Antes De Leer A… Carlos Castaneda

Hoy en día, en la era de la posverdad y de lo políticamente correcto, resulta alentador no ver a Carlos Castaneda entre los estandartes ideológicos del momento. En la dinámica cibernética del siglo XXI, resulta más fácil encontrar información sobre su “leyenda negra” que sobre sus méritos literarios. Posiblemente hemos llegado a un punto en el que la oscuridad mediática sea la posición más saludable para todo escritor clásico; un estatus que los aleje de los debates carentes de contenido que se conforman con apelar a las emociones, ignorando por completo el sano ejercicio de la objetividad.

Pero Castaneda no siempre fue un oscuro y vilipendiado escritor. Durante la década de los setenta del siglo pasado sus libros alcanzaron un éxito muy significativo en términos de ventas y aprobación de la crítica especializada. Sin embargo, tal como lo hiciera J. D. Salinger, o Thomas Pynchon, nuestro autor evitó la fama y los reflectores manteniendo los detalles de su vida privada en secreto, incluso llegando al punto de evitar ser entrevistado y fotografiado por los medios comunicación. Y es que Castaneda al igual que Bob Dylan, inventó su propia leyenda, falseando su origen (baste mencionar que hasta el momento, la fecha y lugar de su nacimiento siguen siendo motivo de debate). Por supuesto, este vacío de información acrecienta el mito pero al mismo tiempo da paso a la especulación y toda clase de rumores.

carloscastaneda

¿Quién fue realmente Carlos Castaneda?

Se sabe que era un antropólogo latinoamericano que residía en Los Angeles California y que solía pasar mucho tiempo en México. Es un hecho que empezó a publicar sus libros a partir de 1968 y al menos en lo que respecta a la fecha de su fallecimiento (en el año de 1998) todos parecen estar de acuerdo. Sin embargo, hurgar en busca de más datos biográficos sirve de muy poco pues como suele suceder, mientras más insistamos en desmantelar el mito, más información decepcionante e inexacta vamos a encontrar. En definitiva, formarse una opinión a partir de notas pseudo-periodísticas redactadas por gente que carece de conocimientos de literatura, no nos ayudará en nuestro principal propósito que es leer. Este tipo de acercamiento no es la manera más adecuada de conocer a este escritor. Lo ideal es confrontar la obra del autor y que cada quien forme su criterio según su sensibilidad y su experiencia.

¿De qué tratan los libros de Carlos Castaneda?

En las pocas entrevistas y apariciones públicas que (se dice) concedió en vida, Castaneda habría sostenido que sus libros narran hechos reales; que sus escritos se basaban en “notas de campo” que obedecían a un trabajo de investigación realizado entre 1961 y 1974 cuando elaboraba su tesis universitaria y su posgrado en antropología. La intención inicial era indagar en las costumbres de los indígenas yaquis y los resabios de la cultura tolteca, poniendo énfasis en los fenómenos del chamanismo y las plantas enteógenas. Para lograr su propósito, dijo haber contactado a un viejo chamán mexicano que en sus escritos se identifica como Don Juan Matus. Pues bien, este singular personaje lo habría aceptado como discípulo concediéndole un largo periodo de adiestramiento cuyo fin era convertir al estudiante en un guerrero nagual; en otras palabras, un hombre de conocimiento. Este proceso de aprendizaje supuestamente verídico, quedaría registrado en sus primeros cuatro libros: Las enseñanzas de Don Juan, Una realidad aparte, Viaje a Ixtlán y Relatos de Poder.

El asunto es que estos libros narran sucesos de lo más extravagantes e inverosímiles, que se presumen tienen lugar en un nivel distinto de realidad. Y este espacio de “existencia paralela” no es por entero inducido por las ya mencionadas plantas enteógenas, utilizadas desde tiempos inmemorables por sacerdotes, curanderos y chamanes de muchas regiones del mundo. La verdad es que el peyote y las hierbas psicotrópicas son mencionadas en los dos primeros volúmenes de la tetralogía, pero en los últimos tomos, estos recursos dejan de ser utilizados. En un momento de la historia los personajes prosiguen con sus increíbles enseñanzas utilizando otros medios, y no por ello dejamos de acudir a eventos sorprendentes e inexplicables. Aquí es donde está la verdadera disyuntiva en torno a leer o no a este polémico autor.

Si este material es difícil de creer ¿cómo puedo abordar su lectura?

Ante la imposibilidad de demostrar la veracidad de los hechos narrados (y mucho menos la validez científica de las “investigaciones”) lo que el lector puede hacer es cambiar su postura en torno al autor. Ahora mismo, después de casi medio siglo de que estos libros empezaran a ser publicados, resulta menos complicado valorar a Carlos Castaneda. Muchas veces el tiempo habla por lo que los libros no terminaron de decir. De esta manera el asunto antropológico quedaría descartado para que sus historias sean vistas como trabajos de ficción. Es decir, como una narrativa sabia e imaginativa que describe exitosamente aspectos trascendentes de una cosmogonía extinta. En esta dinámica nuestra propuesta de enfoque sería más mística que científica.

¿Cuál es su mensaje principal?

Abordar la obra de Carlos Castaneda como ficción (es decir como literatura propiamente dicha) nos facilita las cosas, ya que evitamos los debates científicos, la estéril controversia biográfica y las ponzoñosas críticas en torno a su misteriosa personalidad. Esta postura nos permite concentrarnos en lo importante, que es su mensaje: el recordatorio incómodo de que las civilizaciones antiguas entendieron la vida, la tierra y el cosmos mucho mejor que nosotros; así como la provocadora idea de que los llamados chamanes (como Don Juan Matus), eran en realidad personas que desarrollaban un grado superior de sensibilidad. En este punto, lo que los hacía diferentes era el conocimiento de que cada individuo posee su propia percepción de la realidad según los rasgos de su carácter y las doctrinas de su grupo social. Por lo tanto, ese mismo individuo podía pasar por un proceso de “reaprendizaje perceptivo” para valorar la existencia de una forma más amplia, y así lograr lo que una persona promedio jamás soñaría. El mundo indígena devastado por la colonización podría haber albergado el conocimiento que hoy tanto nos hace falta.

Hemos de recordar que esta peculiar epopeya ha tenido mucho mayor eco en el campo de las artes que en el campo de las ciencias (al que Castaneda clamaba su pertenencia). Baste mencionar la gran influencia que tuvo en George Lucas, para crear a los personajes de la primera trilogía fílmica de Star Wars. A fin de cuentas, las enseñanzas de Don Juan Matus serían otra forma de contar lo que el estudioso de los mitos Joseph Campbell llamaba, “el viaje del héroe”, entiéndase por ello la historia arquetípica que se ha contado siempre: desde La odisea, La divina comedia, El hijo pródigo; hasta obras contemporáneas como Huckleberry Finn, Ulises, Matar a un ruiseñor y tantas otras.

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Entonces ¿En dónde podemos categorizar la obra de Castaneda?

Esta saga no puede encasillarse en una sola tendencia. Al describirnos el aprendizaje de una persona hacia un conocimiento desconocido, observa mucho de novela de iniciación. Sin embargo los hechos inverosímiles de la trama nos obligan a considerar la clasificación de literatura fantástica. Por ultimo (y dado que el mensaje no es de índole filosófico, social ni político; sino más bien místico) la tetralogía ofrece el tan esperado acercamiento a una sabiduría recuperada, una mística que de ninguna manera resulta ajena a la de muchas otras civilizaciones antiguas. Mesoamérica no contradice a Egipto, ni al Indostán, ni a las tierras altas, ni a China, ni a Sumeria. El conocimiento espiritual con todo y sus diferentes visiones, es uno solo.

En este blog hemos insistido que un buen lector de literatura no debe interpretar los libros al pie de la letra, mucho menos en un caso tan singular como el que hoy nos ocupa. Con esta postura de considerar ficción la obra de Castaneda, sus libros recobran la congruencia que hoy se le pretende negar. Sus escenas inexplicables denotarían una imaginación desbordada y una inventiva fuera de lo común; recursos envidiables para cualquier autor de literatura fantástica. Si Juan Matus es ficción. entonces Juan Matus es oro puro.

Lo importante para nuestra propuesta de lectura es que el público sepa alejarse de las inútiles controversias de la posverdad. El lector debe ignorar las percepciones del mundo mediático como si fuera el héroe de la saga y estuviese siendo adiestrado por un chamán, para de este modo asimilar un conocimiento ancestral que permanece alojado en un espacio paralelo en el que todo puede suceder.

¿O será que necesitamos vivir nuevamente una revolución contracultural, como la de los años sesenta y setenta del siglo XX, para conceder nuevamente a Carlos Castaneda su justo valor?

Oscar Wilde: De profundis

“Las palabras no significan nada por sí mismas, su importancia radica en quién las dice”. Esta frase de Oscar Wilde pertenece a “De profundis” (Desde las profundidades), la famosa carta que el dramaturgo irlandés escribiera durante su estancia en la cárcel. Esta cita describe con precisión lo que el escrito representa. A decir verdad, su valor sería más histórico que literario de no ser porque la escribió un grande de las letras.

external-content.duckduckgo.comComo todos sabemos, Oscar Wilde fue condenado a pasar dos años de privación de la libertad, a causa de la contrademanda legal presentada por el padre de su amante. De esta manera, su brillante carrera fue interrumpida de golpe, aniquilando su reputación como uno de los personajes literarios más singulares de todos los tiempos. En consecuencia, el escritor, cuya pasión y arrogancia habían sido las características primordiales de su personalidad, sufre una transformación emocional y espiritual, y esta mutación se verá reflejada en la extensa epístola escrita en el año de 1897 y publicada de manera póstuma en 1905.

El sentimiento que se desprende de la lectura de este libro es un tanto penoso, una sensación parecida a la que experimentamos leyendo “Carta al padre” de Franz Kafka. En “De profundis” son evaluados todos los detalles de la relación pasional que llevaría al autor a la ruina moral y económica. No obstante, esta carta ilustra el proceso de revaloración de su pensamiento, yendo desde el despecho, el reproche, la autocompasión y la culpabilidad, para culminar con el replanteamiento total de su vida. Para ello Wilde ejerce una sana autocrítica invocando a la sublimación de sus sufrimientos.

Parafraseando a Juan de la Cruz,  el autor describe “la noche oscura de su alma”. Esto significaría que tras superar un proceso de autodestrucción, logra liberarse de su enorme ego. Y como resultado deja de ser víctima del juicio más severo (no el de la sociedad por más inhumano que éste sea) sino del implacable juicio perpetrado por uno mismo.

Wilde vivía en esa batalla común a todos los seres humanos, y su objetivo es idéntico: derrotar a su vanidad. Una misión que no resulta nada fácil para un “dandi” hedonista y arrogante.

En la traducción que hemos leído, el remitente insiste en términos como “la imaginación” o “el individualismo” y con ello parece referirse al proceso creativo del artista, mismo que no puede lograrse sino de manera meditativa y personal. Y efectivamente, en la soledad de su celda (un lugar en el cual no queda más remedio que vivir en la compañía de uno mismo) es donde ejerce el nuevo desafío: enfrentar a sus demonios internos.

Este libro puede leerse de muchas maneras: primero, como una novela epistolar en la que el protagonista se ve envuelto en una relación desventajosa en donde la contraparte será una persona a la que el autor atribuye toda clase de defectos, pero que paradójicamente continúa aspirando a su amor.

En segundo término “De Profundis” admite una lectura ensayística, pues el lector notará que en la segunda mitad de la epístola, Wilde se desentiende de su problemática personal y desarrolla temas más trascendentes, como su valoración del mensaje de Jesucristo, la función social del artista y sus consideraciones sobre el manejo espiritual del sufrimiento.

Finalmente, habrá quien desee consultar la carta simplemente por el mero interés biográfico (y hasta morboso) por descubrir los detalles personales en la vida del escritor.

Mucha gente llega a este libro simplemente por ver el nombre de Oscar Wilde en la portada. Sin embargo, el lector debe tener claro que la obra capital del autor irlandés se encuentra en su novela “El retrato de Dorian Grey“, en sus cuentos y en sus obras de teatro destacando “La importancia de llamarse Ernesto“. El interés por la carta que hoy comentamos se suscita entre aquellos lectores interesados en la biografía y el lado más espiritual del escritor.


Año de publicación original: 1905.
País: Gran Bretaña.
Género: Epistolar.
Extensión: 250 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: No existen traducciones recientes, pero las ya existentes siguen siendo aceptables.

John Cheever: Relatos (Primera Parte)

John Cheever (ganador del premio Pulitzer en el año de 1979) es un autor norteamericano de la época de la posguerra, el cual se distinguió por su claridad gramática, siendo sus relatos lo bastante asequibles para ser leídos por todo tipo de lector. Sin embargo, su indiscutible profundidad humana estimula el intelecto, y con gran tino nos conduce a la reflexión y la empatía.

192016267Sus aclamados relatos han sido traducidos por José Luis López Muñoz (cuya presencia garantiza calidad y claridad en el trabajo) y tales obras pueden conseguirse en un grueso volumen de casi novecientas páginas llamado “La geometría del amor” publicado por editorial Emecé (y prologado por el escritor argentino Rodrigo Fresán). No obstante, esa misma casa editora ofrece una segunda opción que consiste en los libros “Relatos I” y “Relatos II”, que contienen el mismo material abundante pero dosificado en dos volúmenes. En esta oportunidad comentaremos los catorce primeros relatos de esas colecciones, los cuales fueron originalmente publicados en 1953 con el título de “La monstruosa radio y otras historias”.

John Cheever escribió sobre la metrópolis. En específico, la vida en la ciudad de Nueva York, con sus ambientes citadinos, con sus comodidades y su supuesta modernidad. Los personajes son acomodados hombres de negocios o candorosos provincianos que intentan hacer fortuna valiéndose de los recursos que aprendieron en su pueblo de origen.

Muchas veces el protagonista no es un individuo sino una pareja de cónyuges quienes al enfrentarse a la vorágine neoyorkina refrendan su unidad o bien se separan. En general, este libro habla sobre seres que se dejan arrastrar por el esnobismo y el materialismo, descuidando los valores más importantes de la existencia humana.

Los primeros cuentos hablan sobre jóvenes advenedizos que suponen que encontrarán la fortuna sin hacer demasiado esfuerzo, y tal promesa tarda demasiado en cumplirse o jamás llega. Podemos destacar cuentos como “Oh ciudad de sueños rotos” y el extraordinario “La olla repleta de oro”, un relato técnicamente muy bien escrito que nos revela una idea fundamental: lo que los seres humanos entendemos como “riqueza” se encuentra en un sitio muy diferente al que se nos ha dicho toda la vida.

El triunfo de los Estados Unidos en la segunda guerra presagiaba un auge económico sin precedentes y así lo fue. Por desgracia, las bondades de la abundancia no suelen repartirse equitativamente. Por ello es que Cheever puso el ojo en aquellos ingenuos comensales que esperaban recibir una gran rebanada de pastel y al final solo recibieron unas cuantas migajas.

Cheever, relatos 1Con frecuencia estas historias nos muestran a seres capaces de tropezar una y otra vez con la misma piedra (como en el caso del relato llamado “Los chicos“) de modo que el humor y la ironía se apoderan de algunas narraciones. Sin embargo también podemos encontrar momentos más solemnes y depresivos como “La cura” y también  “La Monstruosa radio”. Este último cuento tiene la virtud de adelantarse a los tiempos, pues Cheever imagina un aparato de radio que en lugar de emitir información, escucha lo que las personas dicen y lo retransmite a los demás. Pues bien, esta idea ha dejado de ser una fantasía, pues (como bien sabemos) todos los dispositivos que usamos hoy en día están programados para observarnos, escucharnos y catalogar nuestra información personal.

Más adelante el autor se adentra en la cuestión social. Por ejemplo, “Granjero de Verano” nos ubica en el momento histórico recordándonos que estamos en la época del Macartismo (entiéndase por ello el estigma hacia todo lo que parezca ruso o comunista). Por otro lado, “Clancy en la torre de Babel” es otro excelente cuento que nos habla de las dificultades que pasa un viejo pueblerino para entender que una persona ejerza la sexualidad de manera diferente a la que él conoce.

Pese a la gravedad de los temas que aborda, Cheever es capaz de ofrecernos pequeñas luces al final de sus historias, demostrando que su visión literaria puede ser trágica y pesimista, pero también empática y esperanzadora.

La sección del libro que estamos comentando cierra con dos relatos excepcionales: el primero de ellos es una ejemplar muestra de empatía que se titula “Tiempo de divorcio“, en la cual un marido por fin toma consciencia de la profunda desdicha que sufre su mujer. El segundo se lama “La historia de Sutton Place” (Sutton es una enorme avenida en Manhattan que aloja a su alrededor lujosos barrios residenciales y grandes edificios de departamentos), este cuento nos recuerda lo siguiente: cuando la gente acomodada sufre una desgracia, abre los ojos hacia lo que existe más allá de su nariz; la pobreza, la marginación, la inseguridad y la banalidad de una ciudad frenética en la que los seres humanos descuidan lo más importante.

Los catorce relatos tempranos de “La monstruosa radio y otras historias” muestran a John Cheever listo para medirse con los grandes escritores de cuentos. Sus historias de grandes potentados, edificios departamentales, elevadoristas, niños descuidados por sus padres, provincianos ofuscados por la modernidad, y jóvenes candorosos hambrientos de triunfo, se distinguen por desplegar una notable claridad técnica, además de un profundo conocimiento de su entorno llegando a la médula del grupo social en cuestión. Todos los relatos son buenos, pero si usted es una persona ocupada y con poco tiempo para leer le recomendamos que consulte al menos las siguientes cuatro obras maestras:  “La olla repleta de oro”, “Tiempo de divorcio”, “Clancy en la torre de Babel” y el prodigioso “La historia de Sutton Place”. Con ello bastará para darse una idea de la brillantez de este escritor.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1953.
País: Estados Unidos.
Género: Realismo psicológico, costumbrismo.
Extensión: 260 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Notable (Editorial Emecé).

Peter Handke: El miedo del portero al penalti

Peter Handke, novelista, ensayista, dramaturgo y poeta austriaco, fue galardonado con el premio Nobel de literatura en el año 2019 a razón de ““su influyente labor que con ingenio lingüístico, ha explorado la singularidad de la experiencia humana“. Por ello hemos decidido leer algunas de sus obras dejando de lado las controversias políticas en torno a la mención. En esta primera oportunidad hablaremos de la novela corta, “El miedo del portero al penalti”, publicada originalmente en el año de 1970.

ElmiedodelporteroEl libro trata sobre el ex-portero de futbol ido a menos Josef Bloch, quien pierde su empleo como mecánico e intenta desahogar su frustración vagando por la ciudad. El individuo pasa demasiado tiempo desocupado y pensando en sí mismo, hasta que sorpresivamente se ve envuelto en un crimen. La trama aborda tanto los días anteriores como los posteriores al delito, tiempo durante el cual nuestro protagonista sufre una alienación tal que ni siquiera se preocupa por apremiar su fuga. Durante su  deambular Bloch termina comparando su situación actual con la que enfrentó en su carrera deportiva, cuando al equipo rival le era concedido un “tiro penalti”.

Hablando en términos futbolísticos, durante la “el tiro penal” existe un ritual previo, en el cual el portero amaga para confundir a su oponente; con sus movimientos de manos trata de reducir el espacio visual, intentando disminuir su confianza. El tirador también hará su parte, tratando de engañar al portero con la mirada, con la trayectoria y el ritmo de sus pasos. A fin de cuentas el tirador tiene todas las de ganar, aunque habrá ocasiones en que no lo logre. Esta confrontación de estrategias será similar a la que enfrente el flamante criminal frente a la policía durante su lenta y despreocupada huida.

A pesar de ello, la novela no trata en absoluto sobre cuestiones deportivas ni policiacas, sino más bien asuntos de orden psicológico.

¿Qué es lo que ocasiona que una persona común y corriente cometa un crimen? Más que resolver esa pregunta, Handke intenta profundizar en el estado de enajenación extrema que un hombre puede experimentar producto de la frustración ocasionada por la vida moderna. De igual manera, el autor lanza un vistazo a los riesgos que enfrenta la sociedad ante una eventual pérdida de conciencia a la que todos estamos expuestos.

Por consiguiente, este no es un libro sobre el delito ni tampoco sobre la culpabilidad. Es una especie de advertencia basada en la deplorable experiencia de su personaje.

El autor desarrolla un estilo minimalista, evitando toda ceremonia y limitándose a escribir lo estrictamente necesario. Debido a la parquedad de su escritura, el texto parece confundirse con un parte policial o hasta con un reporte clínico. En las primeras diez páginas no encontraremos una sola descripción; sin embargo, esta prosa económica abunda en evidenciar los pensamientos desnudos del protagonista. Bloch fija su atención ante cualquier pequeñez que suceda a su alrededor; puede obsesionarse en adivinar las distintas posibilidades en el movimiento de las personas y los objetos de su entorno próximo; además se dejará llevar muy fácilmente por un peligroso estado de irritabilidad.

De este modo, el narrador es una entidad omnipotente que acomete la completa invasión de la mente del protagonista, la cual (dicho sea de paso) se encuentra en un indudable proceso de deterioro. Contrario a lo usual, esta sucesión de pensamientos no está escrita en forma de flujo de consciencia o monólogo interior, sino que se narra en tercera persona.

La acción acontece en la mente del personaje antes que en cualquier otro sitio, y esto es una constante en toda la novela. Si hay un libro en el que el escritor se mete realmente en la cabeza de su personaje, ese libro será “El miedo del portero al penalti” .

Nuestro singular narrador es como un terapeuta que tras haber tratado por años al acusado, se muestra capaz de reconstruir el estado mental de su paciente frente a un juzgado; situación que le exige completo rigor y ausencia de juicios y justificaciones. La fórmula resulta ideal para ser aplicada en la literatura, pues nos conduce a un entorno libre de valoraciones morales o políticas. Después de culminar la lectura de esta novela corta, hemos descubierto a un escritor escrupulosamente observador, apto para imaginar los pensamientos más insólitos que pueda formular un ser humano.

A pesar de que no se trata de una novela excesivamente complicada “El miedo del portero al penalti” no debe recomendarse al grueso del público lector. Dada su descomunal profundidad psicológica, será recomendada a aquellos lectores con experiencia que buscan un libro con alto grado de originalidad; y también para aquellos profesionales de la salud mental que buscan un estimulante paseo por la psique humana. Para ellos podemos afirmar sin reservas que éste es su libro y Peter Handke su autor a seguir.

Este ejemplar puede conseguirse en Alianza Editorial, y también en la vieja edición de Alfaguara. Ambas con la atinada traducción de Pilar Fernández-Galiano.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1970.
País: Austria.
Género: Realismo psicológico.
Extensión: 160 páginas.
Dificultad de lectura: Dificultad media.
Traducción: Muy ágil y certera (Alianza editorial).

Albert Camus: La Peste

Albert Camus nace en Argelia en 1913 cuando esta nación era considerada un departamento de la república francesa. Pasa buena parte de su juventud en la capital Argel, en dónde se inicia como periodista, de tal suerte que se familiariza con géneros periodísticos como la crónica y el reportaje. Tiempo después, en plena segunda guerra mundial se ve obligado a emigrar a Francia y ahí empieza a escribir novelas, ensayos y obras de teatro. En el año de 1947 publica una de sus novelas más conocidas titulada “La peste”, en la que fusiona la literatura de ficción con los recursos periodísticos que aprendiera en su juventud.

lapestealbertcamusTomando como microcosmos la calurosa ciudad costera de Orán, Camus imagina un escenario contemporáneo propicio para el surgimiento de un brote de peste negra; la fatídica enfermedad que en el siglo XIV provocara la catástrofe sanitaria más grande de la historia de la humanidad. Por fortuna, el libro dista de centrarse exclusivamente en los horrores que provoca una epidemia, sino que se ocupa más bien del panorama psicológico de los seres humanos afectados por este tipo de calamidades, y de como reaccionan ante los inevitables eventos traumáticos.

Efectivamente, el autor se refiere a la evolución del sentir colectivo durante la epidemia: en primer lugar aparecerá la incredulidad y el desconcierto, luego vendrá la aprehensión y el horror; después la nostalgia y un inexplicable estado de indiferencia (que la traductora del libro describe como “abstracción”). Finalmente llegará la solidaridad.

Por fortuna, el libro dista de centrarse exclusivamente en los horrores que provoca una epidemia, sino que se ocupa más bien del panorama psicológico de los seres humanos afectados por este tipo de calamidades.

Pero eso no es todo, la novela aborda los anhelos más íntimos que enfrentan los personajes, tales como el deseo de evadir el confinamiento obligatorio, el cansancio mental que produce una realidad monótona, y (en otro orden de ideas) la renovada pasión por la persona amada, sentimiento que surge producto de la prolongada incertidumbre y la constante presencia de la muerte. A fin de cuentas, no existe una manifestación de vida más auténtica que la pasión amorosa.

El autor se inclina por una prosa ágil pero sustanciosa. Una vez que el lector supere la sofisticada introducción el libro se tornará muy fácil de leer. El ya mencionado estilo periodístico nos ofrece la sensación de que los hechos realmente hubieran ocurrido y fueran parte de un documento histórico (recurso que posteriormente los escritores del movimiento llamado nuevo periodismo explotarían de manera inversa; es decir, contando hechos reales como si fueran una novela de ficción).

Camús se refiere a la evolución del sentir colectivo durante la epidemia: en primer lugar aparecerá la incredulidad y el desconcierto, luego vendrá la aprehensión y el horror; después la nostalgia y un inexplicable estado de indiferencia (que la traductora del libro describe como “abstracción”). Finalmente llegará la solidaridad.

Camus propone un narrador observador que (como buen periodista) se limita a exponer los hechos que pudo presenciar y que logró obtener gracias a sus fuentes. En efecto, la narración ofrece el punto de vista de testigos presenciales. La originalidad radica en que al llegar el desenlace el lector podrá descubrir que este narrador no es alguien ajeno, sino uno de los personajes de la historia.

Y es que inicialmente el libro no muestra un claro protagonista. Si bien la trama persigue con ahínco las andanzas del doctor Rieux, los conflictos más notorios recaen en otros personajes. Por ejemplo:

  • Tarrou es un hombre gris que decide servir como voluntario; entonces su vida adquiere un sentido trascendental.
  • Cottard es un suicida que tras haberse dedicado a actividades ilícitas sufre de una paranoia; patología que extrañamente se verá aliviada durante la peste.
  • Grand forma parte del personal de salud y durante las épocas de mayor horror decide evadirse escribiendo un poema, cuya única estrofa revisa y ensaya una y otra vez.
  • Rambert es un periodista foráneo que queda atrapado en Orán justo cuando planeaba volver a su hogar para casarse. Por ello se dedica a forzar la manera (legal o no) de escapar de la peste.
  • Paneloux es un sacerdote católico cuya visión espiritual toma un giro inesperado tras presenciar un evento terrible y doloroso. Y ese giro causará extrañeza en su congregación.
  • Los doctores y las enfermeras enfrentan todos los días una frustración castrante y un cansancio brutal, el cual poco a poco va mermando su capacidad de asombro, pero no su empatía; sentimiento que lejos de menguar se crece al castigo.

Desde el punto de vista psicológico “La peste” nos ofrece aristas muy interesantes. Podemos considerarla una novela muy potente cuya mayor virtud recae en mostrar los giros inesperados que ocurren en la psique de las personas al enfrentarse a una situación extrema. Sólo ante un entorno de caos y muerte, el hombre se permite descubrir las respuestas escondidas en su alma. Así entenderá que la solidaridad y la hermandad son el único camino que le permitirá salir adelante.

El único problema con este libro reside en la traducción que por desgracia se muestra errática en algunos fragmentos. Es una pena que este libro tan importante (y que en la actualidad ha tomado un nuevo auge) no cuente con una traducción más reciente. De cualquier manera exhorto a los lectores a que se acerquen a esta estupenda novela, pues a pesar de los eventuales problemas de traducción, podrán disfrutarla enormemente.


Valoración: Muy bueno
Año de publicación original: 1947
País: Francia,
Género: Novela psicológica. Novela Filosófica.
Extensión: 254 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Deficiente (Debolsillo). Por desgracia es la misma traducción que encontraremos en Edhasa y en Alianza.

John Fante: El vino de la juventud

Si usted ha leído las novelas de John Fante sabrá que el escritor italo-estadounidense se distinguió por la fácil comprensión de sus mensajes dejando de lado las técnicas sofisticadas de sus contemporáneos. Si usted gustó de la primera novela de la saga de Arturo Bandini (“Espera a la primavera Bandini”) ahora encontrará un volumen complementario en formato de cuentos. La diferencia es que el protagonista ahora se llamará Jimmy Toscana (el cual no deja de ser un alter-ego del autor). La obra resultante es una muestra más del franco, directo y humorístico estilo que abrió paso a lo que hoy todos conocemos como realismo sucio, género del cual Fante es precursor indiscutible y que sigue dominando el campo de la literatura y las series televisivas en los Estados Unidos.

El vino de juventud de John FanteEn esta ocasión disfrutaremos de veinte cuentos que se enlazan de manera natural ofreciendo la posibilidad de ser leídos como una novela. El autor tiene el cuidado de ordenar cada narración en consonancia con la línea del tiempo, es decir con la cronología del personaje. La obra se encuentra dividida en dos partes: la primera ofrece trece relatos que aparecieron en 1940 bajo el título de “Dago red”; la segunda parte presenta un puñado de cuentos publicados anteriormente, pero que al ser tan similares empatan estupendamente con el espíritu de la obra. Al momento de compilar estos trabajos el libro adopta su nombre definitivo: “El vino de la juventud”.

Con esta información deducimos que estas sencillos narraciones en primera persona representan los primeros intentos de un joven escritor, evidenciando algunos errores en su escritura como por ejemplo, ciertas frases redundantes y otras carencias que bien podrían ser atribuidas a un mal traductor (tratándose de las viejas traducciones de Anagrama todo es posible).

Sin embargo, el libro presenta las cualidades por las que nuestro autor fue reconocido: su indudable autenticidad, la valerosa autocrítica y la aguda observación psicológica de las actitudes pertenecientes a un grupo humano característico, es decir, los inmigrantes italianos católicos que se enfrentan a un nuevo entorno dominado por anglosajones protestantes.

Este choque incide en la pobre autoestima del grupo social en cuestión. Jimmy Toscana lo manifiesta con la constante negación de su origen. El jovencito aspira a adoptar todas las costumbres norteamericanas pues las considera superiores a las que prevalecen en su hogar (lo que a todas luces le resultará contraproducente) e incluso puede llegar al extremo de odiar a sus connacionales prefiriendo la compañía de los anglos. Como vemos, esta condición autodestructiva es muy común entre los inmigrantes de todas partes del mundo.

Por supuesto, el elemento religioso es otra de las grandes reflexiones del libro. Desde muy niño Toscana cuestiona las costumbres católicas, las cuales le llenan de miedos y culpa, pero al mismo tiempo las acomoda en su propio beneficio. El personaje convive naturalmente con monjas y sacerdotes a los cuales sabe escamotear mucho mejor que a sus progenitores.

Resulta por demás interesante la visión crítica sobre el credo de su rebaño; en especial ese extraño mecanismo de confesión que ofrece la ganga de borrar todos los pecados a cambio de unas cuantas jalculatorias. Si el arrepentimiento (real o falso) lo soluciona todo, entonces la promesa de no reincidir se cumple de lengua para afuera, convirtiéndose en la licencia para seguir siendo un bribón.

Ante la agresividad de un entorno de pobreza, opresión religiosa y perdida de identidad, el joven Toscana encuentra en la rudeza un medio para sobrevivir; saber utilizar los puños se convierte en un recurso indispensable. Por ello es que uno se pregunta si aquellos grandes boxeadores de origen italiano habrán vivido lo mismo que Jimmy Toscana; o más aún, si la mafia descrita en el “El padrino” comparte una cuna semejante a la tan brillantemente descrita por Fante.

Uno de los mejores cuentos es “Monaguillo” (así se le denomina a los niños que auxilian a los sacerdotes en las misas católicas) el cual narra la historia de una travesura que llega a niveles de sacrilegio. También vale la pena mencionar “La odisea de los macarroni” (Macarroni: mote despectivo dirigido a los inmigrantes italianos) que nos habla de la ya mencionada baja autoestima nacional. No podemos dejar de lado “El sinverguenza” un chusco y conmovedor relato sobre el remordimiento de conciencia.

No obstante, el mejor cuento de todos es “Camino del infierno” una pequeña obra maestra que desarrolla una sencilla hipótesis sobre el origen de la corrupción juvenil. Cabe mencionar que en casi todos los relatos el personaje  se muestra capaz de discernir las motivaciones más profundas en el alma de sus padres, sus hermanos y sus maestros. Fante sabe como pocos desentrañar el entorno familiar.

Debido a la naturaleza temprana de algunos de estos cuentos podemos considerar a “El vino de la juventud” como una obra menos notable comparada con las novelas del mismo autor como “Pregúntale al polvo”  (que desarrolla un despliegue psicológico insuperable). Sin embargo, este fabuloso libro de cuentos podría significar una excelente introducción para el nuevo lector, gracias a su facilidad de lectura, los temas tan atractivos, el humor recurrente y la gran autenticidad del protagonista. No descarte por ningún motivo leer a John Fante.


Valoración: Bueno.
Año de publicación original: Entre 1936 y 1940.
País: Estados Unidos.
Género: Realismo sucio. Cuento psicológico.
Extensión: 320 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Se ha quedado muy antigua y deja dudas (Anagrama). Sin embargo es la única que existe.

Antón Chéjov: Cinco Novelas Cortas

Cuando Antón Pávlovich Chéjov arribó a la escena literaria, entendió que el propósito de escribir sobre hazañas heroicas y sobre grandes pasiones había sido ya superado, por tanto debía escribir sobre la realidad misma sin pretensiones y sin moralejas. Tendría que evitar repetir los esquemas agotados y las fórmulas exitosas para crear historias que nos hablen más que de sucesos extraordinarios sobre los efectos que estos causan en los personajes. Para ello tendría que valerse de un ritmo literario parsimonioso y anti-climático semejante al de la vida cotidiana. Hoy en día los buenos escritores de relatos siguen escribiendo como les enseñó este gran maestro.


cinconovelascortasmaiorEsta magnífica edición de Alba Editorial ofrece una selección de novelas ligeramente diferente a la que nos han ofrecido otros sellos. La idea de que aquí encontramos los “cuentos más largos” del maestro ruso sería errónea. El lector encontrará cinco narraciones que gozan de una estructura definitivamente novelesca que se ambientan en escenarios más o menos semejantes (la ciudad, clase media, burócratas) proponiendo una indudable coherencia temática. Tal vez por ello es que se excluyeron novelas tan memorables como “Campesinos”, “La estepa” y “Un asesinato”, las cuales se desarrollan en un ambiente rural y con personajes de diferente idiosincrasia.

Los personajes son los seres que el doctor Chéjov conocía hasta la médula; comerciantes, profesionistas y funcionarios; hombres y mujeres que a pesar de haber experimentado un ascenso en su estatus laboral, no necesariamente verán reflejado un bienestar económico o emocional.

La tardía revolución industrial rusa creó una nueva burguesía no exenta de experimentar insatisfacción social. Sin embargo, nuestro escritor evita ocuparse de la cuestión política para enfocarse en la vacuidad del espíritu; entiéndase por ello las grandes carencias emocionales en el alma humana.

El libro inicia de manera pesimista con “Una historia aburrida” que quizás no haya sido la elección más adecuada (el traductor eligió acomodar las obras por orden cronológico). Es posible que los lectores nuevos se sientan un tanto abrumados con esta sombría historia acerca de la vejez y la soledad. El protagonista Nikolaí Stepánovich, es un profesor universitario que narra en primera persona las dificultades que va enfrentando durante la última etapa de su vida. Entre otros conflictos, ha dejado de entenderse con su mujer; cree que sus hijos no valoran su esfuerzo y no goza del derecho a la jubilación. Por si fuera poco su hija adoptiva sufre el rechazo de los miembros “legítimos” de la familia, por lo que ella no encuentra otro camino que el de apoyarse en el amargado y vacilante Stepánovich. El mensaje de esta magnífica pero triste historia es que deberíamos mostrar mayor empatía con nuestros padres y con las personas mayores, pues es posible que estén enfrentando más problemas de los que una persona joven podría imaginar.

La siguiente narración titulada “El duelo” es la más extensa del libro y podría parecernos un tanto lenta ya que dilata en revelar su verdadero conflicto (la búsqueda de la verdad). Sin embargo, en la segunda mitad Chéjov logra finiquitar convirtiendo con gran éxito una historia lenta y dispersa en otra vertiginosa y emocionante. El argumento se refiere a una tensión creciente que no encuentra otra salida más que la resolución absurda y pasada de moda que nadie desea: el duelo. El choque ente Laievski (un hombre disipado, irresponsable y nervioso) y Von Koren ( un resentido de ideas extremistas) simboliza la confrontación ideológica entre el nihilismo y el conservadurismo del siglo XIX. Contrario a lo esperado, el desenlace es luminoso y esperanzador, por lo que he de recomendar ampliamente su lectura.

cinco novelas cortas“La sala número seis” (1892) es la novela más conocida de este volumen y también la más celebrada por su prodigioso alcance social. Se ubica en el pabellón psiquiátrico de un miserable hospital de una ciudad olvidada de la mano de Dios. En su primera lectura propone una novedosa valoración de la enfermedad mental formulando la pregunta ¿quién es el verdadero loco; el paciente que esta encerrado en un hospital o la sociedad torcida que le provoca su padecimiento? Con esta cuestión tendríamos suficiente para desarrollar un gran embrollo. Sin embargo, el tema central de la novela no es otro más que la corrupción.

“La sala número seis” debe ser leída por todos los profesionales de la salud y por todos los funcionarios del mundo. El mensaje sigue siendo válido y universal, dejando en el lector contemporáneo la sensación de haberse topado con una gran revelación. Este portento pudo haber sido escrito por Tolstói, pero le correspondió a Chéjov el honor de escribir esta nouvelle que indiscutiblemente podemos considerar patrimonio literario de la humanidad.

Ahora hablemos sobre “Relato de un desconocido”. En tiempos de Chéjov el imperio Ruso albergaba a una enorme burocracia que servía para mantener a la gente empleada pero que no cumplía con el principal propósito de ofrecer desarrollo y bienestar. Este gran elefante blanco operaba para que muchos servidores se refugiaran en la mediocridad o bien para que se envilecieran. Esta novela trata sobre las torpes andanzas de un ilustre pero abyecto funcionario llamado Órlov y de su destructiva relación con una mujer casada de nombre Zinaida. La originalidad radica en que el narrador es el mayordomo Stepan (quién juega un papel decisivo en la historia). Aquí el autor se muestra más crítico de lo usual y en efecto, de las cinco narraciones contenidas en este libro ésta es la que ofrece mayor intriga.

“Tres años” es la gran novedad de este volumen pues no recuerdo haberla visto publicada en otra edición en castellano). Trata sobre temas más mundanos como por ejemplo el matrimonio, de tal suerte que podemos considerarle la novela más amable de toda la colección cerrando el libro con un estupendo sabor de boca. El protagonista Láptev no debió haberse casado con Yulia y esta jamás debió haber aceptado su proposición, pero se casaron como tantos matrimonios que no tienen razón de ser. Para colmo, ninguno de los dos fue capaz de abrir sus ojos a los únicos momentos de felicidad que pudieron haber compartido como cónyuges. El lector notará que esta novela desarrolla una psicología muy profunda, siendo el principal conflicto la baja autoestima que observan los personajes producto de una vida hipócrita y materialista impuesta por el padre del protagonista. Si tuviésemos conciencia del daño que le hacemos a los hijos poniendo los negocios por encima de cualquier otro valor, cederíamos en mucho a nuestra codicia.

Si tuviésemos conciencia del daño que le hacemos a los hijos poniendo los negocios por encima de cualquier otro valor, cederíamos en mucho a nuestra codicia.

Esta edición fue supervisada por el respetado filólogo Víctor Gallego Ballesteros y su traducción no rompe con los ritmos ni complica la sintaxis, por lo que podríamos señalarla como ejemplo de lo que deberían ser las traducciones de libros antiguos. Su trabajo da la sensación de que esta literatura hubiera sido escrita en la actualidad, de modo que el lector joven puede adentrarse sin temor a toparse con lenguaje arcaico o con palabras en desuso. Mi recomendación es que aborde estas obras en orden inverso: empiece con “Tres años” y guarde para el final “Una historia aburrida”, así podrá experimentar con menor dificultad la majestuosa literatura chejoviana.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: Entre 1889 y 1895.
País: Rusia.
Género: Realismo, novela psicológica.
Extensión: 435 páginas.
Dificultad de lectura: Diificultad media.
Traducción: Excelente.

Existen dos versiones: la de lujo con pasta dura (Clásica Maior) y la de pasta blanda (Alba minus), ambas con un formato muy cómodo. 

Pandemia y lecturas… ¿Por qué y para qué leer?

Dada la situación por todos conocida podemos asumir que llegó el momento de bajarnos de nuestro antiguo tren de vida y replantear nuestras prioridades personales. En el cambio que supone la crisis que todos padecemos se verán afectados muchos de los aspectos de nuestra vida cotidiana, y esto incluye nuestros valores, nuestros intereses y nuestras aficiones. Es casi seguro que mucha gente que se encontraba alejada de los libros ahora encuentre una motivación para acercarse a esta maravillosa forma de arte llamada literatura.

Pues bien, además de ofrecer una calurosa bienvenida ¿qué podemos aportar aquellos que (como usted y yo) contamos con cierta experiencia en este mundo de los libros? En esta era digital introducirse a la lectura no es cosa fácil. De nuestro consejo podría depender la permanencia o la deserción de estos nuevos lectores. De modo que lo mejor es comenzar de cero y contestar la pregunta ¿Para qué sirve leer?

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Beneficios que nos aporta la lectura de libros.

En primer lugar usted debe asumir que leer es un entretenimiento lúdico. La lectura no debe ser un requisito o una obligación sino un placer. Por desgracia el sistema educativo coloca al libro como una carga, tristemente se nos obliga a consultar libros para cumplir con las asignaturas que tenemos que cursar. Por tanto, es de vital importancia cambiar la percepción que tenemos sobre el libro y darnos cuenta de que este objeto nos puede obsequiar un tipo de esparcimiento que hasta ahora no se nos ha permitido experimentar. El libro ya no será un requisito académico sino un medio de esparcimiento. Toda actividad artística implica un goce estético y no cabe duda de que la literatura puede ser tan disfrutable como la música o la pintura.

A continuación, el lector debe reconocer que leer nos ayuda a sobrellevar la existencia y esto ocurre gracias a las bondades de la ficción. En el diccionario “ficción” significa “la simulación de la realidad mediante un mundo imaginario valiéndonos de personajes igualmente imaginarios”. Este concepto nos ayuda a procurarnos una alternativa a la vida real y a sus problemas (lo cual ya es bastante beneficioso) pero además nos ayuda a proponer las posibles resoluciones y consecuencias de esos escenarios hipotéticos; es decir, nos ayuda a experimentar en cabeza ajena.

Por si esto no fuera suficiente, la ficción permite que el ser humano experimente las mismas implicaciones emocionales que le provocaría un hecho real. Esto significa lo siguiente: aunque usted sepa de antemano que la historia que está leyendo es ficticia, puede llegar a conmoverle como si estuviera ocurriendo en la realidad. La lectura nos sumerge en una sana catarsis, pues al tener la cualidad de producir sentimientos genuinos nos devuelve a un estado de equilibrio emocional.

“Catarsis” proviene del griego khátharsis, que significa “purificación”. En las obras de ficción este proceso se logra porque usted puede experimentar las pasiones y los yerros propios de nuestra naturaleza humana sin el temor a sufrir las consecuencias. Con ello los humanos logramos un mejor entendimiento de nosotros mismos y evitamos cometer los errores que llevaron a la ruina a los personajes; o bien tratamos de emular lo aciertos que permitieron que los héroes de la historia se engrandecieran.

Antes que un mecanismo de evasión, la ficción es una necesidad humana sin la cual no podríamos vivir. Todos vemos películas y series televisivas; todos hemos leído historietas o hemos jugado video juegos. Sin embargo, el libro (es decir la palabra) es el origen de todas esas disciplinas (para poder rodar una película o una serie se requiere de un guion literario) por tanto, el libro es la fuente más pura y provechosa de la ficción.

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No obstante, el principal beneficio de leer es la recuperación de una cualidad que hoy en día parece extinta: la cognición, es decir la capacidad para concentrarnos, procesar y asimilar la información que nos permita lograr el aprendizaje.

Debido al entorno saturado de estímulos en el que actualmente vivimos hemos ido perdiendo nuestra capacidad de atención. Cada vez resulta más difícil detenernos a pensar en cómo afrontar la vida, pues además del ritmo vertiginoso que impone el trabajo tenemos que sortear los potentes distractores de la televisión y las redes sociales. Por desgracia, cada vez más jóvenes y niños son diagnosticados con déficit de atención y ansiedad, mientras los adultos parecemos encadenados a un modo de vida que no corresponde con nuestras verdaderas necesidades.

La buena noticia es que esta patología social aún tiene cura y esa cura es el libro. El esfuerzo que usted hace por establecer un hábito diario de lectura le obliga a recuperar sus cualidades cognitivas de atención, raciocinio y aprendizaje, lo cual resulta idóneo para el joven estudiante pero también para una persona mayor que desea seguir siendo productiva y busca evitar las enfermedades mentales y degenerativas propias de una edad avanzada.

De este modo podemos resumir de que leer es un entretenimiento muy provechoso el cual además de ayudarnos a acrecentar nuestro vocabulario nos proporciona un relajamiento emocional y un saludable ejercicio mental.

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Para qué NO sirven los libros.

La literatura no es una condicionante para convertirse en sabio. En la actualidad se ha confundido el concepto de sabiduría con el de dominio de la información. Usted debe saber que el objetivo de leer no es la retención de datos. Las personas que han leído una cantidad considerable de libros saben lo dificultoso que resulta recordar los tantos conceptos y detalles de cada una de las obras leídas; quizás podrán recordar los detalles principales de la trama y algunos de los pasajes que más le impactaron, sin embargo la retención en la memoria de toda la riqueza que ofrece un buen libro es imposible de obtener con una sola lectura. Entonces, leer un libro no garantiza la obtención de la sabiduría desarrollada por el autor.

La verdadera sabiduría es una disciplina diferente, la cual no tiene que ver con la retención de información, sino más bien con el conocimiento y dominio de uno mismo. Para ser sabio hay que ver hacia dentro no hacia afuera. La literatura al hablar sobre la naturaleza humana puede ayudarle en ese proceso pero no será determinante en la conclusión del mismo.

Por consiguiente, la literatura no le servirá para ser más “culto”. El diccionario dice que cultura “es el conjunto de conocimientos, ideas y tradiciones que caracterizan a un pueblo, a una clase social o a una época”. Tomando en cuenta esta definición podemos deducir que “cultos” ya lo somos, porque (quiérase o no) convivimos diariamente con la cultura de nuestro tiempo. En consecuencia, leer un libro que trate sobre los valores que ya han sido fijados en nuestro entorno no nos ofrece demasiado provecho. En todo caso, el beneficio de los libros será el ponernos en contacto con otras culturas, otras épocas, otras ideas, otras costumbres y otras tradiciones.

Hay algo aún mejor: si en lugar de retener la cultura que de antemano nos es dada, aspiramos a generar contracultura (es decir la oposición a los valores establecidos para evitar el estancamiento de las ideas y promover el progreso) entonces estamos cumpliendo con uno de los objetivos más nobles de la lectura. Recuérdelo bien: el objetivo del libro no es proporcionar respuestas, sino formular preguntas.

De manera similar, el objetivo del lector no es jactarse de su cultura sino adoptar una posición de apertura mental. Si una persona desea acercarse a los libros para alardear y ostentar datos, entonces no está entendiendo nada. El esnobismo es un vicio muy común entre los aficionados a la lectura. Por eso, usted debe alejarse de aquellos lectores presuntuosos que se vanaglorian de los autores y de los libros que han leído. Los verdaderos amantes de la literatura creemos que entre más leemos, menos sabemos. Por lo tanto, la experiencia lectora nos obliga a mostrarnos humildes ante los demás.

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¿Cómo debemos leer?

Mientras establece su hábito cada persona debe encontrar su manera y su método predilecto de leer. A mucha gente le resulta funcional hacer sus lecturas por las noches ya que proporciona un relajamiento ideal para olvidarse de los problemas y alejarse de los dispositivos y las pantallas mientras se prepara para dormir. Para ello debe encontrar una posición cómoda en su cama (de preferencia sentado, apoyándose en la cabecera o en las almohadas). A otras personas les funciona mejor leer en un escritorio porque esto les permite hacer anotaciones al margen y consultar las enciclopedias o el diccionario.

Para mí el formato ideal sigue siendo el libro impreso en papel ya que nos mantiene saludablemente alejados del mundo tecnológico que domina nuestra vida. Además es la experiencia menos demandante para la vista, puesto que leer libros enteros en una computadora (o peor aún en una tableta o un teléfono) resulta nocivo y extenuante. Por fortuna existen dispositivos electrónicos especiales para la lectura (como el Kindle y el Kobo) que se basan en una tecnología mucho más amigable con el ojo humano. La elección entre el libro físico y el libro electrónico será una cuestión personal. Lo que no recomiendo en absoluto es la lectura de libros en tabletas y teléfonos.

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En cuanto al método, lo que para mí funciona muy bien es el hacer anotaciones en un cuaderno: o bien, subrayar con una regla y un lápiz los pasajes que me parecen más interesantes o que me gustaría consultar en el futuro. Cuando usted tome gusto por la lectura descubrirá que hay libros que le apetecerá leer por segunda o por tercera vez, y también libros que deseará consultar para confrontarlos con sus nuevas lecturas. Las notas y los textos subrayados le ayudarán a obtener coherencia y generar una visión global de sus lecturas. Es verdad que a mucha gente le molesta la idea de marcar sus libros y eso es respetable, pero también es cierto que el acotar segmentos del libro y destacar frases resulta un recurso inteligente que no deberíamos descartar.

Si un párrafo le resulta dificultoso (o sí usted momentáneamente perdió la concentración) léalo de nuevo. La lectura es un proceso lento y gozoso; la prisa no le servirá en absoluto. Un ritmo lento (e incluso hacer pausas para meditar los conceptos que está asimilando) le garantiza un mejor aprovechamiento de su lectura. Usted debe establecer su propio ritmo para cada libro sin importar el tiempo que le tome finalizarlo. Si de momento un libro le causa dificultad, suspenda su lectura y pruebe con otro (más adelante podrá intentar de nuevo). La prisa y la obligación no son buenas consejeras.

Por todas estas cuestiones le recomiendo no ingresar a clubes de lectura ni adoptar retos en las redes sociales. Esas dinámicas le condicionan a leer lo que otra persona escogió y le presionan a limitarse a un tiempo de lectura diferente al que su ritmo natural le supone. Resulta imposible que un libro sea leído por varias personas a la vez, lo terminen al mismo tiempo y lo comenten al unísono. Creo que ahora más que nunca, leer es un asunto personal, una comunión entre el escritor, su lector y nadie más.

Finalmente he de insistir en que leer supone una apertura a culturas e ideas de toda índole. De muy poco le servirá leer si encuentra “incómodos” los temas que trata el libro que ha elegido. El buen lector deja de lado sus convicciones literarias, políticas, morales y religiosas, predisponiéndose a leer sobre todo tipo de estilos y temas. Su actitud abierta es la clave.

No espere que un libro le “enganche”, mejor haga usted el esfuerzo por entrar en él. No decida que libro leer basándose en la breve sinopsis escrita al reverso, sino por el prestigio de la obra. No se decepcione cuando descubra que prácticamente ningún libro le ofrecerá un final feliz (la buena literatura es la que propone desenlaces abiertos, es decir finales que motivan una interpretación distinta por cada lector). No distinga entre libros “lentos” o “rápidos”, mejor tome sabor por los diferentes estilos de narrar. No se case con un solo autor; lea tanto novelas como cuentos y ensayos. Si le apetece leer dos o tres libros a la vez, hágalo. Si es posible lea todos los días y construya un hábito virtuoso que le proporcionará diversión, salud y conocimiento.


Este es el momento ideal para empezar a leer. Ciertamente, formarnos un hábito lector (o recuperar un hábito lector) nos costará un esfuerzo inicial pero las recompensas serán enormes. La situación actual nos ofrece la oportunidad de iniciar con el pie derecho y disfrutar de este gran tesoro llamado literatura.


Si desea seguir leyendo recomendamos el articulo: Literatura: ¿cómo y por dónde empezar?

Ray Bradbury: Crónicas Marcianas

Si las cosas no marchan bien en nuestro planeta escapemos a otro.

“Crónicas marcianas” fue escrito en 1950 siendo el tercer libro del entonces joven escritor norteamericano Ray Bradbury y el primero que tuvo una reconocimiento en los círculos literarios ya que fue publicado tres años antes de su obra maestra “Fahrenheit 451”.

cronicasmarcianasSe trata de un libro de relatos enlazados, los cuales narran una misma historia: el arribo y la colonización del planeta marte por los seres humanos mientras en la tierra ocurre una guerra nuclear; de modo que los lectores podrán asimilarlo de la misma manera que lo harían con una novela. Aunque los hechos narrados ocurren a principios del siglo XXI, el bagaje cultural de las historias pertenece a la norteamérica del siglo XX (e incluso con resabios de los siglos anteriores). Por lo tanto, no me parece correcto catalogarlos como “ciencia ficción” sino simplemente como literatura fantástica. El libro ofrece un total de veinticinco relatos de los cuales una cantidad importante son meros prólogos a la narración que le procede. En conjunto tenemos un total de doscientas sesenta páginas de lectura rápida y amena.

Y en efecto, el estilo es bastante simple (quizás hasta prosaico) proponiendo sólo las descripciones que el autor creyó absolutamente necesarias para después enfrascarse en extensos y continuos diálogos en los que predominan las frases cortas y un lenguaje sencillo y directo, casi juvenil.

Por consiguiente “Crónicas marcianas” resulta ideal para quien desea iniciarse en el campo de la literatura fantástica; no así para aquellos “viejos lobos de mar” que esperan una literatura con mayor estética y una penetración psicológica más profunda. Estos dos últimos aspectos están prácticamente ausentes en esta compilación; una obra que en cambio nos ofrece interesantes juegos imaginativos y crítica social inteligente. Esta valiosa crítica aborda temas como el colonialismo, el racismo, la violencia, el exterminio, la censura, el mercantilismo, la deshumanización (es decir, todos los males de la sociedad estadounidense del siglo XX)… Al menos en la cuestión temática estamos frente a un libro muy potente.

Estos relatos reflejan la paradoja del expedicionario norteamericano que a pesar de mostrar la audacia de invadir un espacio que no es el suyo, carece de la apertura mental para aprender algo sobre los pueblos invadidos. Por el contrario, ese hombre se muestra temeroso e intolerante ante todo lo que signifique una diferencia con su forma de pensar y por ello trata de imponerla por medio de la violencia. Esto queda claro en “Aunque siga brillando la luna”.

Además del relato ya mencionado hemos de destacar “La tercera expedición”, “Un camino a través del aire”, “Vendrán lluvias suaves” y “Usher II” que como el título nos sugiere, ofrece claras referencias a los cuentos de Edgar Allan Poe.

Resulta evidente que la prosa de Bradbury carece de las ambiciones y los alcances de los escritores modernistas de su época (y por desgracia puede mostrarse machista en algunos de sus puntos de vista). Sin embargo “Crónicas marcianas” nos ofrece una interesante visión crítica de la política estadounidense del destino manifiesto. Gracias a estos cuentos fantásticos aparentemente inofensivos, nos adentraremos a una visión anti-colonialista, anti-xenófoba y anti-belicista acercando al lector a la visión humanista que tanto nos hace falta. Pero además, estos relatos proponen una serie de desafíos intelectuales que tienen que ver más con el raciocinio y la imaginación que con los recursos narrativos (de ahí que llamara la atención de Jorge Luis Borges).

Como conclusión podemos decir que, si este libro fuera una sinfonía musical no nos ofrecería una composición arriesgada ni detalles finos en cuanto a la técnica musical; pero a pesar de todo lograría conmovernos gracias a sus recursos líricos y a la simpleza de sus melodías. Este libro debe recomendarse a lectores jóvenes que aspiran a leer a Jules Verne, H. G. Wells, Adolfo Bioy Casares para finalmente “graduarse” con el gran Borges.


Valoración: Bueno.
Año de publicación original: 1950
Género: Relatos enlazados, literatura fantástica, ciencia ficción.
Extensión: 360 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Temas: Colonización, Guerra, humanismo.
Autores con obras similares: Jules Verne, H. G. Wells.

Pearl S. Buck: Viento Del Este, Viento Del Oeste.

Generalmente la literatura que trata sobre el lejano oriente muestra los aspectos místicos y misteriosos de los países ubicados en esa zona geográfica destacando el milenario imperio chino. Novelas como “La buena tierra” y “La madre” escritas por la autora Pearl S. Buck (premio Nobel en 1938) describen el lado fascinante de esa gran nación. Por el contrario, el libro que hoy nos ocupa “Viento del este, viento del oeste” nos enfrenta con la otra cara de la moneda; es decir, las rancias tradiciones y los peores vicios del país de la muralla y los dragones.

vientodelesteLa novela se ubica a principios del siglo XX, época en que China empieza a sufrir las consecuencias de mantener una política de cerrazón hacia al resto del mundo. Desde el inicio el lector advierte que el entorno cultural es caduco e intolerante, enfatizando un ánimo conservador y nacionalista a ultranza. La contraparte la ejercen los hombres jóvenes y los estudiantes, quienes ante la ceguera de sus mayores visualizan la inevitable asimilación de la modernidad propuesta por occidente. Y son ellos quienes  toman el toro por los cuernos, aunque esto signifique una confrontación con siglos y siglos de tradiciones.

La autora logra introducirnos en un mundo desconocido en donde las personas actúan conforme a un código de ética ajeno a nuestro tiempo y a nuestra cultura occidental; un mundo en el que la mujer vale menos que nada, mientras el varón constituye el eje estructural que conecta el pasado con el presente y que otorga sentido al sistema social. Sin embargo, ese mismo varón será quien rompa las cadenas del status quo.

Por consiguiente, este es un libro sobre la brecha generacional, pero con un brutal componente cultural que mantendrá al lector muy interesado por conocer el destino de la narradora (una joven de nombre Kwei-Lan). En efecto, esta historia será narrada por una típica mujer China; es decir tímida, callada, escrupulosa y obediente. Su sentimiento de poca valía por sí misma proviene de su educación y del rol secundario que desempeña en la sociedad. Su forma de narrar es diáfana y ágil pues la humildad de su carácter se refleja en la sencillez de sus palabras.  Por tanto, tenemos un libro de lectura fácil y amena (recomendado incluso para principiantes) con excepción de un detalle que sólo los lectores experimentados podrán apreciar:

Como sabemos, la literatura moderna no garantiza que el narrador cuente con la perspectiva definitiva de la historia. Resulta harto frecuente que el narrador modernista exprese más bien un punto de vista. Nuestra narradora Kwei-Lan tiene la visión nublada por las tradiciones y los mandatos de sus padres y abuelos, por eso resulta interesante observar como su criterio se va modificando al tiempo en que va asimilando sus propias experiencias. Este giro se logra gracias a la estructura epistolar de la novela, en el que cada capítulo esta redactado en forma de una misiva dirigida a una persona ajena a los hechos.

Por momentos nuestro libro parece un compendio de tradiciones caducas y superfluas. Baste mencionar: damas con los pies envueltos en férreos vendajes que les deformaban los huesos y les hacían caminar torpemente; señores que pasan de una concubina a otra como quien estrena ropajes nuevos; moribundos a los que se le taponaba la boca y nariz para “evitar que los dioses se lleven su alma”; bebés que son considerados propiedad de los abuelos y no de sus padres…  Cabe decir que estas costumbres feudales no pertenecían en exclusiva a las clases sociales bajas e ignorantes, sino que eran impuestos por la aristocracia.

“Viento del este, viento del oeste” es la historia del tardío y definitivo rompimiento del paradigma feudal chino, un hecho histórico que para nuestra sorpresa ocurrió antes de la guerra civil y de la misma revolución.

A pesar de todos los elementos aquí expuestos, el argumento de la novela es de lo más simple; una historia de amor destinada para el disfrute de cualquier tipo de lector. Los elementos de la trama se van desarrollando de manera muy amable para ir subiendo de intensidad al final del libro. Lo más importante es que “Viento del este, viento del oeste” nos obsequia un mensaje de amor y libertad, que nos recuerda el punto en el que las costumbres y los nacionalismos dejan de ser buenos. La evolución del pensamiento es inevitable y siempre será preferible la apertura y la tolerancia por encima de la cerrazón.

Si bien este es el primer libro escrito por la autora (1929), despliega una pericia y una limpieza tal que me deja un grato sabor de boca (semejante al de sus posteriores obras maestras) por lo que he de considerar a Pearl S. Buck como una de mis escritoras favoritas.


Valoración: Muy bueno.
Título(s): Viento del este, viento del oeste.
Año de publicación original: 1929
País: China
Género: Novela costumbrista
Extensión: 260 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Por momentos errática y antigua, pero sin robarnos el placer de la lectura. (Ojalá que Random House pudiera hacer nuevas ediciones y traducciones de los libros de esta genial escritora).