo Mary Wollstonecraft, Fanny Burney y junto a mi, Ann Radcliffe. Sobre las estupendas escritoras que usted menciona, quizás utilizaron identidades masculinas porque tenían muchas mayores ambiciones que yo. Habrá que preguntarle a ellas.

¿Es cierto que usted no deseaba dedicar su novela “Emma” al príncipe regente?

Es verdad. El príncipe supo que yo había escrito “Orgullo y prejuicio” porque en cierta ocasión un medico real atendió el malestar de mi hermano Henry y éste le reveló mi identidad. Sin embargo, yo no era simpatizante de su alteza. Al final tuve que ceder, pues hubiera provocado un escándalo al cual no tenía ningún derecho.

Mucha gente cree que mis novelas exaltan a la aristocracia y las costumbres de la “gente bien” y esa idea está muy alejada de la realidad. Mientras más cómoda se encuentra una persona, más difícil le resulta captar la sátira y la ironía.

Tal vez este comentario le sorprenda: en su época se vive con demasiadas comodidades y demasiada frivolidad.

No me sorprende que lo note, pero pensé que le molestaría más la descortesía…

La falsa familiaridad con la que ahora se tratan las personas también es un aspecto negativo. ¿Cómo es posible que se “tuteen” y abran las puertas de su intimidad tan sólo por estar “conectados” en inútiles redes de supuesta amistad? ¿Qué significa hoy en día ser “amigo” de alguien? ¿Tener el derecho de ver semanalmente una imagen diferente de su persona y leer frases insustanciales sobre sus alardes y sus traumas? Comprenderá caballero, que esos “valores” son para mi inaceptables… Supongo que es un signo de los tiempos e importa muy poco lo que pueda opinar al respecto.

Me quedan claros sus conceptos. Si me lo permite, volveré a mis preguntas previamente formuladas. La siguiente es inevitable: ¿Cuál de sus obras considera como su favorita?

Me lo han preguntado tantas veces y la verdad es que no lo sé. Tanto “Sentido y sensibilidad” como “Orgullo y prejuicio” fueron mis libros más exitosos y me proporcionaron la confianza necesaria para saber que podía escribir correctamente, por eso los amo. Sin embargo, considero que mis novelas posteriores como “Emma”, son mis obras de madurez, así que no podemos descartarlas.

janephotoHablando de sus obras posteriores; tengo una especial predilección por “Persuasión”. Me agrada la construcción psicológica de la protagonista; por su temperamento moderado y la riqueza inagotable de su mundo interior.

Le agradezco esa observación tan generosa.

Además, los lectores de mi época opinan que “La abadía de Northanger” es un libro muy placentero.

Así es, en especial para quienes hayan leído novelas góticas y entiendan la relación.

¿Y qué puede decirme de “Mansfield Park”?

Todos los escritores tenemos una obra incomprendida; “Mansfield…” es la novela que hubiese deseado que fuera más exitosa, tanto como “Emma”. No obstante, los lectores de mi tiempo no me concedieron esa satisfacción. Creo que en la actualidad se le ha dado el lugar que merecía, pues he notado que se le reedita a la par de mis libros más conocidos… Vera usted que hablo de este tema con cierta renuencia porque no me parece adecuado que yo misma hable del valor de mis obras. Los críticos han sido demasiado benévolos conmigo, por lo que me considero muy afortunada.

Nos faltaría comentar “Lady Susan”, “Los Watson”,  “Amor y Amistad” y “Sandition”; sus obras cortas e inacabadas…

janeaustenportrait1870No hay mucho que decir… Sólo debo aclarar con cierto pudor algunos puntos relativos a esas obras: Lo que ustedes conocen como “Amor y amistad” es una selección de relatos escritos cuando apenas era una adolescente jugando a ser escritora. “Lady Susan” es un intento más formal y quizás cabría ser mencionada. “The Watsons” es una obra que abandoné por una de esas tan frecuentes crisis de inspiración que sufrimos los escritores. En cambio, tenía muchas ilusiones con “Sandition” pero no se me concedió el tiempo necesario para concluirla. Me sorprende que haya tanto interés por esas obras menores e inacabadas… Fin del tema.

Es usted muy modesta ¿Le apetece hablar sobre arte? Por ejemplo, sobre las danzas tan refinadas, pausadas (y hasta cierto punto rígidas) que se bailaban en La regencia. ¿Le hubiera gustado que la sociedad de su tiempo fuera más espontánea y más libre? ¿Qué opina de la rebeldía?

Me hace muchas preguntas de un solo golpe… Por supuesto que sí, me hubiera gustado  mayor espontaneidad.

Esos bailes reflejan nuestra forma de ser; éramos personas educadas y rígidas en extremo, casi incapaces de expresar espontaneidad. Sin embargo, usted notará que ese tipo de orden nos era completamente funcional, pues dotaba de un valor que resulta fundamental en cualquier sociedad de cualquier época: el respeto.

Por otro lado, la rebeldía es un mal necesario o más bien, una cualidad engañosa, pues gracias a ella notamos las fallas y las carencias de nuestros acuerdos comunitarios y de nuestra moral agarrotada. ¡Yo misma fui rebelde al empeñarme en ser escritora! No obstante, uno de los mensajes que se desprenden de mis novelas, es que se puede ser audaz y romper las ataduras de las convenciones sociales sin necesariamente causar un enfrentamiento directo con la norma. Generalmente mis personajes persistieron y lograron sus objetivos sin hacer rabietas y sin perder la clase.

Estoy de acuerdo… Espero no le incomode si hablamos de la hermosa frase que escribieron en su epitafio: “Abrió la boca con sabiduría y en su lengua reside la ley de la bondad”. 

Me hace sentir como una santa; como si mi vida la hubiese dedicado a la conversión de las almas. Estoy segura de que es una frase elocuente y generosa, cosa que agradezco; pero me parece que no refleja con exactitud lo que fue mi existencia. Si acaso hice algo bueno en la vida, fue proporcionar un poco de alegría a los corazones de mis lectores. No fui sabia ni bondadosa, tan sólo una artista con una idea clara de lo que quería expresar.

El criado interviene y nos comunica que mi tiempo ha terminado. Agradezco la amabilidad e intento despedirme ceremoniosamente, pero antes de que lo haga la señora y la casona se han desvanecido… He aprendido mucho de mi encuentro con la novelista y ahora guardo una imagen suya más íntima y más humana. ¿A quién podría visitar ahora? ¿Al hiperactivo Balzac, al ascético Tólstoi o a las misteriosas hermanas Brontë?

Literatura Clásica ¿Por Dónde Empezar?

Este artículo está dirigido a una nueva generación de lectores de libros clásicos: aquellas personas que se sienten deseosas de entrar al mundo de la literatura y que buscan libros con un mayor soporte cultural y artístico que el que pudieran proporcionar los libros contemporáneos. Aquellos lectores que desean sumergirse en las aguas de la mejor literatura; la que sobrevivió al paso del tiempo y que no estuvo sujeta a las dinámicas del mundo actual; un mundo cada vez más dominado por las leyes del mercado.

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Todos sabemos que leer literatura es algo útil. Hasta la persona con el pensamiento más materialista y práctico le resultaría provechoso aprender algo sobre las tantas maneras en que se expresa la naturaleza humana; con mayor razón para una persona de inclinaciones sensibles, artísticas o humanistas. También sabemos que los libros clásicos representan lo más selecto, lo mejor en la producción literaria del mundo occidental. Siguiendo esa pauta usted no puede equivocarse.

Después de cuatro años de leer y comentar este tipo de libros, me gustaría intentar trazar un plan sobre cómo iniciarse con la literatura clásica. Para ello me basaré en mi propia experiencia como lector (novelas y cuentos del S. XIX y XX), así como en la de mis compañeros blogueros, coleccionistas, lectores e internautas. Así pues, la cuestión es ¿Cómo empezar? ¿Con cuáles libros? ¿Con cuáles autores?


Primero: Encuentre una motivación noble.

Leer es un placer, pero como todas las actividades humanas, requiere de tiempo y de esfuerzo. Por tanto, usted necesitará un motivo que lo empuje a dar lo mejor de sí y persistir en sus metas como lector.

Si usted ya es lector de otro tipo de libros, haga memoria y pregúntese ¿Porqué empezó a leer? Seguramente encontrará que su afición comenzó gracias a un propósito, una convicción elevada, una causa común o quizás como consecuencia de una experiencia amarga que le hizo reaccionar y buscar en los libros una manera de responder a su situación adversa.

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Con los libros clásicos usted puede empezar de la misma manera. La literatura es muy rica en respuestas a todo tipo de dilemas humanos, y es muy probable que desde el primer libro que lea encuentre al menos una idea trascendente que le impulse a continuar leyendo. Por otro lado, la narrativa (novelas, cuentos, relatos) resulta ideal para enamorarse de la lectura, puesto que es más fácil identificarse con historias, vivencias y experiencias ajenas, que con conceptos abstractos.

Mi motivo personal: Mi padre falleció y su pequeña biblioteca fue dejada en el olvido, presa del polvo y de la humedad. Cuando después de un tiempo quise abrir uno de esos valiosos libros, encontré que las pastas estaban desgastadas y las páginas demasiado obscuras, polvosas y con los bordes rotos. De modo que para honrar la memoria de mi padre me propuse hacer una nueva biblioteca y leer los libros que fuera agregando.


No pierda tiempo, elija leer libros que ya probaron ser grandiosos.

Si usted elije “clásicos” está asegurándose de que todos los libros que lea, le serán de provecho. Por supuesto usted también puede escoger leer los bestsellers del momento, literatura juvenil o libros de autoayuda, y eso estará bien. Sin embargo, en esos terrenos se corre el riesgo de caer en manos de autores más preocupados por ofrecer una satisfacción inmediata y banal que responda al interés comercial por sobre lo artístico y lo humano. Por supuesto, de entre los escritores exitosos de la actualidad habrá algunos que dentro de un tiempo lleguen a considerarse “clásicos”.

De cualquier manera, existe algo mucho peor que leer las novelas juveniles de moda o malos libros de superación personal; leer libros panfletarios repletos de propaganda política, religiosa o histórica.

A mi humilde manera de ver, esos libros propagandísticos e injuriosos, empecinados en “alinear y alienar” a sus lectores, son la peor manera de desperdiciar su valioso tiempo de lectura… Leer siempre es bueno, pero no todo lo que leerá será tan provechoso.


Deshágase de sus temores hacia lo “antiguo”.

Siguiendo con la experiencia personal, al principio pensé que sería difícil que me identificara con los libros antiguos; me decía que si las historias no trataban sobre automóviles, computadoras y teléfonos celulares, entonces me iba a aburrir. Con el tiempo comprobé que muchos de los conflictos y las virtudes de la condición humana son exactamente los mismos sin importar la época. Además, es bien sabido que conocer el pasado nos prepara de manera efectiva para afrontar el presente. Al final, no encontré ninguna razón por la cual no pudiera disfrutar de las historias del pasado. Los libros clásicos me convencieron por completo.

Piense en la problemática del mundo contemporáneo con sus redes sociales, su deshumanización y su supuesto avance tecnológico; quizás podamos llegar a la conclusión de que no hay escritor que describa mejor al mundo actual que Franz Kafka (muerto en 1924) y no hay libro más actual que “1984″ de George Orwell (Obra publicada en 1949). Como verá, no se trata de poner la atención en lo más nuevo, sino en lo que hasta ahora no ha podido superarse.

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Muy bien, ya sé que quiero leer libros de narrativa clásica ¿Ahora que sigue?

Bien, grabe en su mente esta frase: Usted no debe comerse el pastel de un solo bocado, sus primeras rebanadas deben ser ligeras.

Muchas veces caemos en el error de iniciar nuestra travesía en el mundo de los libros lidiando con novelas como “Cien años de soledad”, “Rayuela” , “Los Hermanos Karamazov” o “Don Quijote de La Mancha”, libros muy extensos con estructura o estilo muy inusuales, y además con tramas y contenidos descomunalmente ricos. Con ingenuidad pretendemos iniciarnos con esas novelas porque son los títulos que “más suenan”. Además, son los únicos que conocemos y los que se encuentran más fácilmente en las librerías.

Sin embargo, tales libros requieren de la experiencia lectora que apenas estaríamos tratando de construir. Lo mejor sería posponer esas lecturas para cuando tengamos una mayor sensibilidad literaria y seamos capaces de apreciar los detalles técnicos de los libros, como el género, la estructura y el tipo de narrador. Muchos lectores nuevos hemos naufragado lastimosamente intentando leer novelas como “La montaña mágica”, “En busca del tiempo perdido” o “Guerra y paz”, para luego despotricar contra la literatura clásica afirmando que es “lenta, aburrida, complicada e imposible de leer”.

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Todo buen general sabe escoger sus batallas. Como lectores no expertos, nos conviene empezar con obras más sencillas, tanto en contenido como en extensión; libros que sean capaces de entregar una satisfacción completa sin demandar tanto esfuerzo intelectual de inicio. Recuerde que es más importante su desarrollo como lector que su vanidad esnobista; usted aún no podrá presumir de haber leído las seiscientas páginas de “Cien años de soledad”, pero habrá afianzado sus bases literarias con haber interpretado correctamente las cien páginas de “El coronel no tiene quien le escriba”.


Por el momento, no participe en “retos” ni en clubes de lectura.

Sé que muchos me cuestionarán este punto, pero lo considero primordial. Si usted es todavía un lector principiante con este tipo de libros ¿porqué ha de leer los mismos libros de alguien que va mas adelantado (o atrasado) en su proceso?

Los clubes de lectura generalmente tienen buen tino para escoger libros, sin embargo olvidan un asunto fundamental: la lectura es un placer no una obligación y cada quién debe escoger sus propios títulos y autores según sus inquietudes y gustos. En este sentido, los “retos” son inútiles, ya que se asumen solamente para “encajar” en un grupo y complacer a otras personas. No es de extrañarse que los lectores deserten y mientan; dicen que han cumplido con el reto, pero en secreto están leyendo un libro diferente; el libro que más les interesa.

Otro inconveniente de este tipo de prácticas grupales es el tiempo; bajo presión es imposible disfrutar de la lectura. Cada persona tiene su propio ritmo de lectura y sus limitantes de tiempo libre. Si dentro de un ‘reto” le han fijado como límite leer un libro de seiscientas páginas en una semana, necesitaría leer aproximadamente ochenta y cinco páginas por día, lo cual resulta excesivo para una persona normal con un trabajo de ocho horas y una familia que atender ¿No es mejor dejar que cada quién lea a su ritmo según sus posibilidades?


No desprecie los cuentos ni los libros de relatos.

Uno de los errores más comunes que cometemos los novatos es ignorar o confundir el propósito de los géneros literarios; creemos que el cuento es una narración dirigida exclusivamente a los niños, mientras que la novela sería una narración para adultos. Por consiguiente, un adulto perdería el tiempo leyendo cuentos y un niño no debería por ningún motivo leer novelas hasta que tenga la edad adecuada. Sé que a estas alturas esto suena estúpido, pero aún hay muchos lectores que lo siguen creyendo.

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Y eso no es todo: Por una razón desconocida para mí, los libros de cuentos y relatos cortos sufren el desprecio de lectores experimentados e incluso avanzados. Quizás este desaire se deba al hecho de que cada cuento requiere de un nuevo planteamiento con nuevos personajes, lo que provocaría pereza en el lector. En efecto, un libro con diez cuentos supondría diez diferentes planteamientos por asimilar. Entonces, resultaría más cómodo leer novelas (como si en las novelas no existiesen las disgresiones, los replanteamientos y las sagas). Mi consejo es leer por igual novelas como libros de cuentos, pues en ambos casos se puede encontrar literatura grandiosa.

Aunque la novela sea el género narrativo más apreciado y popular, los relatos cortos nos ofrecen muchas ventajas de cara a nuestro desarrollo como lectores: los cuentos pueden leerse en un sólo día ofreciéndonos una sensación más frecuente de resolución y conclusión. Además, por sus parámetros más rígidos, los cuentos obligan al autor a “ir al grano”, es decir, ser más conciso y breve, evitando divagar y ser demasiado descriptivo.

Cabe preguntar: si el género cuentístico fuera una categoría inferior ¿en dónde pondríamos a escritores tan importantes como Poe, Kafka, Borges, Cortázar, Carver y Munro que hicieron del cuento su principal vía de expresión? .Aquellas personas que relacionan la palabra “cuento” exclusivamente con la narración infantil, se sorprenderían de leer los cuentos para adultos de Roald Dahl.


Tenga cuidado con las editoriales:

Usted no debe adquirir libros de narrativa clásica sin antes comparar la calidad de las diferentes ediciones. Como sabemos, los escritos de autores antiguos como Dickens y Kafka, son de dominio público, por lo que cualquier editorial (y tome esto en el sentido más estricto y literal: cualquiera) puede publicar sus libros. Muchas pseudo-editoriales, oportunistas y novatas han inundado el mercado latinoamericano con dudosas ediciones de las obras de nuestros escritores favoritos. Lo único que tiene que hacer un aprendiz de editor es echar mano de una obra con derechos de autor expirados y una traducción igualmente expirada.

Como resultado de este oportunismo o esta inexperiencia, ciertas ediciones pueden venir incompletas, con errores de captura, nula corrección de estilo y hasta con errores de puntuación y ortografía. Recomiendo a la hora de adquirir libros clásicos no dejarse llevar por el precio, sino por el prestigio de la casa editorial.

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Autores recomendados para iniciarse:

Jules Verne: Este autor sufría de un control severo por parte de su editor, por lo que prácticamente nunca abordó temas difíciles o controvertidos. Se limitaba a narrar sus increíbles historias de aventuras con el talento desbordante que le caracterizaba. Sus libros resultan ideales para concentrarse en las cualidades literarias sin distraerse con otro tipo de dilemas. Obras recomendadas: Viaje al centro de la tierra y La vuelta al mundo en ochenta días (De momento, evitar Veinte mil leguas de viaje submarino).

Jane Austen: Su lenguaje majestuosamente bello y refinado, así como la cordialidad de sus historias (generalmente rematadas con un final feliz), la colocan como una escritora ideal para iniciarse en la literatura de altos vuelos. Para lograr la experiencia completa, se recomienda leer sus libros en ediciones de prestigio, apoyadas por una buena traducción, revisada por un escritor reconocido o por un filólogo. Obras recomendadas: Orgullo y prejuicio y La abadía de Northanger (De momento, evitar Parque Mansfield).

Robert L. Stevenson: Hacer de la buena literatura un arte sencillo no es nada fácil. Hablar de situaciones apremiantes con personajes complejos, sin perder el ritmo de la prosa y sin perder el interés del lector, es una cualidad bastante rara. No todos los escritores poseen el estilo dinámico, asequible y emocionante de Stevenson. Obras recomendadas: La isla del tesoro y El extraño caso del Dr. Jeckyll y el Señor Hyde.

Mark Twain: Los escritores “avanzados” tienden a ser solemnes y pesimistas, perdiendo una de las cualidades más importantes que toda persona debiera conservar: el buen humor. Twain escribió sobre todo tipo de temas, incluso los más amargos. Sin embargo siempre logró apoyarse en la gracia, la ironía y el sarcasmo. Obras recomendadas: Cuentos selectos y Las aventuras de Huckleberry Finn.


Otras obras indicadas para iniciarse:

“Siddhartha” de Hermann Hesse: Esta es una de esas novelas en las que la prosa aparece desprovista de adornos y artificios llegando directamente al lector. El argumento prevalece sobre el estilo y esto le resta dificultad a la lectura. La narración al estilo de cuento oriental está presente en casi toda la obra.

Matar a un ruiseñor” de Harper Lee: Además de que el lector gozará de una de las mejores novelas del siglo XX, nadará por aguas tranquilas; disfrutando de una sencillez admirable y gran fluidez en la lectura. La escritora finiquita su novela sin dejar cabos sueltos, con un control absoluto del entramado de su historia y del abanico de personajes. No espere más. Lea ya esta obra maestra.

“Cuentos completos” de Oscar Wilde: Cuando de adulto releí cuentos de hadas como “El principe feliz”, “El cumpleaños de la infanta” y “El gigante egoísta” entendí lo que realmente significaba la literatura; encontrar motivos para conmoverse en un mundo repleto de ignorancia e insensatez. El fino, agudo y decadente humor del escritor, así como su extraordinaria capacidad para enternecer, hacen de sus cuentos un ejemplo perfecto para encontrarse de golpe con la buena literatura.


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¿Qué pasa sí ya cuento con cierta experiencia y me siento capaz para avanzar?

Cuando usted haya cumplido cabalmente con esta etapa iniciatoria, podrá acceder con mayor autoridad a la lectura de las académicas y esplendorosas novelas decimonónicas; podrá leer “Frankenstein” y otras novelas de escritores románticos; podrá intentar con los escritores rusos (inicie con Chejov y Gorki, finalice con Tolstoi y Dostoievski) y podrá internarse en la literatura francesa de autores como Victor Hugo, Flaubert, Balzac, y Stendhal. Con ello, usted habrá encontrado un gran tesoro de ficción, letras y perfección literaria. (Recuerde empezar con obras ligeras para luego avanzar a las más extensas).

Una vez cumplido el ciclo decimonónico, el siguiente paso será introducirse a la literatura modernista del S. XX. Existen tres autores clave que marcan el cambio entre la literatura del siglo XIX y  XX; Henry James, Joseph Conrad y Marcel Schwob. Si usted puede con estos escritores se encontrará listo para intentar con los experimentos modernistas de las primeras décadas del S. XX. Para ello inicie con la literatura alemana de Hermann Hesse y Thomas Mann, después vaya con la británica (Virginia Woolf, Katherine Mansfield) y finalmente con la francesa (Marcel Proust y Georges Perec).

Luego, pruebe algo de gótico sureño norteamericano (William Faulkner ya no podrá derrotarle tan fácilmente) para finalizar con el tan querido Boom Latinoamericano (Después de este “cursillo” Cortázar y Vargas Llosa serán como un exquisito y fino postre). Así usted llegará al punto de que podrá disfrutar de cualquier tipo de literatura por desafiante que sea.

Pero recuerde: usted debe contener sus impulsos esnobistas. Posponga la lectura de “Ulises” de James Joyce todo el tiempo que le sea posible… Me lo agradecerá.

Como verá, en esta dinámica lectora, el más pretencioso es el que menos aprende y el que menos disfruta. Efectivamente, nuestro aprendizaje tomará tiempo, pero el proceso puede ser muy placentero. Lo importante es que usted vaya formando poco a poco sus bases intelectuales y su criterio literario personal, sin caer en las prisas y los alardes, pues esas contrariedades siempre resultan contraproducentes.

¿Tiene usted alguna otra sugerencia?

El Sacrilegio De Alan Kent (Erskine Caldwell)

Este escritor norteamericano de extraño nombre y escasa fama en mi país, es en realidad uno de los baluartes indiscutibles del gótico sureño, posiblemente el más crudo y descarnado. Sus novelas más citadas (por controvertidas) son “El camino del tabaco” y “La parcela de Dios”, siendo además  reconocido por sus relatos cortos. De esta última producción destaca el relato experimental “El sacrilegio de Alan Kent”, una obra difícil de clasificar, pero (para beneplácito de nosotros los lectores) breve y fácil de leer.

elsacrilegiodealanLas peculiaridades de esta obra son muchas: por su extensión podríamos decir que se trata de un cuento, pero por la estructura diríase que se trata de una novela corta. El texto se divide en tres partes y cada una de ellas se fragmenta en numerosos y diminutos “capítulos” (por así decirlo). A su vez, cada “capítulo” contiene apenas un microrrelato de unos cuantos renglones de extensión. Tan sólo la primera parte puede abarcar treinta y siete episodios, pero estos abarcan sólo quince páginas. Esta estructura tan curiosa implica un estilo minimalista en extremo, como si al narrador le estuvieran arrancando la información a cuentagotas. No obstante, para alguien acostumbrado a novelas extensas cargadas de información, la forma escueta de escribir puede resultar novedosa y refrescante.

Lo deseable sería que estos microrrelatos enlazados fueran capaces de expresar mucho más de lo que las palabras dicen a simple vista y Caldwell logra este objetivo con creces, recurriendo a la metáfora, el símbolo y la poesía. Generalmente leeremos cada episodio dos veces, para poder captar en toda su dimensión lo que el escritor trata de decir y con ello poder saborear la lectura con mayor placer.

De esta manera tan original, Caldwell enumera los sucesos que marcan la vida de un vagabundo. El joven Alan Kent ha perdido su hogar y su sentido de pertenencia, entonces trata de recuperarlos en el rostro de una mujer. Como cabe esperar, la mayoría de sus vivencias son desgracias y frustraciones. Los sentimientos más presentes en la obra son la pérdida y lo inalcanzable; todo esto como alegoría de la época de la gran depresión, cuando tanta gente en el sureste de los Estados Unidos se vió despojada de su tierra, su nivel de vida y su modo de vivir. Cabe mencionar que la novela no habla en absoluto de economía ni política, sino que se limita a describir el mundo sórdido, seco, caluroso, violento y socialmente descompuesto que surge a consecuencia de esta crisis.

Como único detalle negativo, el autor circunda peligrosamente en el tremendismo. La presencia continua de sucesos violentos no ayuda a Caldwell a sacudirse su reputación de escritor descarnado e iracundo. Sin embargo, su gran capacidad expresiva y su habilidad para condensar palabras sin achicar de las ideas, le otorgan notable belleza literaria a la rudeza de sus historias. Este libro es una pequeña muestra de literatura minimalista de excelente nivel, aunque al final, después de tanto incidente, no nos queda claro ¿Cuál es exactamente el sacrilegio que cometió Alan Kent? Buena pregunta.


Valoración: Bueno.
Año de publicación original: 1936.
País: Estados Unidos.
Género: Novela experimental / Microrrelatos.
Extensión: 8o páginas.
Dificultad de lectura: Poca dificultad.
Traducción: Muy buena (Navona)
Temas: Gran depresión económica / Desaraigo / Pobreza.
Autores con obras similares: William Faulkner, Flannery O’Connor.