El Paseo (Robert Walser)

Después de leer este libro me atrevo a decir que Robert Walser no solamente es el gran autor olvidado por la historia, sino que también puede ser uno de los grandes innovadores del modernismo literario. Si confrontamos las fechas de publicación de sus obras quedaremos impresionados, pues algunas de sus ideas se anticipan a las de otros grandes escritores. Su novela corta “El paseo” (1919), parece ser un humilde -pero brillante- primer paso en torno al concepto literario de “Un día en la vida de…” que culminarían Virginia Woolf y el propio James Joyce. La diferencia radica en que Walser ofrece una obra mucho más corta, sin la profundidad intelectual de los autores citados, pero a cambio, despliega una belleza literaria notable y un extraordinario valor poético, cualidades que podrían compararse con las de Rainer Maria Rilke e incluso con las de Marcel Proust.

PortadaElpaseo.inddLa novela trata sobre una de las largas caminatas por la ciudad que nuestro escritor acostumbraba hacer en busca de inspiración para sus escritos. Enemigo de los automóviles, Walser caminaba durante todo el día registrando los acontecimientos que iba encontrando en su camino. Los biógrafos dicen que la vida del escritor fue un “constante vagabundeo”, pero contradiciendo tal presunción cosmopolita, la ciudad a la que “El paseo” se refiere, no es otra sino su ciudad natal, Biel, Suiza. Y ése es todo el argumento… Más que una historia vertiginosa, esta novela ofrecerá fugaces impresiones; reflexiones llenas de sabiduría, prosa poética y un ligero comentario social. Sin embargo, con eso basta y sobra para convencernos.

El excelente personaje principal (en realidad el único) se muestra dotado de un excelente humor, siendo capaz de observar todos los detalles que le rodean y transformarlos en poesía. Con frecuencia recurre al humor, como si quisiera demostrar que también el ser humano es capaz de burlarse de las circunstancias que el destino le va presentando. Nuestro caminante derrocha el entusiasmo sarcástico de quién se sabe conocedor de la vida y sus reveses. Por consiguiente, posee el criterio suficiente para brindarle a cada quién un trato a su medida; Walser era un poeta generoso, pero también un ciudadano dotado de solemne dignidad, capaz de expresar desprecio a quién lo merecía.

En esta dinámica el narrador se muestra obsequioso con las personas comunes que no tienen necesidad de ocultar su sencillez; en cambio, se vuelve severo con aquellos seres que se ubican en una posición de poder o en un entorno de falsedad (por ejemplo un vendedor, un banquero o un funcionario). Hay dos pasajes verdaderamente memorables: el categórico texto del anuncio para un restaurante y la epístola que nuestro personaje termina de redactar en la oficina de correos; tan sólo por leer esa “carta a un funcionario desconocido” vale la pena adquirir el libro. Por otro lado, el incidente con la señora Aebi me parece una sutil y divertida metáfora de índole sexual.

En otro destacado episodio, el autor sucumbe gozosamente al bosque, fundiéndose con la naturaleza, y ese entusiasmo parece profetizar su propia muerte. Recordemos que el escritor suizo fue hallado muerto a los 78 años, tras no regresar de una de sus caminatas. Sobre aquel fatal evento, el escritor español Enrique Vila-Matas dice: “Me fascina la muerte de Robert Walser. Ocurrió un día de Navidad que salió a caminar por los alrededores del sanatorio y murió sobre la nieve. Fue encontrado por dos niñas que pasaban por allí y colocaron una flor al lado del cadáver. No pudo ser una muerte más metafórica sobre la pureza de su estilo y de su vida.”

Hablando de lo técnico, el narrador en primera persona resulta tan personal que su estilo se asemeja al de un diario íntimo. No obstante, los enormes párrafos repletos de adjetivos y florituras, nos indican que nos encontramos frente a una verdadera obra literaria de ficción. Además, los diálogos no son representativos de una conversación mundana, sino más bien el resultado de una exaltación poética (Si hoy en día existiese una persona que hablara como este personaje, no sería comprendida por nadie). Walser es el amo de la floritura y su mundo no es el mundo real, sino el mundo de las letras, la poesía y el pensamiento. Sólo el lenguaje escrito tiene la capacidad de expresar tales honduras.

El texto no ofrece pausas; no hay capítulos ni espacios significativos. Los párrafos son largos y recargados. Aún así, la novela no resulta tan difícil de leer. Sin duda existen fragmentos más pesados (principalmente aquel párrafo en que el personaje justifica su tendencia a pasear en horas hábiles), aún así el lector promedio debería salir avante en la lectura de este libro. Por ultimo, el narrador se permite constantes muestras de simpatía hacia nosotros los lectores; un aprecio que asumimos genuino, pues armoniza perfectamente con el carácter del personaje.

“El paseo” es una obra experimental de gran belleza llena de recursos literarios. Al igual que “Ulises” y “La señora Dalloway” todas las incidencias narradas en la novela ocurren en un sólo día. Fuera de eso no caben demasiadas comparaciones, puesto que la obra de Walser carece de la pesadez intelectual y el profundo entramado psicológico de las novelas mencionadas. Empero, la capacidad poética, el generoso humor y el ostentoso dominio del lenguaje nos permite considerarle también entre las grandes obras de la época. Aquellos que afirman que Robert Walser es la gran revelación de los lectores de libros clásicos, tienen algo de razón.


Valoración: Excelente.
Año de publicación original: 1919.
País: Suiza.
Género: Modernismo / Novela experimental / Prosa poética.
Extensión: 80 páginas.
Dificultad de lectura: Dificultad media.
Traducción: Aceptable (Siruela)
Temas: Naturaleza, relaciones humanas, poder.
Autores con obras similares: Rainer María Rilke, Marcel Proust.

Anuncios

Mario Y El Mago (Thomas Mann)

La literatura surgida entre los años 1919 y 1939 (el periodo conocido como “entre guerras”) trata principalmente sobre dos temas; la burbuja económica y su posterior caída (Fitzgerald, Steinbeck, Fante) o el fascismo y las persecuciones previas a la segunda guerra (Zweig, Papini, Mann). En los países europeos en donde se instauraron regímenes de naturaleza autoritaria, era muy difícil escribir sobre las nefastas políticas que la mayoría de los intelectuales advertían; la censura controlaba los medios de comunicación bajo la amenaza de algo mucho peor. De modo que, para testificar lo que estaba sucediendo, los grandes escritores se apoyaron en la metáfora o se ingeniaron una forma de escribir que respondiera al signo de los tiempos pero que al mismo tiempo les permitiera seguir ejerciendo su profesión sin exponerse a sufrir la mutilación de su obra o la persecución. A mi parecer, “Mario y el mago” excelente relato escrito por Thomas Mann, pertenece a este tipo de literatura.

marioyelmagoEn sus viajes a la Italia de Mussolini, nuestro escritor advirtió en el ambiente una moralidad sofocante, una perversión del espíritu patriótico y una suerte de domesticación del ciudadano (patologías propias de los regímenes autocráticos), siendo esa problemática detonante para escribir un relato largo sobre el tema de la conservación del poder. Para 1929 Mann había construido un personaje deslumbrante llamado Cipola, que en la trama viene siendo “El mago”, diestro y mañoso hipnotizador que se vale de la persuasión, el intimidamiento y hasta la humillación para lograr el absoluto control de su público, no sin prescindir de un enorme y amenazador látigo, que en todo momento hace retumbar contra el piso.

Sin duda se trata de un tema fascinante: el manejo de las audiencias (y a gran escala: el control de las masas). En su espectáculo, el cavaliere Cipola es todo un dictador, capaz de someter a toda la concurrencia a los caprichos de su voluntad, minando cualquier rasgo de espontaneidad y sofocando cualquier escepticismo o disidencia. La construcción del personaje resulta completísima pues el escritor describe su aspecto, su puesta en escena, sus hábitos, sus vicios y la naturaleza detallada de sus engaños. Aunque la historia jamás habla de política, el lector entiende que se refiere a ella. A fin de cuentas, todo dictador es un mago perverso, quien a base de una retórica engañosa y un amenazante control, se hace con el poder de una nación.

Pero olvidémonos de interpretaciones y vayamos al argumento: La trama ilustra a una familia (presumiblemente alemana), que se dispone a vacacionar en Italia, más concretamente, en Torre de Vénere (zona portuaria cercana a Génova). Su estancia se torna poco placentera debido a una serie de eventos poco afortunados con relación a la disminuida hospitalidad de los italianos de la época. Finalmente, la familia asiste a la función del mago Cípola, en donde serán testigos de sus pericias, sus triquiñuelas y su odiosa fanfarronería. Por otro lado, el antagonista, Mario es un humilde y sensible joven italiano que trabaja de mesero y que también asiste a la función. Su presencia será determinante en el desenlace de la historia.

Ahora vayamos a lo técnico: el narrador en primera persona externa sus sentimientos de manera acalorada (principalmente su pesar y su asombro en torno a lo que presenció durante este viaje). Esta inclinación discordante le impulsa a opinar y defender su postura, lo que nos hace dudar de su objetividad. Sin embargo, mientras el relato avanza, descubrimos que la razón le asiste. Por momentos el narrador recurre a la ironía a nivel de maestro, especialmente cuando describe las notables diferencias entre el temperamento latino con el germánico. Como sabemos, Thomas Mann era un intelectual de clase acomodada, cuyos escritos pueden demostrar un gran desprecio por el modo de vida burgués y por la incultura. No obstante conviene aclarar que nuestro escritor no es exactamente elitista e intolerante, sino más bien crítico de la banalidad y la ignorancia.

“Mario y el mago” es un relato aparentemente costumbrista, pero que se interpreta como la alegoría de una dictadura política. En primera instancia encontraremos la crítica hacia un país que se torna hostil con los extranjeros, como resultado de la doctrina oficial de corte nacionalista. Después apreciaremos una profunda y detallada investigación sobre las técnicas de manipulación y control que mantienen vigente esa doctrina. En suma, presenciaremos una metáfora brillante. A pesar de que Thomas Mann luzca por momentos sobrado de palabras, creo que nuestro relato merece la mejor de las consideraciones. El magistral tratamiento del personaje principal y la precisión quirúrgica con que construye su siniestra leyenda merecen cinco estrellas.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1929.
País: Alemania.
Género: Cuento costumbrista / Fábula.
Extensión: 70 páginas.
Dificultad de lectura: Media dificultad.
Traducción: Aceptable
Temas: Nacionalismo, control de masas.
Autores con obras similares: Stefan Zweig, Giovanni Papini.


“Mario y el mago” suele encontrarse junto a la novela corta “La muerte en Venecia”, en un mismo volumen. La antigua traducción de Oliver Brachfeld resulta aceptable pero se queda un poco corta a la hora de describir las suertes de adivinación, sugestión e hipnosis del chapucero Cípola. Sugiero consultar la versión actual de Juan José del Solar para editorial Edhasa. Posiblemente sea más acertada.

Confabulario (Juan José Arreola)

No importa cuantos libros hayamos leído, la literatura siempre tendrá la capacidad de sorprendernos. En cualquier momento podemos encontrar un autor admirable cuyo peculiar estilo nos hará sentir como si empezáramos de nuevo. Un sentimiento de esta índole experimenté al descubrir a Juan José Arreola, cuentista mexicano, contemporáneo de Juan Rulfo, pero que (al menos en el libro que he de comentar) no está tan conectado con el movimiento del realismo magico, sino que mas bien se inclina por la influencia modernista europea. El propio autor señaló como sus influencias más importantes a Marcel Schwob y a Giovanni Papini, aunque en muchos de sus cuentos la figura inconmensurable de Kafka parece ser la referencia más notoria.

confabularioarreola“Confabulario” ofrece cerca de treinta narraciones cortas que despliegan recursos y estilos muy diversos; literatura fantástica, ficción histórica, parodia, fábula, y cuento experimental. En cuanto al título del libro, es posible que el autor se valga de un término creado o afianzado por él mismo; “confabular” significa difundir falsedades (o en este caso crear ficciones) para conspirar o para cometer un acto ilícito. Por consiguiente, este confabulario vendría a ser un recuento de ficciones malintencionadas. Pero. ¿Qué desea desestabilizar o contra quién desea conspirar Juan José Arreola? Quizás contra la académica, detallada y pulcra literatura anterior al siglo XX, proponiendo en su lugar una “contraliteratura” breve, críptica y (por encima de todo) libre.

Los argumentos son increíblemente originales y con frecuencia parten de hipótesis absurdas o situaciones imposibles (un hombre que da a luz a un ratón, un ropavejero que cambia esposas viejas por nuevas, un hombre que escribe una carta a Dios y éste le contesta), temeridades que nos ubican dentro de un contexto crítico e irónico. Arreola ofrece soluciones “prácticas” (en realidad disparatadas) a problemas filosóficos, mofándose de la realidad y la mentalidad moderna. Con este libro uno entiende que lo que llamamos “cuento fantástico” muchas veces no es más que una metáfora muy bien equipada de recursos narrativos.

Entre los cuentos que podríamos catalogar como fábulas destacan: “Parturient Montes” un cuento que trata sobre un acto de prestidigitación (y nos recuerda al primer Cortázar); “En verdad os digo”, que se basa en una cita evangélica tomada al pie de la letra, y el magnífico “Parábola del trueque” que demuestra que los mensajes del autor no son simplistas ni moralistas, sino que ilustran todas las aristas posibles. Entre los cuentos que podemos ubicar como parodias podremos nombrar: “El rinoceronte” y “Anuncio” siendo este último una mordaz mofa a la publicidad invasiva y constante de los medios de comunicación.

Algunos cuentos se adentran en cuestiones muy especializadas y su propósito parece ser el de ostentar una profunda investigación. No obstante, estos pequeños ensayos disfrazados de relatos (fuertemente influenciados por Jorge Luis Borges), terminan compartiendo datos históricos curiosos e interesantes. El autor evita las justificaciones y carece de los párrafos introductorios contundentes y descriptivos tan socorridos por otros autores. Entre ellos destaca: “Nabónides”, “De balística”“Monologo del insumiso” (un breve homenaje al poeta mexicano Manuel Acuña).

Otros cuentos  de “Confabulario” abordan la temática de la condición femenina y en mi humilde apreciación, no logré notar la supuesta misoginia por la que es famoso este autor. Incluso el relato con el titulo más provocador “Una mujer amaestrada” no me parece que sea realmente ofensivo. Por otro lado (y de manera sorpresiva), encontraremos varios relatos de tema espiritual rayando en lo teológico, siendo “El silencio de Dios” el mas asequible. En el caso de “Pablo” (una de las mejores muestras literarias del libro) nos adentraremos en el punto de vista de un verdadero místico, incluyendo sus goces y sus sufrimientos más íntimos. Se trata de un empleado bancario cuyo espíritu de repente se ilumina por una bondadosa espiritualidad humanitaria. Tal parece que en lugar de una novela de formación encontraremos un excelente “cuento de iniciación mística”.

Cuando llegamos a “El gurdagujas” se apodera del libro la fábula kafkiana. Como sabemos, el guardagujas o guardavías a la persona que controla los cambios de via que conducen a los ferrocarriles. En este cuento, uno de esos vigilantes se encarga de explicar a un desconcertado viajero el inmenso desorden con el que funcionan las corridas, las paradas, los destinos y los horarios de los trenes (para emplear un término popular en México diríamos que un total “desbarajuste”). Las interpretaciones que pueden surgir de este relato son muy variadas, no obstante la influencia de Kafka queda patente de manera muy clara.

El otro gran cuento kafkiano de esta colección es “El prodigioso miligramo” una portentosa metáfora de la ruptura del orden social. Su argumento trata sobre un gran hormiguero en el que un evento extraño considerado sobrenatural, provoca el nacimiento de una suerte de religión perniciosa. Las hormigas (símbolo de trabajo humilde y disciplina grupal) se convierten en criaturas ociosas, egoístas y ambiciosas. La interpretación de esta fábula genera una sana inquietud intelectual. ¿Se refiere el autor a la suerte de una civilización en específico o a la de toda la humanidad?

Curiosamente, el libro cierra con los cuentos más sencillos y “latinoamericanos”, ofreciendo una tardía recompensa al lector que llegó a “Confabulario” esperando algo semejante. Tal vez el mejor de ellos sea “Un pacto con el diablo” excelente relato de muy fácil comprensión. Por su parte, “Carta a un zapatero” y “Una reputación” hablan de cosas tan sencillas y cotidianas que nos hacen sentir como si hubiésemos llegado a un libro mucho más convencional. A pesar de ello, la lectura de “Confabulario” debe ser lenta y pausada, tomando el tiempo necesario para reflexionar sobre cada una de las obras que conforman esta gran miscelánea. La ventaja con la que cuenta el lector es que los cuentos son muy cortos (entre dos y diez páginas).

La de Arreola no es la literatura consistente y uniforme a la que podríamos estar acostumbrados. Constituye una propuesta polifacética, abundante y deliciosamente dispar que ofrece un irrefutable valor literario decididamente modernista. Es posible que algunos lectores se sientan abrumados por sus breves, brillantes y variadas propuestas. Sin embargo quienes logren perseverar en las rebosantes temáticas y estilos de estos “cuentos de lo absurdo”, se verán gratificados por una literatura brillante, capaz de alcanzar alturas insospechadas.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1952.
País: México.
Género: Modernismo / Cuento fantástico / Mini ficción.
Extensión: 163.
Dificultad de lectura: Dificultad media.
Temas: Fabulas / Historia / Espiritualidad.
Autores con obras similares: Augusto Monterroso, Jorge Luis Borges.


Actualmente “confabulario” se puede encontrar en modestas pero económicas ediciones de editorial Booket. Y también en ediciones más antiguas (y escasas) del Fondo de cultura económica.

La Marquesa De O…/El Terremoto De Chile (Heinrich Von Kleist)

Hieinrich von Kleist murió en el año de 1811 (a los 34 años) y quizás por la juventud con la que escribió es que sus obras son tan impetuosas, irreverentes y hasta desaforadas. Su principal vocación era la de dramaturgo, lo cual explica la singular fluidez de su prosa, con preponderancia en la acción, abundancia de diálogos y la ausencia casi total de descripciones. Si usted gusta de la literatura romántica, repleta de conflictos, pasiones y arrebatos, (y además prefiere a aquellos escritores más audaces e irreverentes) entonces Von Kleist es su autor. “La Marquesa de O…” y “El terremoto de Chile” (conocido también como “El terremoto de Santiago”) son los relatos más conocidos de este escritor alemán.

LamarquesadeoconacultaSu estilo es sencillo pero elegante, de lectura rápida y fácil comprensión. La temática es muy irreverente (quizás profundamente transgresora para su tiempo), abordando temas que en su época resultarían harto controversiales. “La Marquesa de la O…” es para efectos prácticos, una novela corta. Sus cerca de 60 páginas narran la penosa historia de Julieta, una joven y noble viuda de la época de las guerras napoleónicas. Cuando el lector lea el primer párrafo, donde se especifica que Julieta no sabe porqué esta embarazada ni quién es el padre de su hijo, puede sentir se que ha topado con una comedia picaresca o frente al planteamiento novelístico más absurdo de la historia de la literatura. Pero no es así; el escritor propone un conflicto perfectamente serio y congruente del que sale muy bien librado, sin resultar predecible y manteniendo la expectación hasta el final

A pesar de ejercer un estilo austero, Von Kleist logra una introspección psicológica notable. La narración en tercera persona no nos permite evaluar a ciencia cierta cual es el valor moral de los personajes y cualquiera de ellos puede despertar dudas (¿En realidad la Marquesa de O. dice la verdad? ¿Cuáles son las verdaderas intenciones del Conde F.?). En verdad es una historia interesante e impredecible, el único aspecto que puede llegar a chocar con el lector es el constante uso de iniciales y puntos suspensivos, ya presente en el título de la obra y durante todo el libro. Como sabemos, este es un recurso común a los relatos de la época y tiene como propósito ocultar los nombres de personas y ciudades involucradas, para así ofrecer así una sensación de veracidad.

Por su parte, “El terremoto de Chile” es un cuento de cerca de 30 páginas que podría definirse con las palabras “trepidante” y “transgresor”. En comparación con el anterior relato, la narración se torna aún más austera y escueta. El narrador en el más estricto y austero sentido del término, nos dice sólo lo indispensable absteniéndose completamente de describir, profundizar y opinar (lo cual me resulta bastante extraño). Sin embargo, la historia dramática, fantástica y un tanto violenta logra suplir las carencias que pudiera representar el estilo.

relatoscompletosvonkleistEl cuento trata sobre un amor censurado por la sociedad virreinal de Santiago de Chile, en medio del gran temblor de 1647. Lo novedoso del cuento es que el desastre natural, en lugar de constituir “un castigo divino” se torna como un agente providencial de cualidades justicieras. La divinidad parece estar del lado de los amantes, quienes buscan un espacio para amarse entre la colectividad prejuiciosa. Después del temblor, cuando la iglesia retoma el control de las actividades humanas, la violencia, la persecución y la crueldad reaparecen con embestidas tan brutales como las del terremoto mismo. En verdad era grande el atrevimiento de nuestro joven escritor.

Relatos como “La marquesa de la O…” y “El terremoto de chile” evidencian cuan absurdas eran las antiguas convenciones. El pudor exacerbado y el fatídico “sentido del honor” eran enormes lacras que asfixiaban al ser humano, dando origen a muchos de los comportamientos más destructivos presentes en la naturaleza humana. Doscientos años después es fácil advertir esas falencias. Pero ¿Cuántas de las actuales instituciones y cuántos de los actuales acuerdos son en realidad perniciosos para el desarrollo humano? Si hoy viviera Heinrich von Kleist posiblemente lo sabría.


Valoración: Bueno.
Año de publicación original: 1805/1808
País: Alemania.
Género: Romanticismo / Cuento costumbrista / Cuento fantástico.
Extensión: 98 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Aceptable (Conaculta)
Temas: Honor / Castidad / Desastres naturales.
Autores con obras similares: J. W. Goethe, Aleksander Pushkin.


Los lectores podrían suponer que el nombre de Heinrich von Kleist estaría hoy en día olvidado por las editoriales y resulta que no es así; este ejemplar puede encontrarse tanto en Conaculta como en Grupo editorial tomo. Ambos relatos también se encuentran en las compilaciones de relatos de Cátedra, Valdemar y Acantilado. En el caso particular de “El terremoto de Chile” existe una lujosa edición de la prestigiosa casa editorial Atalanta. Mientras que “La Marquesa de O…” está disponible en otra magnífica edición de pasta dura de Mondadori.

Novela De Ajedrez (Stefan Zweig)

Uno de los problemas de la sociedad consumista en que vivimos, es que reduce a los individuos a la condición de meros consumidores; y como tal, queremos que los productos sean “a nuestra medida y a nuestra entera satisfacción”. En el caso de los libros (y más aún de los libros clásicos) esta exigencia es prácticamente imposible de satisfacer. Los libros no son chocolates con cereza que deban proporcionarnos dos o tres bocados de dulce y deliciosa complacencia para después engullir el siguiente. Los lectores debemos apartarnos de esa perniciosa postura del consumidor necesitado de una satisfacción específica e inmediata. La correcta actitud frente a los libros debe ser la de abrir la mente y disponer el intelecto, para así aprovechar la experiencia y el conocimiento escrito.

noveladeajedrezEsto viene a colación, por mi imprevista experiencia con el libro “Novela de ajedrez” de Stefan Zweig. Por desgracia tomé el ejemplar del estante lleno de ideas preconcebidas; me dije: “vamos a entretenernos con un libro ligero, de cien páginas sobre el tema del ajedrez; vamos a relajarnos con el costumbrismo de Stefan Zweig“. Naturalmente estaba perdido, no tenía la más mínima idea de que me encontraría con una novela durísima, capaz de ejercer un crítica implacable de suprema profundidad intelectual y psicológica. Iluso de mi, que buscaba una lectura amable y en su lugar me encontré frente a una abrumadora sacudida.

Lo más curioso es que en sus primeras cuarenta páginas (casi la mitad del libro) mis ingenuas expectativas se estaban cumpliendo; esta novela corta ofrece en su primera parte una agradable historia ubicada en la época de la segunda guerra mundial, sobre un joven campeón de ajedrez que viaja desapercibido en un trasatlántico. Eventualmente, los turistas le descubren y tratan de convencerlo para jugar una partida multitudinaria, a la que el engreído campeón accede de mala gana, cobrando una tarifa considerablemente alta. Tal encuentro no le supone ningún placer ni desafío, hasta que espontáneamente aparece un adversario de su talla (el verdadero protagonista de la novela), el único que podría zarandear el inflamado orgullo del campeón.

Sin embargo, ese contrincante tiene una traumática y dolorosa historia que contar; se trata de un abogado austriaco hecho prisionero por la gestapo durante la invasión alemana de 1938. ¿Cómo es que este recluso logra escapar de su cautiverio para tomar un barco y convertirse en el digno contrincante de un campeón mundial de ajedrez? (Para despejar esa interrogante habrá que leer la historia completa).

Con este argumento bastaría para hacer una emocionante y placentera novela de aventuras. Sin embargo, súbitamente la historia se centra en la condición mental del protagonista. A estas alturas los lectores comprenderemos que el verdadero tema no es el ajedrez, sino la tortura. Con una simple vuelta de hoja, la novela se convierte en un testimonio trágico, pues se sumerge profundamente (y hay que recalcar esta palabra: profundamente) en la psique de la víctima, describiendo una suerte de trance esquizofrénico provocado por la necesidad humana de anular el aislamiento. Zweig describe todo lo que pasa por la mente de una persona recluida, sin contacto humano y alejado de toda fuente de información y distracción. ¡Vaya disección de la mente humana enferma! Un estudio prodigioso y al mismo tiempo, macabro.

La novela contiene un sólo capítulo que podría leerse en una o dos tardes, si no fuera por esa segunda parte, tan desafiante y profunda como el más febril relato de Dostoievski. Si en su primera parte el libro es fácil y agradable, en la segunda se vuelve espeso y agobiante. La historia es narrada en primera persona por uno de los personajes secundarios, sin embargo su punto de vista parece muy objetivo y no genera dudas. La dificultad radica en lo complicado de ese tramo espeluznante narrado por el propio protagonista; las honduras de su trastorno van más allá de los sentimientos de un alma torturada, sino que llega hasta donde los procesos mentales defensivos, obsesivos y compulsivos llegan al límite de la cordura.

Stefan Zweig sufrió en carne propia la persecución nazi y seguramente presenció o escuchó historias semejantes a la contada en este libro, dándose a la tarea de escribir tales experiencias. Muchos de sus relatos dan fe del autoritarismo y los abusos de un poder desatado y enloquecido (Por ejemplo “Mendel el de los libros”), pero pocas de sus novelas habrían de ser tan tenaces como esta angustiosa “Novela de ajedrez” (Quizás sólo la excelente autobiografía “El mundo de ayer” podría superar este agudo nivel de crítica testimonial que no ofrece concesiones).

Insisto en que la literatura no necesita inventar sórdidos escenarios fantásticos ni esperpénticas bestias asesinas para crear suspenso y poner al lector con los pelos de punta. Tan sólo basta con evocar los escenarios históricos y las tiranías de cualquier época para encontrarnos con el verdadero terror. Con sólo cien páginas “Novela de ajedrez” nos sacudirá emocional e intelectualmente. A mi entender, esta es una obra maestra de la novela psicológica.

Y yo iluso, que esperaba una lectura ligera.


Valoración: Excelente.
Título(s): Novela de ajedrez / Una partida de ajedrez.
Año de publicación original: 1941.
País: Austria.
Género: Novela corta / Novela psicológica.
Extensión: 100 páginas.
Dificultad de lectura: Media y alta dificultad.
Traducción: Buena (Acantilado)
Temas: Aislamiento / Guerra / Tortura.
Autores con obras similares: Fiodor Dostoievski, J. M. Coetzee.


Para los lectores de México y países vecinos; esta magnífica novela puede conseguirse en una edición económica de Grupo Editorial Tomo, con un tamano de letra muy cómodo y una traducción aceptable.

La Balada Del Café Triste (Carson McCullers)

Los lectores aficionados al “gótico sureño” pueden arribar a la literatura de Carson McCullers con la seductora idea de encontrarse con un Faulkner en versión femenina, desafortunadamente esta expectativa podría venirse abajo desde la lectura de las primeras páginas de este libro. Si bien, la escritora estadounidense puede recrear aquellos escenarios sureños con sus pueblos semiabandonados y sus confundidos habitantes, su forma de narrar es mucho más sencilla. McCullers se muestra bastante considerada con sus lectores, desarrollando temas previos y preparando a su público antes de abordar cada escena, explicando las motivaciones de cada personaje. En sus escritos puede encontrarse una suerte de encantadora ingenuidad. En suma, su estilo tiene muy poco que ver con el del autor de “El ruido y la furia”.

labaladadelcafetriste“La balada del café triste” contiene seis relatos cortos y como platillo principal, la novela corta que da nombre al libro. Esta última, se ambienta en un insignificante pueblo de Georgia; un lugar en el que “ni siquiera las nevadas se hacen presentes”. La historia trata sobre un “triángulo no amoroso” entre personajes que parecen totalmente incapaces de recibir afecto. A saber: una corpulenta y solitaria solterona; un violento e hipersensible expresidiario, y un jorobado parlanchín sediento de atención. Estos seres presas del temor, se arrastran, se atrincheran y se enfrentan entre sí, dejando de lado cualquier rastro de dignidad. El desenlace resulta bastante curioso en comparación con el resto del libro; lo mejor es el misterioso párrafo final que se presta para un análisis profundo.

Da la impresión de que la escritora intenta adecuarse a la fórmula de la fábula o el cuento de hadas, pero hablando de temas adultos. “La balada del café triste” nos ofrece una idea del porqué no somos capaces de dar y recibir amor. Este planteamiento bien pudo haberse desarrollado en un breve cuento, sin embargo McCullers detallista y prolija, prefirió extenderse con 80 páginas. El resultado es bueno, con indudables chispazos de genialidad, pero también con ciertas deficiencias; creo que le faltó el estirón final que le permitiera pulir y concretar su desarrollo argumental. Generalmente se piensa que una película tiene todo el potencial para echar a perder un libro. En este caso, me parece que un buen cineasta podría mejorar esta historia.

Usted, como entendido de la literatura, podrá cuestionar el realismo de esta nouvelle, pues muchas de las situaciones narradas caen en la inverosimilitud. Además, los personajes se comportan de manera estúpida e ignorante. Sin embargo, pretender que la realidad no sea una contradicción constante y que los seres humanos adolezcamos de imbecilidad, tampoco suena muy realista.

Por si fuera poco, el libro nos ofrece seis relatos cortos (algunos de ellos magníficos) que en su mayor parte tratan sobre personajes peculiares, incomprendidos, señalados o marginados por la sociedad; el sentimiento de estos héroes bizarros es acallado por la incapacidad e insensibilidad de sus toscos congéneres. En estos cuentos el elemento sureño es menos notorio. Por ejemplo: “Wunderkind” es un cuento autobiográfico, sobre de la primera juventud de la escritora, cuando pretendía ser pianista, “Madame Zilensky” habla sobre una mentirosa compulsiva que sin embargo, no tiene ninguna maldad en su corazón, mientras que “Un árbol, una roca, una nube” habla sobre la convincente filosofía del amor que desarrolla un patético y solitario bebedor de cerveza. Empero, los momentos más brillantes del libro son “Un dilema doméstico” y “El transeúnte”, cuentos que parecen adelantar ese estilo americano que John Cheever o Raymond Carver desarrollarían en décadas posteriores. Estos son los relatos más “actuales” y menos “góticos” que presenta el libro; no obstante, me parecen los mejores.

El luminoso cuento “El transeúnte” vale por todo el libro. Trata sobre un hombre que tras cruzar el océano para asistir al funeral de su padre, se topa por casualidad con su anterior esposa, quien le invita a cenar con su nueva familia. Ese encuentro a todas luces incómodo, termina siendo una experiencia aleccionadora y gratificante. Aquí podremos encontrar el elemento humano más impetuoso que nos ofrece esta interesante colección de relatos. Creo que Carson McCullers fue una escritora que supo captar la incomprensión, la soledad y el significado oculto de cada experiencia humana.


Valoración: Bueno.
Año de publicación: 1943.
País: Estados Unidos.
Género: Novela costumbrista, gótico sureño.
Extensión: Breve,
Dificultad de lectura: Baja dificultad.
Traducción: Aceptable (Seix Barral/Austral)
Temas: Desamor, soledad, incomprensión.
Autores con obras similares: Flannery O’Connor, Eudora Welty.


“La balada del café triste” esta disponible en la editorial Austral y también en su “hermana mayor” Seix Barral. Recomiendo evitar la edición “de bolsillo” de Austral (Portada violeta) por ser un libro miniatura con tamaño de letra casi ilegible.

Últimos Testigos (Svetlana Alexievitch)

La guerra es la más grande de las infamias, porque ofrece licencia para cometer todo tipo de crímenes y bajezas. La guerra suprime toda garantía, todo derecho humano, asesinando implacablemente la vida de miles y miles de seres humanos. Su daño es tal, que no es posible precisar quienes correrán mejor suerte; si aquellos que yacen muertos o quienes se quedan para seguir sufriendo las calamidades; un conflicto bélico arrasa con las edificaciones, la naturaleza y la fauna, pero principalmente lacera irreversiblemente a la persona humana. Por todo ello, resulta indignante que las potencias mundiales sigan fabricando guerras y sacando provecho de la venta de armas, disputándose el control económico de los territorios y la explotación de los recursos naturales. ¿Cuántas vidas humanas ha costado la codicia de los poderosos?

ultimostestigosLos que sufren con mayor severidad el trauma de la guerra son los niños, puesto que deben soportar la brutal embestida de los eventos bélicos y sus consecuencias, imposibles de comprender para una mente infantil libre de odios y de insanas ambiciones. No obstante, su inocencia les permite advertir con mayor claridad la irracionalidad de males como la migración forzada, la separación de las familias, el hambre, las violaciones multitudinarias y todas esas atrocidades que en tiempos de guerra los adultos hemos tolerado como un mal necesario. Los niños preguntarán: ¿Porqué? y nosotros no sabremos responder.

En 1941, en lo que se conoció como la “operación barbarroja”, las tropas alemanas tomaron la ciudad de Minsk, ocupando la república de Bielorrusia por un espacio de tres años. En ese tiempo, cerca de seiscientas poblaciones fueron destruidas y casi toda la población masacrada. Cuarenta años después, la escritora local Svetlana Alexiévich se dedicó a reunir los testimonios de los sobrevivientes, enfocándose por completo en las memorias de quienes eran niños en el momento de los hechos, para de esta manera, denunciar la barbarie y recordar a las victimas.

La obra ofrece una visión testimonial de valor histórico y literario (La referencia más cercana para los lectores mexicanos sería “La noche de Tlatelolco” de Elena Poniatowska). La sencillez de los escritos resulta ejemplar ya que Alexiévich logró proyectar la genuina voz de un infante. Aunque los “testigos” hayan sido adultos mayores al momento de evocar sus memorias, pueden expresarse con la humildad, la incredulidad y la visión esperanzadora de un niño; a tal grado de que puede sentirse en carne viva el desconcierto y la tristeza de estos pequeños al enfrentarse por vez primera con la maldad rampante

Si al lector le apetece, puede abordar esta obra como si fuese un libro de relatos enlazados. En efecto, el libro posee elementos narrativos importantes, pues los testimonios, en lugar de someterse a una transcripción rígida, reciben un tratamiento literario muy coherente que demuestra el talento de la escritora para embellecer lo que de otra manera sería una agobiante registro de infamias. Muchos de los hechos narrados podrían fácilmente formar parte de escenas memorables de una novela. Sin embargo, el lector nunca deja de ser consciente de que esto no es ficción, sino historia.

A pesar de la calidad literaria, el conmovedor heroísmo y la ternura de algunos de estos relatos, podemos decir que se trata de una obra cruda y agobiante (un libro de realidad siempre será más opresivo que uno de ficción). Por consiguiente, “últimos testigos” no es un libro para relajarse y disfrutar de la lectura. Aún así, esta obra repleta de personajes admirables, escenas conmovedoras y con su urgente mensaje de paz, nos ofrecerá una lectura altamente provechosa; luminosa podríamos concluir.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1985 (Editado en español en 2016)
País: Rusia.
Género: Crónica periodística / Relatos de no ficción.
Extensión: 335 paginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Muy buena (Editorial Debate)
Temas: Segunda Guerra Mundial / Infancia.
Autores con obras similares: Elena Poniatowska, Ryszard Kapuscinski.


Svetlana Alexievich, recibió el premio nobel de literatura en 2016 y desde entonces se han escuchado voces críticas que señalan la existencia de una supuesta propaganda política en sus escritos. Al menos en este ejemplar no he encontrado nada que justifique tales vituperios. La ausencia de historicismo y de sesgo es evidente. No haré eco de esa crítica.