John Steinbeck: Cannery Row (El arrabal de las conserveras)

Posiblemente usted tenga la idea de que John Steinbeck fue un escritor que tenía predilección por el mensaje social y político (lo cual es parcialmente cierto). Sin embargo, si se diera la oportunidad de leer “Cannery Row”, podría hacerse una idea más completa sobre este gran novelista norteamericano.

canneryrowEsta obra literaria ha sido rescatada por Editorial Navona, dentro de esa magnífica colección llamada “Reencuentros” y la presentación resulta muy agradable (ojalá que todas las editoriales de clásicos tuvieran la mitad del respeto por las obras literarias que ofrece Navona). Además, ver el nombre de José Luis Piquero en los créditos de traducción nos genera mucha confianza. Y efectivamente, el poeta español hace un trabajo destacado, facilitando la apreciación de los textos originales. Al final tenemos una novela de gran calidad, atractiva incluso para los lectores más jóvenes o para aquellos amantes de la literatura sencilla y fácil de asimilar.

La historia está ubicada en la época de la recuperación económica; es decir, en los años cuarenta del siglo XX. El suburbio costero de Monterrey, California llamado Cannery Row (por alojar a las fábricas enlatadoras de sardinas) es el verdadero protagonista de esta novela. Es verdad que hay dos personajes principales (Doc y Mack), pero la idea del escritor es ensalzar a un grupo de personas quienes forman parte de esta comunidad tan peculiar.

Me parece que el objetivo de Steinbeck es acentuar las cualidades de la gente sencilla, y de aquellos que por su trabajo o por su modo de vida, sufren la exclusión, siendo catalogados como “marginados”. Esta novela se suscribiría al estilo “Gótico sureño” si su argumento no ofreciera este enfoque tan positivo; un tratamiento que prefiere destacar los atributos de la gente del pueblo por encima de sus falencias.

Los seres que habitan este arrabal conservero, no son santos ni mucho menos, pero tampoco llegan a comportarse como seres despreciables. En esta historia encontraremos las venturas y desventuras de obreros, emigrantes, comerciantes extranjeros, ladronzuelos de poca monta, prostitutas, discapacitados, artistas e indigentes; y lejos de parecer personajes toscos o envilecidos, nos recuerdan la vertiente más solidaria de la condición humana.

La nobleza es una cualidad que puede ser desarrollada por cualquiera. Más aún cuando ese “alguien” desea fervientemente reivindicarse, redimirse; o simplemente ejercer el instinto gregario de ser aceptado por los demás.

La estructura de la novela es muy sencilla y consta de treinta y dos capítulos muy cortos. Al principio, el lector tiene la sensación de estar leyendo un libro de relatos enlazados y parece que algunos personajes no guardan relación alguna con la trama principal. Empero, el lector debe tenerlos presente, pues en cualquier momento pueden volver a aparecer y justificar su presencia.

Es como cuando contemplamos la pintura de un árbol empezando por sus múltiples ramificaciones. Al final el tronco del árbol (en este caso, el desenlace) nos proporciona la coherencia y la obligada sensación de completar el círculo.

El estilo es un realismo costumbrista, sin demasiadas complicaciones. No hay técnicas modernistas ni artificios literarios (con la excepción del enigmático capítulo veinticuatro). Lo que sí encontraremos es un humor muy descriptivo (a la Mark Twain), y una recurrente y conmovedora sensibilidad. El capítulo clave es a mi juicio, el veintidós, a pesar de que trate sobre un personaje secundario: Henri el pintor.

En “Cannery Row” encontraremos a un John Steinbeck diferente; tan sensible y tan consciente como en sus mejores obras; pero más casual, más relajado y con mucho sentido del humor. Aunque el relato cuente con un solo narrador en tercera persona, nos ofrece una sensación “coral”, y en estas cualidades literarias encontraremos una serenidad compasiva que embellece la lectura. A veces, para sensibilizar socialmente a los lectores, basta con describir la belleza interior de la gente.

Por cierto, Existe una secuela llamada “Dulce jueves”.


Valoración: Muy bueno.
Título(s): Cannery Row / El arrabal de las Conserveras.
Año de publicación original: 1945.
País: Estados Unidos.
Género: Novela costumbrista / Realismo social / Relatos enlazados.
Extensión: 207 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Muy buena (Navona Editorial)
Temas: Comunidad / Gran depresión / Marginación.
Autores con obras similares: Mark Twain / John Dos Passos.

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Alessandro Baricco: Novecento.

novecentoEn primer lugar, no debemos confundir esta historia con la película del mismo nombre (llevada al cine en 1976 por Bernardo Bertolucci). Si bien podemos encontrar similitudes en algunos aspectos de la trama, este libro corresponde a una historia diferente y tiene su propia adaptación fílmica titulada “La leyenda del pianista en el océano” filmada en 1998. En segundo lugar, es posible que muchos lectores lleguemos a este volumen motivados por el gran éxito de otra narración corta de este mismo autor italiano: la afamada novela “Seda”. Sin embargo, en comparación con esa obra tan celebrada, el nivel literario y la naturaleza del relato será muy diferente.

“Novecento” se presume como un monólogo teatral escrito en forma de cuento, no obstante, ofrece algunas contradicciones (o debería decir “licencias”). Por una parte, presenta a dos narradores; por el otro, el formato no es el de un drama teatral propiamente dicho sino el de un híbrido que se asemeja más a aquellas obras posmodernistas, en la que se pasan por alto muchas de las reglas ortográficas tradicionales y se utilizan los signos de manera arbitraria. En este “cuento” (vamos a llamarle así de ahora en adelante), podemos encontrar prosa y verso; diálogos con ausencia de guiones o comillas; textos aclaratorios con letras itálicas en los que un segundo narrador describe la escena (o mejor dicho, la puesta en escena), además de un uso bastante extraño de las diagonales. En fin; posmodernismo.

Estos recursos tan poco usuales, son explotados por el autor porque pretende que su cuento se asemeje a una narración oral, la cual sería contada por un solitario actor sobre un escenario informal, desprovisto de escenografía. Quizás por esa razón es que las convenciones del lenguaje escrito no resultan tan rigurosas.

Para completar un cuadro de informalidad literaria, el traductor adolece de una buena sintaxis y no ofrece una elección óptima de vocabulario. Vaya, la falta de un lenguaje más universal que pueda ser asimilado más allá de la península ibérica (como ya sabemos), no es problema de un sólo traductor sino de toda una editorial.

Por un tiempo Anagrama pareció no entender que sus libros son distribuidos en América latina (y aún más allá), permitiendo que muchos de sus traductores (parafraseando sus vocablos) “hicieran de puñeteros y gilipollas“. Pues bien, los lectores latinos nos preguntamos: ¿Qué tienen que hacer esas expresiones en un libro escrito por un italiano, en idioma italiano y que va a ser leído en todo el mundo?

En torno a este libro, no todo son malas noticias. La historia que cuenta es bastante atractiva y nos presenta a un personaje muy peculiar; todo inicia en el año de 1900 en un crucero, con una circunstancia muy desafortunada; un bebé recién nacido y abandonado por inmigrantes italianos en una caja de cartón colocada sobre un piano. El hallazgo sorprende a un marinero afroamericano quien toma al niño como suyo y le bautiza con un nombre tan singular y extenso, del cual nos quedaremos con el último apelativo: Novecento.

Entonces el niño crece y vive dentro el barco sin pisar tierra. Nuestro noble e inocente héroe desarrolla e manera instintiva una sorprendente habilidad para la música y llega a ser “el más grande pianista que haya tocado en el océano”. No obstante, el conflicto surge cuando este prodigio se ve obligado a abandonar su zona de confort. La narración recorre la era del jazz, la gran depresión y la gran guerra. El final es bastante bueno, con la natural metáfora entre el piano y la vida. Al definirlo como un “cuento” se entiende que hablamos de un volumen breve que puede leerse en un par de noches.

A pesar de las peculiaridades del estilo híbrido y las deficiencias de la traducción, “Novecento” es un libro que fácilmente puede disfrutarse por el lector común; aquel que no pone tanta atención en los detalles técnicos y que se deja seducir por los conmovedores detalles de una buena trama.

“Novecento” nos ofrece una historia breve y agradable, con detalles oníricos y fantásticos, además de un personaje brillante; por desgracia la consecución a mi gusto resulta demasiado informal y no logra el efecto cohesivo de los buenos escritores posmodernistas. Sugiero que nos quedemos con lo bueno; lo conmovedor del personaje y lo asequible de la historia.


Valoración: Obra menor.
Título(s): Novecento / La leyenda del pianista en el océano.
Año de publicación original: 1994.
País: Italia.
Género: Cuento posmodernista, teatro.
Extensión: 80 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Deficiente y muy regional (Anagrama)
Temas: Abandono / Música / Zona de confort.
Autores con obras similares: Ian McEwan, F.S. Fitzgerald.

Robert Louis Stevenson: La isla del tesoro.

Hoy en día leer una historia de piratas podría estar un tanto fuera de moda; pareciera un tema frívolo y poco atractivo para nosotros los lectores de clásicos. Asimismo, “La isla del tesoro” es una novela de la cual todos tenemos noticia y sabemos de que trata. A pesar de todo ello, puedo asegurarle que si se da la oportunidad de leer o releer el libro original escrito por Robert Louis Stevenson, no saldrá defraudado.

laisladeltesoroLa historia fue inspirada por Lloyd, el hijastro del escritor de doce años de edad, quien en medio de un juego familiar, dibujó el supuesto mapa de una isla perdida en donde unos piratas habrían escondido un tesoro. A Stevenson le pareció interesante retomar esta idea, para crear una novela de aventuras que pudiera ser disfrutada incluso por chicos de su edad. Para ello se basó en el personaje de un adolescente llamado Jim Hawkins, que vivirá numerosas aventuras y acumulará experiencias, enfrentando cuestiones como el honor, la lealtad, la violencia, la codicia y la hipocresía. El libro consta de seis partes breves; y a su vez, de treinta y cuatro fugaces capítulos de lectura amena y veloz.

El estilo es muy sencillo, pues evita las honduras psicológicas y las descripciones excesivas; el escritor echa mano de dos narradores y del recurso del tiempo no lineal, pero estos elementos no complican en nada la comprensión de la lectura. La abundancia de diálogos y la trama repleta de acción hacen de este libro una opción ideal para quién desea iniciarse o retomar la lectura de clásicos.

Esta novela es especialmente recordada por el personaje de “Long” John Silver, cuya figura parece haber trascendido mucho más de lo que el autor hubiera esperado. El hombre de la pierna amputada y el loro en el hombro, llegó a representar el arquetipo del ilustre corsario; el pirata por antonomasia. No obstante, su grandeza se debe al cine y a las numerosas adaptaciones (películas, series, cómics, video-juegos) que esta obra ha inspirado en los últimos cien años. Leer la novela original, nos recuerda que Silver era un filibustero cruel, traicionero y adulador que utilizaba su astucia en favor de las causas más ruines.

Por supuesto, el personaje de “Long” John Silver ofrece matices muy interesantes, pero el verdadero protagonismo corresponde al joven grumete Jim Hawkins, quien con su imprudente e irreflexiva audacia (propia de su edad) otorga a la historia esa cualidad palpitante que irremediablemente capta la atención del lector.

laisladeltesorodebolsilloBien, ahora preguntémonos: ¿Es “La isla del tesoro” una novela de “folletín”? Tal discusión cobra sentido cuando observamos que los personajes “buenos” (como el Dr. Livesey y el Capitán Smollet) observan numerosas cualidades morales y pocos defectos; mientras los piratas sublevados coleccionan vicios y malas mañas. El asunto del alcoholismo (que en esta novela se muestra como un problema exclusivo de los malvados), me parece bastante maniqueo. Sin embargo, al observar a otros personajes como el “bocafloja” Trelawney, el desconcertante y curioso Ben Gunn, el febril y aprehensivo Dirk, y el supersticioso Morgan, nos damos cuenta que las cosas no son tan simples. Sin negar ciertos defectos “folletinescos”, me parece que la intención de la obra es más lúdica que moralizante. Finalmente Stevenson sale avante de esta disyuntiva.

Por desgracia, no tengo noticias de que exista una traducción reciente de “La isla del tesoro” abordada por un filólogo especialista en el escritor escocés (la edición de Debolsillo/Penguin con la traducción de Jordi Beltrán parece ser lo más cercano). De modo que, cualquier versión que adquiramos tendrá cierta antigüedad y nos ofrecerá pocas (o ninguna) notas a pie de página. Este factor nos obligará a consultar el diccionario en varias ocasiones.

El argot naútico está presente en todo momento (sobretodo en lo que se refiere a las partes de un barco y a las jerarquías entre los marineros), sin embargo, este inconveniente no resulta tan pesado como en otras obras clásicas (Moby Dick me viene a la mente) y no afecta en lo más mínimo el ritmo vertiginoso del que goza la novela.

Los grandes escritores afirman que no existe la novela perfecta; esa pretensión sólo puede ser alcanzada en el género del cuento. Empero, “La isla del tesoro” ofrece una lectura casi redonda; bien escrita y emocionante (claro, sujetándose a las limitaciones del género de aventuras). Las cualidades más evidentes son la sencillez con la que Stevenson propone una historia enredada y repleta de acción, además de la seducción que ejercen sus personajes; atributos que en su conjunto logran mantener al lector interesado de principio a fin. Creo que este excelente libro está siendo injustamente olvidado y necesita una nueva edición, para reposicionarse en el lugar que le corresponde.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1882.
País: Gran Bretaña.
Género: Novela de aventuras / Literatura juvenil.
Extensión: 288 páginas
Dificultad de lectura: Fácil de leer
Traducción: Buena, pero requiere de vocabulario.
Temas: Codicia, honor, alcoholismo.
Autores con obras similares: Emilio Salgari, Mark Twain.

Simone de Beauvoir: La mujer rota.

lamujerrotaLos blogueros que hacemos reseñas de libros tenemos la facultad de prevenir al lector acerca de lo que va a leer. Esa es nuestra función. Mal haría el opinador que se remitiera a expresar un escueto “me gusta” o “no me gusta” y el porqué de sus narcisistas conclusiones, pues esa disyuntiva no nos dice absolutamente nada. El lector potencial de un libro espera más bien, encontrar una idea clara de lo que trata la obra y saber algo sobre el género literario, el estilo del escritor y la estructura del libro. En realidad, al internauta le importa un comino nuestro gusto; lo que desea es información veraz sobre el libro en cuestión, para que con esos elementos decidir leerlo o preferir otra opción de las tantas que hay en el mercado.

Esto viene a colación porque el libro de relatos “La mujer rota”, escrito por Simone de Beauvoir (autora icono del feminismo), pudiera no resultar lo que esperamos. En este volumen no encontraremos ni valerosas e insubordinadas heroínas, ni incansables luchadoras a favor de los derechos de la mujer; sino todo lo contrario.

Es posible que las feministas a ultranza sientan una gran decepción al leer las tres historias que conforman este interesante libro, pues las protagonistas suelen ser mujeres en extremo conflictuadas, que manifiestan un carácter poco noble, generando poca empatía en el lector.

El planteamiento general dice que la mujer “se rompe” porque la sociedad no le otorga un espacio de verdadera expresión o de libertad, y tampoco le permite desarrollar su independencia económica ni emocional. Esto ocasiona que su amor propio se derrumbe y su personalidad se envilezca.

El libro se divide en dos partes muy distintas entre sí. La primera contiene dos relatos cortos de tipo experimental (“La edad de la discreción” y “Monólogo”) y la segunda contiene la asequible y conmovedora novela corta que da nombre al libro. Veamos:

“La edad de la discreción” parece ser uno de esos relatos que no ofrecen un argumento definido. Sin embargo, en el momento menos esperado de Beauvoir propone el conflicto de una madre que resiente la “pérdida” de su hijo cuando éste se casa. Ella siente que pasa a segundo término y castiga a su vástago con chantajes emocionales y vacíos de comunicación (vaya, esto no es lo que esperaríamos de una escritora feminista). Además, el lector sospecha la presencia de elementos autobiográficos, pues intuye en el personaje del marido la presencia de Jean Paul Sartre. Lo más curioso del conflicto es el sentido que toma la brecha generacional; lo usual es que los jóvenes se rebelen ante unos padres conservadores y religiosos simpatizando con políticas de izquierda. Pues aquí pasa todo lo contrario; el hijo decide tomar un camino opuesto al de sus padres progresistas e intelectuales. ¡Todo esto en pleno año de 1968, cuando se publicó originalmente este libro!.

“Monologo”: Es el relato más breve y también el más extraño. La escritora se propone reproducir una charla unilateral; pero no como un discurso teatral y estético, sino como un frenético y atropellado vendaval lingüístico. Básicamente tenemos un galimatías proveniente de una mujer petulante que no para de hablar. En su histeria, la protagonista desvaría y cambia de tema inadvertidamente, aferrándose a sus ideas con obstinación. Por supuesto, la narradora en primera persona, no es de fiar. En cuanto a lo literario, este relato representa una verdadera curiosidad (basta ver la puntuación, que excluye por completo el recurso de la coma); una extravagancia de interés sólo para aquellos lectores snob, que ostentan su gran experiencia como lectores y desean leer algo verdaderamente diferente.

“La mujer rota”, es una novela corta que abarca poco más de la mitad del libro. Leerla resulta mucho más grato, pues su escritura a manera de “diario” la hace ágil y disfrutable; los diálogos son abundantes y la forma de narrar es mucho más simple. La clave está en que de Beauvoir logra desprenderse de sí misma y crea un personaje independiente llamado Monique (que podría ser la antítesis de su ideal de mujer).

En “La mujer rota”, la esposa abnegada sufre la infidelidad del marido y en su contrariedad anuncia algo mucho más grave; la caída de su mundo doméstico y sentimental. Esta historia nos ilustra con detalle el mecanismo que conduce a la depresión femenina. El problema de fondo parece ser el ensimismamiento (en cierto modo una forma de egoísmo) que mantiene a la protagonista atada a su ego lastimado, sintiendo lástima por sí misma.

En este libro usted leerá historias tristes, pero increíblemente ilustrativas. En el mundo de estas mujeres “rotas”, el patriarcado ni siquiera se esfuerza por mantener su status dominante y perverso. En el caso de la novela final, me atrevería a decir que por su cualidad didáctica, toda mujer joven o de mediana edad debería leerla. La autora exhibe el menosprecio que por siglos ha sufrido la mujer madura, y este sistema abusivo se ha perpetuado porque los hombres nos sentimos cómodos en la posición de privilegio y porque las propias mujeres (las más conservadoras) están de acuerdo con la dinámica.

De Beauvoir denuncia que la fórmula para lograr la sumisión permanente de la mujer, es destruir progresivamente la imagen que tiene de sí misma. Pensemos en un país poderoso e invasor que destruye la cultura (y por tanto la imagen de valor) de los pueblos oprimidos, saqueando sus riquezas naturales. De igual manera el varón machista aniquila la autoestima de la mujer, denostándola, ultrajándola y explotándola hasta la ultima gota de sangre.

La literatura de Simone De Beauvoir representa el verdadero realismo; su aguda capacidad de análisis sociológico desnuda una verdad histórica aplastante. El punto de vista pesimista pero valiente de la autora, revitaliza una revolución progresista que aún sigue gestándose, y que algún día vencerá para beneplácito de la humanidad sensible y pensante.


Valoración: Bueno (En especial “la mujer rota”)
Año de publicación original: 1968
País: Francia.
Género: Realismo Social. / Relato experimental / Novela epistolar.
Extensión: 205 páginas.
Dificultad de lectura: Dificultad media.
Traducción: Muy mala (Debolsillo).
Temas: Maternidad / Infidelidad / Autoestima.
Autores con obras similares: Collette / Virginia Woolf.


Desafortunadamente la traducción de Debolsillo está repleta de yerros (de hecho, me fue imposible encontrar el nombre del traductor, pues en los créditos está omitido); la narración en español ocasionalmente omite los artículos, equivoca el género y comete discordancias en las frases en pretérito; lo cual ya son errores graves. No tengo información de que exista una traducción alternativa y uno tendrá que acostumbrarse a este tipo de pifias. A pesar de todo, pude disfrutar de la lectura y creo que usted también lo logrará.

John Fante: Pregúntale al polvo.

(Segunda parte de la saga de Arturo Bandini).

La palabra “polvo” contenida en el título de este libro, tiene un significado muy diferente al del eufemismo ibérico y tampoco tiene que ver con drogas. Si repasamos la historia hemos de dar con la clave: durante la gran depresión (1929-1939) en algunos estados de la Unión Americana se presentó una sequía terrible, misma que ocasionó gigantescas tormentas de polvo (fenómeno denominado como Dust Bowl). En consecuencia, el suelo se volvió tan improductivo que una gran parte de los habitantes de Kansas, Oklahoma y otros estados, se vieron obligados a emigrar al oeste. Con el tiempo, algunos californianos se mostraron renuentes a la llegada de estas personas empobrecidas y las consideraron un lastre. Así, muchos se expresáron de manera despectiva en contra de los emigrantes, asegurando que en sus zapatos empolvados y en sus sucios ropajes, cargaban con los resabios de una zona de desastre. De esta manera, el polvo estigmatizaba el origen y la desgracia.

preguntalealpolvoTal era el caso de Arturo Bandini (alter-ego del escritor John Fante), protagonista de una saga de cuatro novelas, cuyas dos primeras entregas son consideradas precursoras del movimiento del realismo sucio y catalogadas entre lo mejor de la literatura norteamericana. Si en la primera parte “Espera a la primavera Bandini” los lectores de clásicos descubrimos a un escritor brillante, capaz de recrear situaciones sobrecogedoras y dramáticas. Ahora, con “Pregúntale al polvo” Fante da un gigantesco paso al frente, añadiendo una abrumadora sabiduría psicológica a sus interesantes personajes y a sus situaciones tragicómicas.

Si este libro lo hubiera escrito Fiódor Dostoievski diríamos que su estilo se volvió breve y claro como el agua. Empero, esta historia (tan ilustrativa del irremediable patetismo de la naturaleza humana), fue escrita por un relativamente desconocido escritor americano, quien desde la estrechez de su juventud pudo tocar el firmamento literario, ofreciéndonos esta humilde y desapercibida obra maestra.

Esta secuela no ofrece una continuidad inmediata. Arturo Bandini reaparece ya en los años treinta del siglo XX con veinte años de edad. Se ha despedido de su familia italo-americana y de su natal Colorado, para instalarse en un suburbio de la ciudad de Los Angeles llamado Bunker Hill. Ahí intentará ganarse la vida y probar suerte como escritor.

La novela se centra en la relación de amor-odio entre Arturo Bandini y la joven mexicana Camila López; dos personajes incapaces de vivir el amor de una manera medianamente sana; pues su pobreza, su condición de inmigrantes y su inexistente amor propio, los hace sentirse desarraigados, inseguros e infravalorados.

Aquí es donde encontramos la notable influencia Dostoievskiana. Los protagonistas no saben lidiar con el amor, puesto que no creen merecerlo. Por esa razón se sienten más cómodos con el insulto, la afrenta y la humillación. Los cortejos y las palabras dulces son incómodos e incluso agraviantes; en cambio, las muestras de odio encienden la pasión de los amantes. Esta lamentable condición psicológica no significa que la novela sea un cúmulo de situaciones horrendas y desagradables, sino que por el contrario, John Fante sabe recrear el absurdo, e incluso el humor de tales aberraciones.

Por supuesto, los extravíos narrados no se limitan a las cuestiones amorosas, sino también a las sexuales. Bandini sufre un conflicto interior que proviene de su rigurosa educación católica y del ambiente familiar violento impuesto por su padre. Por tanto, se ve impedido para responder ante la belleza y la voluptuosidad de Camila (cuando Bandini desea, no se puede: y cuando se puede, no desea). Pero extrañamente, el joven logra funcionar cuando descubre la deformidad y la decrepitud; o en su defecto, cuando siente deseos de venganza. ¡Vaya escenas! Aquel episodio en el que el protagonista se encuentra con una prostituta al salir del templo es de antología. Digno de un análisis desde diversos puntos de vista.

Esta clase de honduras psicológicas las he leído en obras de autores verdaderamente grandes como Balzac, Victor Hugo o el ya mencionado Dostoievski. ¿Porqué los lectores de clásicos rara vez hacemos referencia al colosal talento de John Fante? Para mí es un misterio.

El peculiar narrador en primera persona (el propio protagonista) se expresa de manera coloquial, sencilla y concreta. No obstante, hay párrafos muy curiosos en los que se habla a sí mismo (o simula dirigirse a los otros personajes) y se traslada a la segunda persona. De igual manera, súbitamente (y sin prevenir al lector), puede pasar a la tercera persona. Efectivamente, en el estilo encontraremos mucha originalidad y atrevimiento; lo sorprendente es que estas anomalías no resultan estorbosas ni confusas para el lector (incluso tras haber pasado por la barrera de la traducción al español). Si esta singular forma de narrar fuera un experimento modernista, entonces estaríamos frente al modernismo más digerible de todos los tiempos.

Arturo Bandini vive situaciones verdaderamente curiosas, y reacciona a ellas de manera muy extraña. No obstante, esas actitudes bizarras son al mismo tiempo tan comprensiblemente humanas.

La primera parte del libro conserva el talante tragicómico del tomo anterior, mientras que la segunda parte se inclina por un dramatismo más crudo, vertiginoso y sobrecogedor. Algunos personajes se crecen al castigo, descubriendo el verdadero sentido del amor, mientras otros se derrumban retorciéndose en la desesperanza y el odio por sí mismos. ¿Será capaz Arturo Bandini de salvar su vida, su amor, y recuperar su valía como ser humano?

El libro editado por Anagrama, se divide en diecinueve breves y trepidantes capítulos. Fante logra describir las situaciones más difíciles e interioriza en el alma de sus personajes valiéndose de muy pocas líneas (lo que para otros escritores sería una misión muy difícil) y en esa envidiable economía y naturalidad de palabras radica su gran talento.

Con beneplácito podemos afirmar que esta literatura representa el sueño de todo lector joven y ansioso por leer algo impactante e inmediato; una historia fulminante, con un fondo enriquecedor.

Si al anterior volumen lo califique como “excelente” ¿Qué puedo decir de este segundo tomo al que considero aún mejor?


Valoración: Excelente.
Título(s): Pregúntale al polvo.
Año de publicación original: 1939.
País: Estados Unidos
Género: Realismo sucio / Realismo Psicológico.
Extensión: 205 páginas
Dificultad de lectura: Ninguna dificultad.
Traducción: Aceptable (Anagrama)
Temas: Romance / Relaciones Humanas.
Autores con obras similares: Fiódor Dostoievski, / J. D. Salinger.

James Joyce: “Dublineses”.

Aquellos lectores que sentimos un excesivo respeto por James Joyce, podemos obtener un rápido alivio a nuestra aprehensión leyendo “Dublineses”, el primer y único libro de cuentos escrito por el gran autor irlandés entre 1905 y 1914. Sorprendentemente esta obra resulta bastante fácil de leer, pues las historias contenidas son bastante breves y están narradas a la manera tradicional, sin presentar demasiados rodeos, florituras ni descripciones excesivas. En contraparte, esta literatura es muy rica en el aspecto histórico, social e incluso moral, lo que la hace bastante interesante para los lectores ávidos de cuentos bien escritos y provechosos.

dublinesesuvComo el título lo indica, el libro trata sobre Irlanda y los Irlandeses y para ello toma a la vieja ciudad de Dublín como el centro de lo que el propio Joyce llamaba “la parálisis”; concepto que no es otra cosa que la etapa histórica prerrevolucionaria, que antecede a la lucha y la obtención de la independencia. Pues bien, esto no significa que se trate de un libro cargado de ideología; por el contrario, el autor retrata a sus compatriotas inmóviles y hasta resignados, como seres que se contentan con sentarse a charlar sobre temas ligeros, mientras disfrutan de una botella de cerveza negra. Los dublineses siguen instalados en la pobreza, la migración y el catolicismo, pero detrás de todo ello hay un nacionalismo latente, simbolizado por la proliferante hiedra, la constante lluvia y la figura del prócer Charles Stewart Parnell.

En todos los cuentos, Joyce ubica la acción de manera constante y obsesiva en las calles y domicilios de su amada ciudad; al punto de que este libro parece una “cartografía” del Dublín de principios de siglo. Si usted conoce la ciudad, disfrutará ubicando cada uno de los puntos y avenidas que recorren los personajes o a los que hacen referencia.

Además de la sencillez, sorprende que muchos de los cuentos traten sobre personas jóvenes (e incluso niños). Hay un aire de imprudencia, desorientación y orfandad en muchos relatos. Por ejemplo, “Encuentro” advierte la soledad y la indefensión en la que pueden encontrarse un par de niños que deciden irse de “pinta”. Por otro lado, el  primer cuento que llama la atención desde el punto de vista psicológico y literario es “Dos galanes” que trata sobre un joven que vive la experiencia del cortejo amoroso, a través de las conquistas de su amigo más cercano. Por desgracia, ese amigo no es un “Don Juan” sino más bien un vividor.

Uno de cuentos más conmovedores es “Araby” que nos habla del primer brote de sentimientos de amor en un niño pequeño. En el ambiente de los adultos esos sentimientos pueden ser ignorados o simplemente tomados a broma y no por ello dejan de ser reales, gozosos y finalmente dolorosos. Personalmente. no creí que James Joyce fuera capaz de escribir algo así. Excelente.

Encontraremos personajes femeninos muy interesantes como “Evelyne” una chica que se encuentra ante la encrucijada del matrimonio y la inmigración, como una salida incierta a un presente poco prometedor. Por otro lado, “La Pensión” habla de esas jóvenes despreocupadas que descubren la sexualidad desde una posición de completa inmadurez. Bien, continuando con las féminas de Joyce, el excelente “Arcilla” es un relato altamente simbólico que nos muestra a una mujer encantadora y bondadosa, pero que no es lo suficientemente perspicaz como para decidir su destino por sí misma. Finalmente, lo más cercano a una comedia que habremos de encontrar es “Una madre”, cuento satírico que describe a una persona demasiado susceptible y un ambiente cultural bastante precario.

Como dato curioso, en todos los cuentos aparece la figura de un sacerdote; ya sea como personaje secundario o como una figura recurrente, casi fantasmal. La religión católica, el alcohol y la vecindad británica son elementos omnipresentes en la vida de estos dublineses de ropas sucias, raídas y mojadas.

El drama del alcoholismo se desarrolla en dos oportunidades: “Contrapartes” muestra la derrota del trabajador irlandés, que rodando de frustración en frustración termina cometiendo un error muy grave. El final, es uno de los mejores que haya leído últimamente. “La gracia” habla de un hombre muy respetable que tras un desliz alcohólico es invitado por sus amigos a un retiro (lo que hoy podríamos interpretar como una “intervención”) pretexto para que el escritor proyecte sus ideas de tipo moral. El final también es contundente.

dublinesesalianzaComo vemos, la reseña se hace larga porque casi todos los cuentos son excelentes y merecen al menos una mención breve. Aún así, he dejado los mejores para el final; “Una nubecilla” esta repleto de una sorprendente sensibilidad literaria; el autor plasma el alma de un hombre modesto y tímido que siente una enorme frustración al reencontrarse con un amigo de la infancia que ahora ha logrado colocarse en el extranjero. Esta situación lo ha convertido en un supuesto “triunfador”, y sus alardes lesionan aún más la pobre percepción que el protagonista tiene de sí mismo.

“Un caso lamentable” es el cuento más descriptivo de todos, y el resultado es literariamente demoledor. Habla sobre el miedo al amor (y por consiguiente al sexo) que sienten algunas personas conservadoras y demasiado apegadas a sus costumbres. También expresa la absurda e hipócrita condena que recibe la mujer que se atreve a expresar un mínimo deseo carnal.  A veces la posición “digna” y beata termina privando a la persona de la oportunidad de disfrutar de una vida amorosa plena.

Así llegamos al único relato largo de este volumen, “Los muertos” (que goza de un aprecio unánime entre los lectores de clásicos). La dinámica impuesta en el resto del libro se rompe ya que esta obra final muestra dos facetas distintas: al principio pareciera que estamos leyendo una novela costumbrista del siglo XIX, tanto por la temática (una reunión familiar con motivo del año nuevo) como por la notable elegancia y corrección con la que esta escrita. Más adelante, el relato se vuelve dramático e introspectivo. El autor parece superar el estilo realista y autobiográfico para acceder a una literatura más universal en la que los conflictos de sus personajes toman el cariz de revelaciones. En este caso, el protagonista Gabriel Conroy comprende la naturaleza de la muerte; el fallecimiento de un ser humano puede impactar de manera determinante la existencia de todas sus personas cercanas. Los muertos marcan la vida de quienes les sobreviven.

Lo que en esta reseña llamamos “finales contundentes” son en realidad las célebres “epifanías” tan festejadas en el estilo de James Joyce. El relato “Los muertos” significa la mayor y mejor lograda de ellas.

Después de todo lo que usted ha leído en esta reseña, la conclusión es obvia; se trata de un estupendo volumen, en el que prácticamente todos los cuentos son excelentes por accesibles y esclarecedores. Sólo faltaría decir que la traducción que he tenido la fortuna de leer, a cargo de Oscar Muslera (Conaculta, Akal) me ha parecido irreprochable (quien no pueda encontrarla, puede recurrir a la traducción de Alianza Editorial) por lo que disfruté plenamente de este clásico indiscutible de lectura lenta y placentera.


Valoración: Excelente.
Título(s): Dublineses / Gente de Dublín.
Año de publicación original: 1914.
País: Irlanda.
Género: Cuento costumbrista.
Extensión: 290 páginas
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Excelente (Oscar Muslera)
Temas: Juventud / Sociedad / Alcoholismo / Espiritualidad.
Autores con obras similares: Stefan Zweig / O. Henry.

Paul Auster: La invención de la soledad.

Paul Auster se abriría paso en la escena de los escritores norteamericanos con “La invención de la soledad”, un libro de memorias publicado en 1982. La obra en cuestión se divide en dos partes, cuyo estilo contrasta considerablemente. A pesar de ello, las dos propuestas comparten tres tópicos: la memoria, la muerte y la figura paterna. En cuanto al título, podemos decir que “la soledad” no se refiere al hecho de ser relegado o abandonado, sino al aislamiento voluntario y provisional en busca de respuestas,

lainvenciondelasoledadEn la literatura de Auster encontramos una abundancia de temas, una obsesión por la búsqueda de identidad, y (el tema que presumiblemente corona su obra) la fascinación por lo fortuito y por la casualidad. Todo ello con la brutal sinceridad que caracteriza a la literatura norteamericana moderna. Este libro es el resultado de las reflexiones en torno a la muerte del padre del escritor. Al momento del deceso, el escritor da cuenta de que su papá era un perfecto desconocido, pues su reservada y poco generosa forma de ser, dejaba entrever muy poco de sus verdaderos sentimientos.

Enfrentarse a los recuerdos puede ser un asunto nebuloso y oscuro. Por tanto, el autor refleja en su estilo literario, la dificultad de esclarecer la niebla de sus evocaciones.

Durante el proceso de duelo (que para colmo coincide con una crisis conyugal), el autor se ve enfrentado a la tarea de hurgar en su pasado, y despejar las interrogantes que desde su niñez le han inquietado. Así, cada descubrimiento arroja una nueva luz de entendimiento que dignifica el recuerdo del difunto y esclarece los conflictos de la propia personalidad; lo que inicia como una búsqueda, termina en una catarsis.

Al principio, los recuerdos le llevan a emitir un juicio muy duro sobre su progenitor; el lector podrá imaginarse a una persona despreciable (y en más de una ocasión nos viene a la mente la famosa “Carta al padre” de Franz Kafka). No obstante, el descubrimiento de un incidente oscuro que se mantenía oculto en la memoria familiar, nos hace comprender las actitudes mezquinas e indiferentes.

Todos los Edipos desean matar al padre, pero también todos los hijos desean salvarle; aunque sea sólo por salvarse ellos mismos.

Auster aborda la memoria en un sentido psicológico; la evocación del recuerdo surge como un ejercicio impostergable que busca la supervivencia. En este caso, la memoria nos permite continuar enfrentando la existencia, con la paz que nos otorga sortear las lagunas del pasado. Y por lo general, ese alivio se manifiesta en el nivel subconsciente y en el momento menos esperado.

La primera parte titulada “Retrato de un hombre invisible” esta dedicada por completo al personaje del padre, y por su estilo sumamente sencillo y ágil pudiera ser la favorita del grueso de los lectores. El narrador en primera persona se dirige al publico dudando y cuestionando la utilidad de sus propósitos. Sin embargo, logra su cometido ofreciendo una lectura amena, rápida e impactante.

En la segunda parte “El libro de la memoria”, el estilo cambia radicalmente. El padre deja de ser el protagonista para dar paso a las experiencias del escritor. Auster habla en tercera persona sobre sí mismo, valiéndose de una letra inicial (por ejemplo: “A. pensó que…” , “A. se sintió como…”) recurso que por momentos puede llegar a confundir a los lectores. El estilo se vuelve abstracto y los hechos aparecen dispersos, sin tomar en cuenta el orden cronológico. Esta parte final, vaga y dispersa, se ubica muy cercana a lo que podría esperarse de la literatura posmoderna.

Sin embargo, hemos de recordar que la naturaleza de los recuerdos es así; la memoria humana no cuenta con la precisión ni con la capacidad de síntesis necesaria para ofrecernos un catálogo de recuerdos escrupulosamente bien detallado y en estricto orden cronológico. Enfrentarse a los recuerdos puede ser un asunto nebuloso y oscuro. Por tanto, el autor refleja en su estilo literario, la dificultad de esclarecer la niebla de sus evocaciones.

Esto no significa que la segunda parte sea menos interesante, pues aquí es donde el escritor se reserva sus reflexiones más profundas, ofreciendo datos luminosos, referencias históricas; recuerdos de viajes, personajes y obras de arte… en suma, bastante material que por sí mismo, hace provechosa la lectura.

La memoria nos permite continuar enfrentando la existencia, con la paz que nos otorga sortear las lagunas del pasado. Y por lo general, ese alivio se manifiesta en el nivel subconsciente y en el momento menos esperado.

En su caminar, el buscador de respuestas parece vagar sin rumbo fijo; avanza en círculos, a veces rozando su meta pero sin llegar a ella, hasta que la revelación lo pone de golpe y porrazo frente a la sorprendente e inesperada verdad. En esta dinámica, podríamos sentir que nuestro caminante no llega a buen puerto, a no ser que termine aceptando la condición frágil y fugaz de la vida, y comprenda que las oportunidades perdidas para demostrar amor a nuestros seres queridos no pueden restituirse. Seguir adelante con la vida, significa “morir” al pasado. Es decir; aceptar, perdonar y asimilar la muerte de quienes ya se fueron.


Valoración: Bueno.
Título(s): La invención de la soledad / El libro de la memoria.
Año de publicación original: 1982.
País: Estados Unidos.
Género: No ficción, Memorias, Autobiografía.
Extensión: 245 páginas
Dificultad de lectura: Poca dificultad.
Traducción: Muy buena (Booket/Anagrama)
Temas: Romance / Relaciones Humanas.
Autores con obras similares: Philip Roth, Sergio Pitol.


Maquetaci—n 1Este libro puede encontrarse en la elegante edición económica de Editorial Booket (Seix Barral), o en su defecto en la antigua y mejor manufacturada edición de editorial Anagrama. En ambos casos encontraremos la excelente traducción de Ma. Eugenia Ciocchini. Es un placer leer un libro en donde la traducción es lo que menos inquieta al lector; hace tiempo que no tenía la fortuna de encontrarme con algo así de bueno; una traducción que genera mucha confianza.