Gustave Flaubert: Tres Cuentos

Conocido por su carácter perfeccionista, el escritor francés Gustave Flaubert publicó en vida únicamente cuatro novelas y tres cuentos, cuyo proceso de redacción y corrección le tomaría bastante tiempo. El resto de sus escritos quedarían en etapa de “revisión” y serían publicados de manera póstuma. Si bien nuestro autor no logró distinguirse por su prolijidad, es aclamado como uno de los mejores escritores de la historia, lo que habla de la enorme calidad de sus obras.

trescuentosflaubertalianzaLos tres cuentos ya mencionados fueron compilados en un solo volumen y publicados en el año de 1887 con la autorización del propio Flaubert a tres años de su fallecimiento. Actualmente el libro puede encontrarse con relativa facilidad, destacando dos magníficas ediciones: la de Germán Palacios para Ediciones Cátedra y la de Mauro Armiño para Alianza Editorial. Aunque los relatos en cuestión no ofrecen una unidad temática ni estilística (de hecho se ambientan en épocas muy diferentes) representan tres excelentes piezas de arte narrativo que vale la pena consultar. Veamos:

Un corazón simple:

En ocasiones se les denomina “simples” a las personas de temperamento jovial que practican un humor sencillo y modesto. No obstante, en un contexto peyorativo también se cataloga como “simples” a las personas iletradas e insignificantes. Pues bien, el temperamento de la protagonista de este cuento queda perfectamente representado con este término, pues la humilde empleada doméstica llamada Felicidad cumple con ambas acepciones de la palabra. Tras una vida llena de privaciones Felicidad tiende a sobrestimar los objetos y las pertenencias (Poner especial atención en el “personaje” del loro); tras una existencia oscura y fervorosa Felicidad se inclina por las creencias supersticiosas. ¿Cómo reaccionará esta “alma de Dios de corazón simple” a su primer viaje, sus primeras tertulias, y su primera visita a una gran catedral?

Un corazón simple” (conocido en otras traducciones como “Un corazón sencillo” o “Un alma de Dios”) es un cuento de corte realista, conmovedor y muy fácil de leer. Es el único que está ambientado en la época del escritor y por tanto el que puede identificarse de manera más natural con el lector contemporáneo. Finalmente cabe señalar que de aquí proviene el título del famoso libro de Julian BarnesEl loro de Flaubert“.

El estilo de Gustave Flaubert es un ideal de escritura. Sus frases breves no se enredan ni se extienden innecesariamente, siendo esa concisión el resultado de una revisión obsesiva. Su objetivo era dotar a sus escritos de exactitud e incluso de una hermosa musicalidad. Si en sus novelas el autor aplicó estos parámetros, en los cuentos lo hará de manera más estricta.

La leyenda de San Julián el Hospitalario:

Esta narración está basada en la leyenda de San Julián, quien en la tradición cristiana funge como patrono de los hoteleros y es venerado en España y Francia. Este personaje habría vivido en el siglo III o IV de nuestra era, pero su leyenda fue construida durante la edad media. La vida del personaje primero disipada y luego llena de rectitud recuerda a la de Francisco de Asís (e incluso a la de Tolstói) describiendo episodios tan intensos semejantes a los de una tragedia griega.

A causa de la crueldad que Julián mostró en perjuicio de los animales, recibe una maldición y esta se cumple de manera trágica. De esta manera, el pecado lleva a la desgracia; la desdicha lleva al arrepentimiento, y finalmente a la santidad. Este cuento contiene uno de los mejores desenlaces que haya leído últimamente, me recuerda al de “La muerte de Ivan Ilich“.

Un buen escritor puede mejorar lo que ya era considerado eminente (por ejemplo una leyenda o un relato bíblico) pero corre el riesgo de que los nuevos elementos narrativos y las nuevas interpretaciones no sean del agrado de los puristas y los fundamentalistas. Lo que Flaubert hizo en “Tres cuentos” fue convertir en literatura moderna lo que primero fue palabra de Dios.

Herodías:

Aquí tenemos una reconstrucción histórica de las últimas horas que habría vivido el profeta Yeojanán (mejor conocido como Juan el Bautista). Se trata de la muestra más compleja de este libro, pues el rigor histórico y evangélico supuso un planteamiento demasiado robusto con demasiados elementos en su entramado y abundantes personajes. Pareciera que tal embrollo hubiera sido mejor resuelto mediante una novela. Sin embargo, Flaubert logra superar brillantemente la dificultad de haberse metido en camisa de once varas. Es evidente que el escritor francés estaba perfectamente bien documentado en torno a las costumbres judías del siglo I. Entre ellas la idea de que el Mesías era un libertador político más que espiritual y de que Juan el Bautista fue considerado por algunos la reencarnación del profeta Elías. Se trata pues de una investigación admirable,

El lector ajeno a la tradición bíblica podría sentirse confundido con el primer capítulo de este relato. Sin embargo, con el auxilio de una breve consulta a la historia original podrá abordar con mayor seguridad los dos capítulos restantes. El objetivo del escritor es proporcionar un enfoque más preciso en torno al asesinato del profeta que clamaba la buena nueva en el desierto. La infamia no se debió al despotismo de Herodes Antipas o al capricho de Salomé (como muchos suponíamos) sino a una maquinación promovida por Herodías, la ambiciosa y abyecta esposa del co-gobernador de Judea en tiempos de Jesucristo.

Los tres cuentos escritos por Gustave Flaubert son tan buenos como sus novelas, por lo que resultaría contraproducente dejarlos de lado. Habremos de destacar el gran atino con el que el autor dota de finales espectaculares a sus historias. Además, el estilo diáfano de su prosa (incluso en sus temas más complicados) hace que en ningún momento se pierda el placer de la lectura. Por si fuera poco la traducción directa del francés realizada por el confiable filólogo Mauro Armiño ayuda bastante para lograr nuestro propósito.

Si usted es un apasionado de la literatura clásica y no se siente amedrentado con los temas históricos y bíblicos, disfrutará “Tres cuentos” de principio a fin.

Arthur Conan Doyle: Estudio En Escarlata.

El escritor británico Arthur Conan Doyle no fue el creador del género detectivesco, pero sí fue el que consolidó y perfeccionó el estilo, capitalizando con gran éxito los fundamentos proporcionados por Edgar Allan Poe, Charles Dickens y Wilkie Collins. De igual manera, debemos considerar al personaje de Sherlock Holmes como el arquetipo occidental del detective de ficción; este sagaz investigador haría su primera aparición en 1887 gracias a la novela “Estudio en escarlata”.

estudioenescarlataLa novela corta que hoy comentaremos obtuvo notoriedad gracias al enorme impacto que generó la presentación de Sherlock Holmes; un personaje sorprendente capaz de solucionar grandes misterios sin apoyarse en los recursos que son producto de la fantasía. En otras palabras, su propuesta de héroe literario no apela a “súper poderes” ni a cualidades metafísicas, sino que se apoya exclusivamente en la ciencia, la deducción razonada y otros recursos de inteligencia que (en teoría) cualquier ser humano podría desarrollar.

Para la resolución del misterio, la literatura detectivesca defiende tres fundamentos muy claros: la observación científica, el pensamiento analítico y la capacidad deductiva. Con estos atributos es como funciona esa lumbrera llamada “detective”.

Desafortunadamente, esta narración también es recordada por la dura crítica que despliega en contra de cierto grupo religioso (el cual no mencionaremos con el fin de no favorecer las controversias inútiles que abundan en las redes). Baste decir lo siguiente: Toda religión parte de la ostentación de una verdad revelada por un ser supuestamente iluminado, el cual reúne ante sí a un grupo de fieles y funda con ellos una comunidad más o menos virtuosa. En la medida en que estos grupos se institucionalizan formando jerarquías, seres mundanos y corrientes toman el control de la comunidad, depurando o radicalizando la posición ideológica, dando por resultado una nueva forma de poder político y económico. Y una iglesia (como cualquier entidad de poder) puede ejercer tiranía en contra de sus adversarios y hasta de sus propios seguidores.

Pues bien, el asesino de “Estudio en escarlata” no es un natural born killer, sino que sus instintos criminales surgen como reacción a los excesos de una tiranía religiosa. Y este homicida venido a justiciero no descansará hasta ver resarcido su agravio, así tenga que viajar por el mundo en persecución de sus enemigos.

¿Logrará su cometido? ¿Cómo hará Holmes para dar con su identidad y su paradero? Nuestro detective, amplio conocedor de la ciencia forense y los cauces legales, olfatea las pistas que deja el asesino, las cuales son mal interpretadas por los jefes policíacos, que constantemente se ven obligados a recurrir a la opinión de nuestro héroe.

Hay que mencionarlo: Sherlock Holmes trabaja independientemente al aparato de justicia (al que no aspira en absoluto a formar parte) pues suele ironizar y hasta mofarse de los incompetentes órganos de inteligencia, cuyas investigaciones nunca llegan a buen puerto (a menos de que se apoyen en la sabia sugerencia de nuestro detective).

Esto nos conduce a la otra gran crítica que desarrolla la novela: los altos mandos policíacos (dentro del “cacareo” propagandístico que clama a los cuatro vientos el cumplimiento de su deber) suelen acreditarse méritos que no les corresponden, gracias a explicaciones apócrifas y montajes en los medios de comunicación, explicando a su manera cómo es que el crimen ha sido resuelto… De todo esto nos habla Arthur Conan Doyle, por boca de su inteligente y discreto personaje.

La novela se divide en tres partes: la primera ofrece un planteamiento y desarrollo clásicos para una historia de este tipo; la segunda constituye una digresión que nos conduce a un escenario totalmente distinto que esclarecerá las motivaciones y los antecedentes del asesino. Finalmente, los cabos sueltos serán atados en una tercera parte mucho más breve que las anteriores. El lector debe poner especial atención el el nombre de los personajes y los eventos que giran en torno al asesinato. pues ambos elementos serán clave en la comprensión del misterio.

La historia será narrada por uno de los personajes secundarios, el también célebre Dr. Watson (eterno asistente del detective). Por su fama, es natural que los lectores esperemos de este personaje algún grado de protagonismo, sin embargo no existen tales alcances. Watson se limita a dar cuenta de los hechos que ha observado y nada más, lo cual nos da la sensación de una adecuada frialdad que sirven para presentar la historia sin puntos de vista que compliquen más la madeja del crimen.

La presente es una novela interesante, escrita elegantemente y con un entramado bien construido. Su propósito no es tanto ahondar en la psicología de los personajes, sino estimular el razonamiento del lector. Por desgracia la controversia religiosa la ha marcado para siempre, por lo que recomiendo al lector no conformarse con este trabajo y seguir adentrándose en el universo de Sherlock Holmes. De esta manera podrá apreciar de manera más límpida los relatos que dieron forma al primer gran auge de la literatura detectivesca.

todosherlockholmesPara estas novelas libres de derechos de autor sugerimos al comprador del libros evitar las traducciones caducas o trastocadas que ofrecen algunas editoriales económicas. Al momento de escribir esta reseña, las ediciones más serias son la de Alianza Editorial, la de Nórdica Libros y el excelente compilado de Ediciones Cátedra (“Todo Sherlock Holmes”), e incluso el de Penguin Clásicos (“Novelas de Sherlock Holmes”). Del resto de las opciones (que son demasiadas) se puede esperar cualquier cosa

Antes de leer a: Cormac McCarthy

Cormac McCarthy es uno de esos escritores norteamericanos inaccesibles que mantuvieron su historia personal bajo el velo del misterio. Sin embargo, este artículo no pretende profundizar en los asuntos de su vida privada (por demás frugal y efectivamente retirada de la sociedad) sino que se centra en algo más importante: su literatura. Veamos:

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Su fama está claramente establecida: se trata de un escritor recio en toda la extensión de la palabra; arrollador, contundente. Su género es el gótico sureño y sus temas favoritos la violencia, la crueldad y la extravagancia.

McCarthy es un escritor violento nacido en uno de los países más violentos del orbe, por tanto sus libros no son reconfortantes ni nos van a ofrecer en absoluto el rayo de luz que pudiera inspirarnos algún tipo de esperanza. Para él la humanidad está condenada y los hombres (es decir, los varones) son eternos esclavos de sus instintos destructivos. Aún así, con su imaginario reducido casi por completo a cuestiones brutales y grotescas, este autor es considerado legítimo heredero de los grandes novelistas norteamericanos como Melville, Twain y Faulkner.

Hay que decir que Cormac McCarthy no esta haciendo apología de la violencia; sus obras literarias logran rebasar cualquier señalamiento de incorrección política. A partir de sus crueles historias, el autor estadounidense es capaz de crear una sensación de majestuosidad pues dentro del sinsentido de sus personajes se esconde una intención moral (o al menos una advertencia) que nos hace reflexionar sobre la autodestrucción que vive la raza humana.

Sin importar la dureza o la suavidad de los temas que se traten, la palabra es y será un instrumento de belleza artística por sí misma, Al final, cada lector decide entre leer o no a Cormac McCarthy; no obstante. evaluar su literatura como “mala” simplemente por no ofrecer sosiego, no parece ser un criterio sensato.

Su prosa es compleja pero no pretenciosa; si bien se muestra proclive a escribir párrafos largos, logra comunicar con efectividad gracias a sus sentencias cortas y sobrecogedoras. El suyo es un caso parecido al de José Saramago, puesto que desarrolla su propio sentido de la puntuación (o la ignora); McCarthy puede sustituir las comas con el uso prominente de las conjunciones, y esto sirve para desacelerar el ritmo de lectura de su público.

Leer literatura velozmente no tiene sentido; mucho menos al leer a un escritor como Cormac McCarthy.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que sus diálogos se caracterizan por una peculiar jerga sureña cargada de terminología hispano-mexicana, razón por la cual sus traductores (Random House/Debolsillo) deben observar especial cuidado.

Como todos los escritores sureños, McCarthy ha incluido en sus novelas el elemento religioso (tan presente el sur de su país especialmente en el grupo de estados que constituyen el llamado “cinturón bíblico”). Resulta muy natural que esta literatura desarrolle una crítica al comportamiento de las iglesias, los predicadores y los fieles; pero también se nutre de la influencia estrictamente literaria que proporciona la biblia. De vez en cuando nuestro escritor expresará símbolos cuyo origen proviene del antiguo testamento o del evangelio. El lector debe estar alerta para captar la alegoría.

Sin embargo, el elemento más importante en la literatura de McCarthy es el paisaje. Tal como lo hacía Edgar Allan Poe, nuestro autor sobredimensiona las cualidades del paisaje, convirtiéndolo en un vehículo más de su desolador mensaje.

Como sabemos, el sureste de los Estados Unidos se distingue por sus desiertos áridos y su hostiles, los cuales adquieren una cualidad grotesca y hasta sobrenatural. Para McCarthy, el hombre es un ser incapaz de florecer y no podrá ofrecer más que remedos de vida; tal como las zonas desérticas de Texas, Arizona, California y Nuevo México.

Desde instancias muy tempranas McCarthy dejó de escribir cuentos. Su obra se prodiga casi por entero al género de la novela.

La primera novela importante de su producción es “Hijo de Dios” en la que desarrolla (además de su acostumbrada brutalidad) los temas que caracterizan a su literatura: el aislamiento y la perversión. Es común que sus personajes sean seres marginados, o individuos que por su propia voluntad se apartan de la sociedad. En este caso, el infame protagonista intenta vivir al margen del orden social, creando una existencia infernal para él y para quién tenga la mala suerte de atravesarse por su camino.

Su obra maestra (y también su novela más atroz) es “Meridiano de sangre“. Este libro nos recuerda que para lograr la conquista del oeste, sacar adelante la gloriosa guerra civil, y anexarse los inmensos territorios del norte de México, se necesitaron infamias, corruptelas y sobre todo matanzas terribles. El antagonista de esta novela (El juez Holden) podría ser el personaje más terrorífico de la literatura americana; una especie de demonio que colma de odio, maldad (y también de filosofía) al resto de los personajes, dando cuenta de que la violencia es un mal que difícilmente podrá erradicarse. El famoso crítico Harold Bloom dedica un capítulo completo de su ensayo “Cómo leer y porque” a “Meridiano de sangre“.

Durante muchos años, la cultura del Western fue una de las más efectivas fuentes de propaganda oficial. Las historias de pioneros y cowboys llevadas a la pantalla, justificaban las atrocidades cometidas por el régimen del destino minifiesto. En cambio, la novela “No es país para viejos” cumple cabalmente con uno de los propósito de la literatura del gótico sureño, que es desmentir el heroísmo y la valentía de los personajes del Western, para en su lugar mostrarnos su infame paso depredador por las tierras arrebatadas a los pueblos originarios.

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Y es que para McCarthy no existe el sueño americano.

Uno de los puntos estelares de la obra de Cormac McCarthy es la “Trilogía de la frontera” ambientada a mediados del siglo XX. La frontera es tierra de nadie pues el mal se anida con mayor facilidad en esa franja de impunidad en la que ningún país se responsabiliza por impartir el orden. El primer volumen es “Todos los hermosos caballos“, posiblemente la novela menos agresiva de nuestro autor (y en la que por fin desarrolla un personaje femenino de mayor profundidad). Aunque parezca increíble, aquí encontraremos una historia de amor. Por supuesto, el resto de la trilogía (“En la frontera” y “Ciudades dela llanura“) endurecerá el trecho.

La gema perdida de su producción es “Sutree” novela que por sus personajes pícaros muestra la influencia de John Steinbeck. Quizás sea el libro que mayores elementos biográficos ofrece, pues al igual que el renegado protagonista Cornelius Suttree, nuestro autor vivió en Knoxville Tennessee en completa soledad durante su época económicamente más crítica. A parte de la habitual sordidez, en esta historia podemos encontrar un inusual humor, más negro que colorido.

Finalmente, su obra literaria más popular es “La carretera” ganadora del premio Pulitzer en el año 2007. Esta es la única de las novelas de McCarthy que sugiere un punto de vista humanitario (y quizás por ello es que los lectores mas “duros” la consideren su obra más floja, mientras que el grueso del público la mencione como su favorita). La historia no deja de ser terrible pues muestra un escenario apocalíptico, pero destaca ese sentimiento protector que todo progenitor bien nacido llega a experimentar con sus hijos. El objeto de esta tutela es un hijo varón, por lo tanto todo sigue quedando entre hombres.

Como vemos, la ficción de Cormac Mccarthy no debe recomendarse al público en general. Se necesita un estómago resistente y cierta pericia lectora para asimilar su agresividad y sus licencias estilísticas. Por sus temas sórdidos, la ausencia de epifanías y el original estilo modernista debemos advertir que sus novelas están diseñadas para satisfacer a los lectores más duros; aquellos que piensan que la auténtica literatura debe consagrarse a los aspectos más negativos del ser humano.

Sin embargo, los lectores que decidan correr el riesgo descubrirán que sus novelas resultan grandiosas; son (a su manera) esplendorosas. La crítica así lo avala. Quizás tengan razón los lectores de línea “dura”; quizás leyendo a Cormac McCarthy descubramos que para llegar a la luz es necesario primero pasar por la total oscuridad.

Guillermo Castro.

Michael Ende: La Historia Interminable

Esta novela propone la siguiente cuestión ¿Por qué leemos historias corrientes basadas en personajes corrientes que reflejan la dura y penosa realidad que arrastramos a cuestas? ¿Por qué nos encasillamos en la corriente realista, pudiendo leer en su lugar literatura fantástica tan capaz como cualquier otra de compartirnos emociones, sabiduría y respuestas a los grandes dilemas humanos? (además de todos los beneficios que proporciona la lectura per se). En mis reseñas suelo mostrar mi marcada preferencia por la literatura realista de tintes psicológicos (eso es obvio). Pero precisamente por ello es que una propuesta como la de Michael Ende me parece digna de ser considerada, pues me expulsa de mi zona de confort y me lleva a apreciar otras propuestas de ficción que muchos especialistas (en una equivocada posición de superioridad) podrían despreciar de antemano. Bien sabemos que los prejuicios en contra de los autores se curan leyendo sus libros.

lahistoriainterminableLa historia interminable” es una novela fantástica escrita en el año de 1979. Su principal característica es el uso de la metaficción o metaliteratura, el recurso “autorreferencial” de la narrativa muy socorrido en la actualidad. Hay gente opinando que toda la ficción posmoderna no es más que metaliteratura; sin embargo la experiencia nos dice que las generalizaciones siempre serán inexactas. Además esta “literatura fantástica que trata sobre la literatura fantástica” ofrece ciertas particularidades que denotan un grado importante de originalidad. Veamos:

El autor desarrolla la técnica de los “vasos comunicantes”. Es decir que encontraremos dos narraciones que ocurren al mismo tiempo (y que se distinguen fácilmente por el uso de espacios y letras cursivas). En estas narraciones el protagonista de la primera de ellas funge como lector de la segunda. Sorpresivamente ambos relatos se entrelazan y para la segunda mitad del libro el personaje principal de la primera narración (el niño Bastián) se convierte también en el protagonista de la segunda

Dicho de otro modo, tenemos a un lector que logra meterse en el libro mismo y termina protagonizando la historia que originalmente leía.

Esto implica que la culminación de la historia se irá escribiendo justo en el momento en que los hechos ocurren; tal como si fuese la vida misma. El encuentro entre las líneas paralelas que representan al lector y su lectura, muestran un juego imaginativo doble, cuya expresión más insólita radica en el hecho de que al momento de la intersección, la historia empieza a repetirse letra por letra. El capitulo uno vuelve a citarse en el capítulo doce.

Este juego literario refuerza el principal concepto que el autor propone: “Para encontrar la verdad hay que recorrer el camino opuesto, el de la mentira. O mejor dicho, el de la fantasía”.

Y precisamente es “Fantasía” el lugar en donde se desarrolla la acción. Un sitio que existe gracias al proceso imaginativo al que recurren los escritores para crear el espacio de ficción llamado literatura. O bien, el mundo imaginario en el que se refugian los niños cuando tienen que enfrentar una realidad adversa. Si ese mundo no es alimentado por la creación de los soñadores y los seres de alma pura (los infantes) entonces se desvanece. Sin deseo no hay imaginación y sin imaginación no hay creación. Con esta convicción el protagonista se convierte en el salvador de la literatura, y se compromete con ella para que el espacio narrativo permanezca con vida.

¿Llegará el momento en que el ser humano deje de escribir historias de ficción? Ese día parece lejano aún… quizás no tanto.

Bastián y sus amigos del “Reino de Fantasía” se internarán en escenarios inconcebibles que ostentan los nombres más enigmáticos posibles. Y ahí enfrentarán a desconcertantes criaturas, que a su vez responden a apelativos impronunciables. En este libro el elemento dominante es el mitológico, lo cual sugiere un mensaje mucho más trascendente del que puede comprenderse a simple vista. De esta manera, cada nuevo desafío parece ser un capricho, pero termina siendo una prueba de la cual se desprende una enseñanza. Está muy claro que la segunda parte del libro ilustra lo que significa el poder mundano. Cuando Bastián hace uso de su voluntad de creación, algo de su pasado se borra en su memoria. Esto nos recuerda que el olvido es el mayor error de las personas que ostentan alguna forma de poder: el olvido de sus orígenes, el olvido de sus amores y el olvido de sus ideales: en suma, el olvido absoluto de su niñez. Y esto catapulta la súbita transformación de esos niños en tiranos llenos de inseguridad, miedo y soberbia.

Otra peculiar característica del argumento es la siguiente: en “Fantasía” todo surge a partir de los deseos. “Haz lo que quieras” es la premisa absoluta. Empero el destino es inevitable, e irremediablemente nos alcanza. Hay que vivir lo que hay que vivir. La historia sin fin es en realidad el eterno devenir de los eventos del universo; incluso en un universo de fantasía. Al vivir estas aventuras como reales, el niño Bastián se procura el bálsamo que le permite hacer su vida más llevadera: una historia alucinante que le hará evadirse, luego emocionarse, y finalmente, encontrar el mensaje que necesita para salir adelante.

Lo interesante es que el original juego narrativo y la grandilocuencia de la novela (con sus personajes bizarros y sus escenarios chocantes) poco afectan a la hora de la comprensión del texto, el cual resulta sencillo y carente de rodeos. Sin embargo, estos últimos elementos podrían constituir el único punto débil de la novela. El lector observará que la narración carece de estilo y que la prosa no observa demasiada sofisticación, especialmente en la construcción de sus frases. Podríamos afirmar que Michael Ende no es el mejor escritor que haya dado el siglo veinte, pero también debemos considerar la posibilidad de que un mal traductor sea el responsable de esta escritura castellana tan poco pulida. Además, la descomunal imaginación del autor y la decidida claridad de sus mensajes nos hacen leerle con gran placer.

Pues bien, otros reseñistas le dirán que “la historia interminable” es una novela fantástica de aventuras que trata sobre un niño que se mete dentro de un libro… y tendrán razón. No obstante, en mi reseña he intentado develar las implicaciones más profundas que nos permitan valorar la obra en su verdadera dimensión. El resto (su verdad) la encontrará usted mismo al hacer su propia lectura.


Valoración: Bueno.
Año de publicación original: 1979
País: Alemania
Género: Novela fantástica, novela de aventuras.
Extensión: 510 páginas. (Edicion de Punto de Lectura)
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Deficiente, al punto de que deja mal parado al escritor. Por desgracia no existe más opción que la traducción que continúan presentando Editorial Alfaguara y sus filiales.

Elizabeth Bowen: La Muerte Del Corazón

Elizabeth Bowen fue una escritora Irlandesa afincada en Inglaterra que supo describir el alma de los Londinenses. Sus mejores obras literarias fueron publicadas en los años treintas y cuarentas del siglo pasado y su talento fue comparado con el de otras grandes escritoras de la lengua inglesa como Jane Austen y Katherine Mansfield. “La muerte del corazón” es una de sus novelas más recordadas, y afortunadamente ha sido publicada en idioma castellano por la excelente editorial Impedimenta.

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En la antigüedad, la adolescencia era un lujo que las sociedades no podían costearse. A la mujer se le consideraba “niña” hasta que alguien la eligiera en matrimonio. Por fortuna, esta dinámica comenzaría a cambiar en la época en que esta novela fue escrita. A pesar de ello el concepto de “adolescencia” se consolidaría hasta los años sesentas, época de la contracultura, la minifalda y la revolución sexual. Pues bien, nuestro libro trata sobre Portia Quayne, una adolescente que tras perder a sus dos padres se ve obligada a vivir en casa de su medio hermano; un lugar en el que no goza del suficiente aprecio y donde se le considera una carga.

El conflicto principal radica en el origen de la protagonista: Portia nace como producto de una relación extramarital, lo cual le estigmatiza a ojos de su medio hermano Thomas (y mucho más ante los de su cuñada Anna).

Esta novela nos muestra cómo la sociedad victimiza a los hijos a causa de los errores de los padres. La distinción entre “legítimos” y “bastardos” ensombrece el raciocinio de los personajes, quienes se muestran incapaces siquiera de percatarse de las injusticias que cometen.

Pero el drama retratado en este libro no termina ahí. Ante la falta de un adecuado soporte emocional, la adolescente busca el aprecio de sus semejantes aceptando propuestas de amistad poco convenientes y las consecuencias quedarán a la vista. Con estos elementos queda claro que la novela trata sobre la pérdida de la inocencia. Al igual que la protagonista de su novela, Bowen vivió en carne propia el drama de la orfandad, enfrentando el sentimiento amargo de ser considerada una persona incómoda, aún sin haber hecho nada para merecer el trato indigno de sus propios familiares

Al principio parecerá que la escritora se centra en bagatelas, intrigas y cotilleos. Sin embargo el buen lector intuye la presencia de asuntos mucho más delicados como el sexo, el clasismo y el abuso emocional. De hecho la novela se divide en tres partes que presentan títulos muy sugestivos: el mundo, la carne, y el diablo. Con ello podremos hacernos una idea de lo que realmente significa esta novela, en la que cuenta más lo que el narrador calla.

¿Está usted deseando leer un libro que explique lo que es el “gaslighting”? No necesita buscar entre las novedades editoriales, esta novela escrita en 1938 se lo explicará con lujo de detalles.

El estilo de la escritora es bastante descriptivo, lo cual podría provocar en los lectores una sensación de lentitud, al punto de que al cumplir la primera parte de la novela podríamos sentirnos un tanto decepcionados. Sin embargo, en la segunda mitad la historia se torna mucho más interesante, por lo que mi consejo es perseverar con la lectura.

En contraparte, el entramado resulta bastante interesante teniendo su mejor apuesta en el original desenlace (o quizás debamos decir “la ausencia de desenlace”). Bowen administra su narración con sapiencia, sacando provecho del género epistolar y creando expectativas gracias al recurso de los vacíos de información. Otro de los aciertos es la proclividad por el diálogo; baste ejemplificar con la extensa conversación que sirve como preámbulo para el desenlace; un verdadero galimatías en el que los personajes exhiben sus torpezas al extremo del absurdo.

El fuerte de Elizabeth Bowen son las reflexiones, más que la introspección psicológica, por tanto la comparación con escritores premodernistas como Henry James y Edith Wharton queda descartada. Su modo de narrar es más convencional sin caer en los excesos experimentales de la época. No obstante, su sensibilidad social le acerca a autoras modernistas como Katehrine Mansfield. Finalmente, el modo indirecto de abordar cada capítulo y su original manejo de la trama hacen que algunos críticos se atrevan a considerarle sucesora de Virginia Woolf, la más grande de las escritoras inglesas de este periodo.

La muerte del corazón” es una novela ingeniosa y elegante que nos habla de una problemática que rebasa las barreras del tiempo y del género. La autora demuestra sensibilidad e inteligencia suficientes para imaginar una historia conmovedora y crear un entramado muy interesante. Su único defecto es escribir más texto del necesario. Mi impresión final es que Bowen no debe ser clasificada dentro de la literatura experimental (Marcel Proust, Virginia Woolf) sino como una destacada observadora de las convenciones de su tiempo. Quizás esta novela se acerque a lo que Jane Austen hubiera escrito de haber vivido en la época de las guerras mundiales.

Valoración: Bueno.
Año de publicación original: 1938.
País: Gran Bretaña.
Género: Novela costumbrista. Novela social.
Extensión: 410 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Buena (impedimenta).

Carlos Castaneda: Relatos de Poder

Este es el cuarto tomo de la serie de “Las enseñanzas de Don Juan” publicado en el año de 1974.

relatosdepoderminSi a estas alturas alguien continúa sin conocer el contexto, con gusto podemos abundar: Un estudiante de antropología oriundo de Los Ángeles California se adentra en la sierra mexicana para estudiar a los indios yaqui. Ahí se encuentra con un viejo chamán llamado “Don Juan Matus” (y posteriormente a un segundo llamado “Don Genaro”), quienes fungirán como maestro y benefactor a lo largo de una peculiar jornada didáctica, con el fin de convertirlo en un hombre de conocimiento. Tales enseñanzas llegan a su fin en esta cuarta entrega, en la que el protagonista tendrá que demostrar el valor suficiente para superar las últimas y más difíciles pruebas.

Después de haber leído los primeros tres volúmenes el lector sabe a lo que se atiene: la crónica de una serie de experiencias bizarras y a veces terroríficas que se presume no corresponden a alucinaciones, sino manifestaciones de una “realidad paralela” acaso más reveladora que la que cotidianamente perciben nuestros sentidos. En esta oportunidad Castaneda va más allá, y su propuesta fantástica llega a niveles Borgesianos.

Dentro de este “mundo paralelo” (cuyo acercamiento tiene como fin revelar a los personajes los secretos del universo) la razón sería un estorbo. En estas experiencias nada puede explicarse, los personajes simplemente deben asumirlas y sacar de ellas el aprendizaje correcto. El viejo debate de que si estos hechos fueran reales o ficticios ya no tiene relevancia. Para mí esta es literatura de ficción, pero el mensaje es real. válido y universal.

La de Castaneda es una literatura en toda la extensión de la palabra, cuyo mensaje místico debe ser interpretado como el de cualquier epopeya clásica. Tomar al pie de la letra lo que aquí se narra (o pretender que sus premisas salgan avantes frente a las exigencias del método científico) sería un error. De esta manera, negar la veracidad y el supuesto valor antropológico de estas narraciones no representa en modo alguno desprecio por al autor. Por el contrario sería emparejarlo con las grandes glorias de la literatura de ficción.

Está claro que el personaje de Don Juan Matus habla de manera figurada. Por lo tanto el lector debe ser capaz de interpretar sus conceptos. A continuación comparto mis propias deducciones, las cuales no necesariamente tienen que parecerse a las suyas:

  1. “El guerrero” es una suerte de hombre iluminado que conoce  las fuerzas de la naturaleza y pretende utilizarlas a su favor.
  2. “El poder” no es otra cosa que el conocimiento que permite ver la vida no como nos es representada, sino como realmente es.
  3. “El mundo” es una manera de nombrar a la fugaz existencia humana.
  4. “El doble” es la otra parte de nuestra mente, la cual se mueve en el nivel subconsciente y se manifiesta por medio de la ensoñación.
  5. “Soñar” equivale a silenciar el pensamiento y hurgar dentro de uno mismo para encontrar respuestas a los desafíos que enfrenta el guerrero.
  6. “Ver” es desarrollar la conciencia que nos permita adentrarnos en la realidad y percibir lo que otros no pueden.
  7. La “importancia personal” es un obstáculo en el aprendizaje del guerrero; aquí entra la vanidad y el deseo de reconocimiento, los cuales solamente sirven para alimentar el ego.
  8.  “La voluntad” es la intuición o la capacidad para evaluar el desafío, para de esta manera, convertir el conocimiento en una fuerza que opere al servicio del guerrero.
  9.  “El aliado” es un ser que nos avisa de la necesidad de prepararnos para entrar en la batalla.
  10. “El tonal” es lo contrario a la importancia personal. Osea, la correcta valoración del mundo y de la propia valía, sin caer en las trampas del ego.
  11. “El nagual” es el concepto más difícil de entender. Se trata de una fuerza metafísica descomunal, la cual tiene que ser enfrentada para poder acceder al anhelado plano superior de conocimiento. Una vez superado, el nagual se convierte en una energía aliada.

A partir de esta valoración damos cuenta de que la narrativa de Castaneda toma inspiración del conocimiento místico procedente de diferentes tradiciones. Mucho del fondo ideológico parece proceder de un mundo muy antiguo (el estilo “rudo” de transmitir las lecciones nos remite al lejano oriente). Sin embargo, el mensaje central se erige como una construcción de carácter sincrético. Se intenta explicar con una terminología mesoamericana una tradición que persiste en muchas partes del mundo.

Cabe mencionar que en esta ocasión el asunto de las plantas enteógenas no se menciona en absoluto. Los eventos extraordinarios y las realidades alternas se hacen presentes gracias a otros medios. ¿Cuales? no sabría decirle con exactitud. Sin embargo el resultado final constituye una explicación congruente y luminosa de los misterios de la existencia.

El titulo “Relatos de poder” no significa que este libro esté estructurado en forma de cuentos independientes, sino que continúa con la dinámica novelística de los tres volúmenes anteriores. El narrador en primera persona describe de manera detallada las sensaciones que va experimentando en cada una de sus espeluznantes pruebas. Hasta ahora no hemos reparado en el hecho de que Castaneda redacta de manera impecable (y al mismo tiempo, el traductor logra que sus palabras queden fielmente registradas y fácilmente legibles en la edición castellana). Los lectores se dejan llevar por los conceptos y por el natural debate que suscitan, pero pasan por alto el talento literario y la desbordante imaginación que nuestro escritor despliega a manos llenas.

Al final el autor propone otro concepto metafísico bien conocido: el salto al vacío. Y con ello logra consolidar un gran desenlace, el perfecto colofón para una saga de intensidad creciente en el que cada volumen parece superar al anterior.

La literatura de Carlos Castaneda nos hace voltear a una forma de sabiduría que ha dejado de ser considerada por la intelectualidad del mundo occidental; una filosofía que queda relegada a un círculo muy reducido de místicos y antropólogos. Y por desgracia, completamente ignorada por los estudiosos de la literatura.

Al igual que cualquier persona que clama poseer un conocimiento esotérico, Castaneda corrió el riesgo de ser tomado por embustero. Sus libros son dignos de un iluminado, o bien de un merolico, según la vara con que se midan. Cada lector posee su grado de sensibilidad y la decisión final es suya. Lo que está claro es que todos debemos leerle alguna vez en la vida.

Y si alguien deseara saber mi opinión sobre cuál es el mejor de los cuatro volúmenes, creo que me inclinaría por “Relatos de poder“.


Valoración: Excelente.
Año de publicación original: 1974.
País: Estados Unidos.
Género: Literatura fantástica, misticismo.
Extensión: 390 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Cuenta con un traductor muy capaz cuyo trabajo fue revisado por el propio autor. (Edición del Fondo de Cultura Económica).

Antes De Leer A… Carlos Castaneda

Hoy en día, en la era de la posverdad y de lo políticamente correcto, resulta alentador no ver a Carlos Castaneda entre los estandartes ideológicos del momento. En la dinámica cibernética del siglo XXI, resulta más fácil encontrar información sobre su “leyenda negra” que sobre sus méritos literarios. Posiblemente hemos llegado a un punto en el que la oscuridad mediática sea la posición más saludable para todo escritor clásico; un estatus que los aleje de los debates carentes de contenido que se conforman con apelar a las emociones, ignorando por completo el sano ejercicio de la objetividad.

Pero Castaneda no siempre fue un oscuro y vilipendiado escritor. Durante la década de los setenta del siglo pasado sus libros alcanzaron un éxito muy significativo en términos de ventas y aprobación de la crítica especializada. Sin embargo, tal como lo hiciera J. D. Salinger, o Thomas Pynchon, nuestro autor evitó la fama y los reflectores manteniendo los detalles de su vida privada en secreto, incluso llegando al punto de evitar ser entrevistado y fotografiado por los medios comunicación. Y es que Castaneda al igual que Bob Dylan, inventó su propia leyenda, falseando su origen (baste mencionar que hasta el momento, la fecha y lugar de su nacimiento siguen siendo motivo de debate). Por supuesto, este vacío de información acrecienta el mito pero al mismo tiempo da paso a la especulación y toda clase de rumores.

carloscastaneda

¿Quién fue realmente Carlos Castaneda?

Se sabe que era un antropólogo latinoamericano que residía en Los Angeles California y que solía pasar mucho tiempo en México. Es un hecho que empezó a publicar sus libros a partir de 1968 y al menos en lo que respecta a la fecha de su fallecimiento (en el año de 1998) todos parecen estar de acuerdo. Sin embargo, hurgar en busca de más datos biográficos sirve de muy poco pues como suele suceder, mientras más insistamos en desmantelar el mito, más información decepcionante e inexacta vamos a encontrar. En definitiva, formarse una opinión a partir de notas pseudo-periodísticas redactadas por gente que carece de conocimientos de literatura, no nos ayudará en nuestro principal propósito que es leer. Este tipo de acercamiento no es la manera más adecuada de conocer a este escritor. Lo ideal es confrontar la obra del autor y que cada quien forme su criterio según su sensibilidad y su experiencia.

¿De qué tratan los libros de Carlos Castaneda?

En las pocas entrevistas y apariciones públicas que (se dice) concedió en vida, Castaneda habría sostenido que sus libros narran hechos reales; que sus escritos se basaban en “notas de campo” que obedecían a un trabajo de investigación realizado entre 1961 y 1974 cuando elaboraba su tesis universitaria y su posgrado en antropología. La intención inicial era indagar en las costumbres de los indígenas yaquis y los resabios de la cultura tolteca, poniendo énfasis en los fenómenos del chamanismo y las plantas enteógenas. Para lograr su propósito, dijo haber contactado a un viejo chamán mexicano que en sus escritos se identifica como Don Juan Matus. Pues bien, este singular personaje lo habría aceptado como discípulo concediéndole un largo periodo de adiestramiento cuyo fin era convertir al estudiante en un guerrero nagual; en otras palabras, un hombre de conocimiento. Este proceso de aprendizaje supuestamente verídico, quedaría registrado en sus primeros cuatro libros: Las enseñanzas de Don Juan, Una realidad aparte, Viaje a Ixtlán y Relatos de Poder.

El asunto es que estos libros narran sucesos de lo más extravagantes e inverosímiles, que se presumen tienen lugar en un nivel distinto de realidad. Y este espacio de “existencia paralela” no es por entero inducido por las ya mencionadas plantas enteógenas, utilizadas desde tiempos inmemorables por sacerdotes, curanderos y chamanes de muchas regiones del mundo. La verdad es que el peyote y las hierbas psicotrópicas son mencionadas en los dos primeros volúmenes de la tetralogía, pero en los últimos tomos, estos recursos dejan de ser utilizados. En un momento de la historia los personajes prosiguen con sus increíbles enseñanzas utilizando otros medios, y no por ello dejamos de acudir a eventos sorprendentes e inexplicables. Aquí es donde está la verdadera disyuntiva en torno a leer o no a este polémico autor.

Si este material es difícil de creer ¿cómo puedo abordar su lectura?

Ante la imposibilidad de demostrar la veracidad de los hechos narrados (y mucho menos la validez científica de las “investigaciones”) lo que el lector puede hacer es cambiar su postura en torno al autor. Ahora mismo, después de casi medio siglo de que estos libros empezaran a ser publicados, resulta menos complicado valorar a Carlos Castaneda. Muchas veces el tiempo habla por lo que los libros no terminaron de decir. De esta manera el asunto antropológico quedaría descartado para que sus historias sean vistas como trabajos de ficción. Es decir, como una narrativa sabia e imaginativa que describe exitosamente aspectos trascendentes de una cosmogonía extinta. En esta dinámica nuestra propuesta de enfoque sería más mística que científica.

¿Cuál es su mensaje principal?

Abordar la obra de Carlos Castaneda como ficción (es decir como literatura propiamente dicha) nos facilita las cosas, ya que evitamos los debates científicos, la estéril controversia biográfica y las ponzoñosas críticas en torno a su misteriosa personalidad. Esta postura nos permite concentrarnos en lo importante, que es su mensaje: el recordatorio incómodo de que las civilizaciones antiguas entendieron la vida, la tierra y el cosmos mucho mejor que nosotros; así como la provocadora idea de que los llamados chamanes (como Don Juan Matus), eran en realidad personas que desarrollaban un grado superior de sensibilidad. En este punto, lo que los hacía diferentes era el conocimiento de que cada individuo posee su propia percepción de la realidad según los rasgos de su carácter y las doctrinas de su grupo social. Por lo tanto, ese mismo individuo podía pasar por un proceso de “reaprendizaje perceptivo” para valorar la existencia de una forma más amplia, y así lograr lo que una persona promedio jamás soñaría. El mundo indígena devastado por la colonización podría haber albergado el conocimiento que hoy tanto nos hace falta.

Hemos de recordar que esta peculiar epopeya ha tenido mucho mayor eco en el campo de las artes que en el campo de las ciencias (al que Castaneda clamaba su pertenencia). Baste mencionar la gran influencia que tuvo en George Lucas, para crear a los personajes de la primera trilogía fílmica de Star Wars. A fin de cuentas, las enseñanzas de Don Juan Matus serían otra forma de contar lo que el estudioso de los mitos Joseph Campbell llamaba, “el viaje del héroe”, entiéndase por ello la historia arquetípica que se ha contado siempre: desde La odisea, La divina comedia, El hijo pródigo; hasta obras contemporáneas como Huckleberry Finn, Ulises, Matar a un ruiseñor y tantas otras.

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Entonces ¿En dónde podemos categorizar la obra de Castaneda?

Esta saga no puede encasillarse en una sola tendencia. Al describirnos el aprendizaje de una persona hacia un conocimiento desconocido, observa mucho de novela de iniciación. Sin embargo los hechos inverosímiles de la trama nos obligan a considerar la clasificación de literatura fantástica. Por ultimo (y dado que el mensaje no es de índole filosófico, social ni político; sino más bien místico) la tetralogía ofrece el tan esperado acercamiento a una sabiduría recuperada, una mística que de ninguna manera resulta ajena a la de muchas otras civilizaciones antiguas. Mesoamérica no contradice a Egipto, ni al Indostán, ni a las tierras altas, ni a China, ni a Sumeria. El conocimiento espiritual con todo y sus diferentes visiones, es uno solo.

En este blog hemos insistido que un buen lector de literatura no debe interpretar los libros al pie de la letra, mucho menos en un caso tan singular como el que hoy nos ocupa. Con esta postura de considerar ficción la obra de Castaneda, sus libros recobran la congruencia que hoy se le pretende negar. Sus escenas inexplicables denotarían una imaginación desbordada y una inventiva fuera de lo común; recursos envidiables para cualquier autor de literatura fantástica. Si Juan Matus es ficción. entonces Juan Matus es oro puro.

Lo importante para nuestra propuesta de lectura es que el público sepa alejarse de las inútiles controversias de la posverdad. El lector debe ignorar las percepciones del mundo mediático como si fuera el héroe de la saga y estuviese siendo adiestrado por un chamán, para de este modo asimilar un conocimiento ancestral que permanece alojado en un espacio paralelo en el que todo puede suceder.

¿O será que necesitamos vivir nuevamente una revolución contracultural, como la de los años sesenta y setenta del siglo XX, para conceder nuevamente a Carlos Castaneda su justo valor?

Oscar Wilde: De profundis

“Las palabras no significan nada por sí mismas, su importancia radica en quién las dice”. Esta frase de Oscar Wilde pertenece a “De profundis” (Desde las profundidades), la famosa carta que el dramaturgo irlandés escribiera durante su estancia en la cárcel. Esta cita describe con precisión lo que el escrito representa. A decir verdad, su valor sería más histórico que literario de no ser porque la escribió un grande de las letras.

external-content.duckduckgo.comComo todos sabemos, Oscar Wilde fue condenado a pasar dos años de privación de la libertad, a causa de la contrademanda legal presentada por el padre de su amante. De esta manera, su brillante carrera fue interrumpida de golpe, aniquilando su reputación como uno de los personajes literarios más singulares de todos los tiempos. En consecuencia, el escritor, cuya pasión y arrogancia habían sido las características primordiales de su personalidad, sufre una transformación emocional y espiritual, y esta mutación se verá reflejada en la extensa epístola escrita en el año de 1897 y publicada de manera póstuma en 1905.

El sentimiento que se desprende de la lectura de este libro es un tanto penoso, una sensación parecida a la que experimentamos leyendo “Carta al padre” de Franz Kafka. En “De profundis” son evaluados todos los detalles de la relación pasional que llevaría al autor a la ruina moral y económica. No obstante, esta carta ilustra el proceso de revaloración de su pensamiento, yendo desde el despecho, el reproche, la autocompasión y la culpabilidad, para culminar con el replanteamiento total de su vida. Para ello Wilde ejerce una sana autocrítica invocando a la sublimación de sus sufrimientos.

Parafraseando a Juan de la Cruz,  el autor describe “la noche oscura de su alma”. Esto significaría que tras superar un proceso de autodestrucción, logra liberarse de su enorme ego. Y como resultado deja de ser víctima del juicio más severo (no el de la sociedad por más inhumano que éste sea) sino del implacable juicio perpetrado por uno mismo.

Wilde vivía en esa batalla común a todos los seres humanos, y su objetivo es idéntico: derrotar a su vanidad. Una misión que no resulta nada fácil para un “dandi” hedonista y arrogante.

En la traducción que hemos leído, el remitente insiste en términos como “la imaginación” o “el individualismo” y con ello parece referirse al proceso creativo del artista, mismo que no puede lograrse sino de manera meditativa y personal. Y efectivamente, en la soledad de su celda (un lugar en el cual no queda más remedio que vivir en la compañía de uno mismo) es donde ejerce el nuevo desafío: enfrentar a sus demonios internos.

Este libro puede leerse de muchas maneras: primero, como una novela epistolar en la que el protagonista se ve envuelto en una relación desventajosa en donde la contraparte será una persona a la que el autor atribuye toda clase de defectos, pero que paradójicamente continúa aspirando a su amor.

En segundo término “De Profundis” admite una lectura ensayística, pues el lector notará que en la segunda mitad de la epístola, Wilde se desentiende de su problemática personal y desarrolla temas más trascendentes, como su valoración del mensaje de Jesucristo, la función social del artista y sus consideraciones sobre el manejo espiritual del sufrimiento.

Finalmente, habrá quien desee consultar la carta simplemente por el mero interés biográfico (y hasta morboso) por descubrir los detalles personales en la vida del escritor.

Mucha gente llega a este libro simplemente por ver el nombre de Oscar Wilde en la portada. Sin embargo, el lector debe tener claro que la obra capital del autor irlandés se encuentra en su novela “El retrato de Dorian Grey“, en sus cuentos y en sus obras de teatro destacando “La importancia de llamarse Ernesto“. El interés por la carta que hoy comentamos se suscita entre aquellos lectores interesados en la biografía y el lado más espiritual del escritor.


Año de publicación original: 1905.
País: Gran Bretaña.
Género: Epistolar.
Extensión: 250 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: No existen traducciones recientes, pero las ya existentes siguen siendo aceptables.

John Cheever: Relatos (Primera Parte)

John Cheever (ganador del premio Pulitzer en el año de 1979) es un autor norteamericano de la época de la posguerra, el cual se distinguió por su claridad gramática, siendo sus relatos lo bastante asequibles para ser leídos por todo tipo de lector. Sin embargo, su indiscutible profundidad humana estimula el intelecto, y con gran tino nos conduce a la reflexión y la empatía.

192016267Sus aclamados relatos han sido traducidos por José Luis López Muñoz (cuya presencia garantiza calidad y claridad en el trabajo) y tales obras pueden conseguirse en un grueso volumen de casi novecientas páginas llamado “La geometría del amor” publicado por editorial Emecé (y prologado por el escritor argentino Rodrigo Fresán). No obstante, esa misma casa editora ofrece una segunda opción que consiste en los libros “Relatos I” y “Relatos II”, que contienen el mismo material abundante pero dosificado en dos volúmenes. En esta oportunidad comentaremos los catorce primeros relatos de esas colecciones, los cuales fueron originalmente publicados en 1953 con el título de “La monstruosa radio y otras historias”.

John Cheever escribió sobre la metrópolis. En específico, la vida en la ciudad de Nueva York, con sus ambientes citadinos, con sus comodidades y su supuesta modernidad. Los personajes son acomodados hombres de negocios o candorosos provincianos que intentan hacer fortuna valiéndose de los recursos que aprendieron en su pueblo de origen.

Muchas veces el protagonista no es un individuo sino una pareja de cónyuges quienes al enfrentarse a la vorágine neoyorkina refrendan su unidad o bien se separan. En general, este libro habla sobre seres que se dejan arrastrar por el esnobismo y el materialismo, descuidando los valores más importantes de la existencia humana.

Los primeros cuentos hablan sobre jóvenes advenedizos que suponen que encontrarán la fortuna sin hacer demasiado esfuerzo, y tal promesa tarda demasiado en cumplirse o jamás llega. Podemos destacar cuentos como “Oh ciudad de sueños rotos” y el extraordinario “La olla repleta de oro”, un relato técnicamente muy bien escrito que nos revela una idea fundamental: lo que los seres humanos entendemos como “riqueza” se encuentra en un sitio muy diferente al que se nos ha dicho toda la vida.

El triunfo de los Estados Unidos en la segunda guerra presagiaba un auge económico sin precedentes y así lo fue. Por desgracia, las bondades de la abundancia no suelen repartirse equitativamente. Por ello es que Cheever puso el ojo en aquellos ingenuos comensales que esperaban recibir una gran rebanada de pastel y al final solo recibieron unas cuantas migajas.

Cheever, relatos 1Con frecuencia estas historias nos muestran a seres capaces de tropezar una y otra vez con la misma piedra (como en el caso del relato llamado “Los chicos“) de modo que el humor y la ironía se apoderan de algunas narraciones. Sin embargo también podemos encontrar momentos más solemnes y depresivos como “La cura” y también  “La Monstruosa radio”. Este último cuento tiene la virtud de adelantarse a los tiempos, pues Cheever imagina un aparato de radio que en lugar de emitir información, escucha lo que las personas dicen y lo retransmite a los demás. Pues bien, esta idea ha dejado de ser una fantasía, pues (como bien sabemos) todos los dispositivos que usamos hoy en día están programados para observarnos, escucharnos y catalogar nuestra información personal.

Más adelante el autor se adentra en la cuestión social. Por ejemplo, “Granjero de Verano” nos ubica en el momento histórico recordándonos que estamos en la época del Macartismo (entiéndase por ello el estigma hacia todo lo que parezca ruso o comunista). Por otro lado, “Clancy en la torre de Babel” es otro excelente cuento que nos habla de las dificultades que pasa un viejo pueblerino para entender que una persona ejerza la sexualidad de manera diferente a la que él conoce.

Pese a la gravedad de los temas que aborda, Cheever es capaz de ofrecernos pequeñas luces al final de sus historias, demostrando que su visión literaria puede ser trágica y pesimista, pero también empática y esperanzadora.

La sección del libro que estamos comentando cierra con dos relatos excepcionales: el primero de ellos es una ejemplar muestra de empatía que se titula “Tiempo de divorcio“, en la cual un marido por fin toma consciencia de la profunda desdicha que sufre su mujer. El segundo se lama “La historia de Sutton Place” (Sutton es una enorme avenida en Manhattan que aloja a su alrededor lujosos barrios residenciales y grandes edificios de departamentos), este cuento nos recuerda lo siguiente: cuando la gente acomodada sufre una desgracia, abre los ojos hacia lo que existe más allá de su nariz; la pobreza, la marginación, la inseguridad y la banalidad de una ciudad frenética en la que los seres humanos descuidan lo más importante.

Los catorce relatos tempranos de “La monstruosa radio y otras historias” muestran a John Cheever listo para medirse con los grandes escritores de cuentos. Sus historias de grandes potentados, edificios departamentales, elevadoristas, niños descuidados por sus padres, provincianos ofuscados por la modernidad, y jóvenes candorosos hambrientos de triunfo, se distinguen por desplegar una notable claridad técnica, además de un profundo conocimiento de su entorno llegando a la médula del grupo social en cuestión. Todos los relatos son buenos, pero si usted es una persona ocupada y con poco tiempo para leer le recomendamos que consulte al menos las siguientes cuatro obras maestras:  “La olla repleta de oro”, “Tiempo de divorcio”, “Clancy en la torre de Babel” y el prodigioso “La historia de Sutton Place”. Con ello bastará para darse una idea de la brillantez de este escritor.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1953.
País: Estados Unidos.
Género: Realismo psicológico, costumbrismo.
Extensión: 260 páginas.
Dificultad de lectura: Fácil de leer.
Traducción: Notable (Editorial Emecé).

Peter Handke: El miedo del portero al penalti

Peter Handke, novelista, ensayista, dramaturgo y poeta austriaco, fue galardonado con el premio Nobel de literatura en el año 2019 a razón de ““su influyente labor que con ingenio lingüístico, ha explorado la singularidad de la experiencia humana“. Por ello hemos decidido leer algunas de sus obras dejando de lado las controversias políticas en torno a la mención. En esta primera oportunidad hablaremos de la novela corta, “El miedo del portero al penalti”, publicada originalmente en el año de 1970.

ElmiedodelporteroEl libro trata sobre el ex-portero de futbol ido a menos Josef Bloch, quien pierde su empleo como mecánico e intenta desahogar su frustración vagando por la ciudad. El individuo pasa demasiado tiempo desocupado y pensando en sí mismo, hasta que sorpresivamente se ve envuelto en un crimen. La trama aborda tanto los días anteriores como los posteriores al delito, tiempo durante el cual nuestro protagonista sufre una alienación tal que ni siquiera se preocupa por apremiar su fuga. Durante su  deambular Bloch termina comparando su situación actual con la que enfrentó en su carrera deportiva, cuando al equipo rival le era concedido un “tiro penalti”.

Hablando en términos futbolísticos, durante la “el tiro penal” existe un ritual previo, en el cual el portero amaga para confundir a su oponente; con sus movimientos de manos trata de reducir el espacio visual, intentando disminuir su confianza. El tirador también hará su parte, tratando de engañar al portero con la mirada, con la trayectoria y el ritmo de sus pasos. A fin de cuentas el tirador tiene todas las de ganar, aunque habrá ocasiones en que no lo logre. Esta confrontación de estrategias será similar a la que enfrente el flamante criminal frente a la policía durante su lenta y despreocupada huida.

A pesar de ello, la novela no trata en absoluto sobre cuestiones deportivas ni policiacas, sino más bien asuntos de orden psicológico.

¿Qué es lo que ocasiona que una persona común y corriente cometa un crimen? Más que resolver esa pregunta, Handke intenta profundizar en el estado de enajenación extrema que un hombre puede experimentar producto de la frustración ocasionada por la vida moderna. De igual manera, el autor lanza un vistazo a los riesgos que enfrenta la sociedad ante una eventual pérdida de conciencia a la que todos estamos expuestos.

Por consiguiente, este no es un libro sobre el delito ni tampoco sobre la culpabilidad. Es una especie de advertencia basada en la deplorable experiencia de su personaje.

El autor desarrolla un estilo minimalista, evitando toda ceremonia y limitándose a escribir lo estrictamente necesario. Debido a la parquedad de su escritura, el texto parece confundirse con un parte policial o hasta con un reporte clínico. En las primeras diez páginas no encontraremos una sola descripción; sin embargo, esta prosa económica abunda en evidenciar los pensamientos desnudos del protagonista. Bloch fija su atención ante cualquier pequeñez que suceda a su alrededor; puede obsesionarse en adivinar las distintas posibilidades en el movimiento de las personas y los objetos de su entorno próximo; además se dejará llevar muy fácilmente por un peligroso estado de irritabilidad.

De este modo, el narrador es una entidad omnipotente que acomete la completa invasión de la mente del protagonista, la cual (dicho sea de paso) se encuentra en un indudable proceso de deterioro. Contrario a lo usual, esta sucesión de pensamientos no está escrita en forma de flujo de consciencia o monólogo interior, sino que se narra en tercera persona.

La acción acontece en la mente del personaje antes que en cualquier otro sitio, y esto es una constante en toda la novela. Si hay un libro en el que el escritor se mete realmente en la cabeza de su personaje, ese libro será “El miedo del portero al penalti” .

Nuestro singular narrador es como un terapeuta que tras haber tratado por años al acusado, se muestra capaz de reconstruir el estado mental de su paciente frente a un juzgado; situación que le exige completo rigor y ausencia de juicios y justificaciones. La fórmula resulta ideal para ser aplicada en la literatura, pues nos conduce a un entorno libre de valoraciones morales o políticas. Después de culminar la lectura de esta novela corta, hemos descubierto a un escritor escrupulosamente observador, apto para imaginar los pensamientos más insólitos que pueda formular un ser humano.

A pesar de que no se trata de una novela excesivamente complicada “El miedo del portero al penalti” no debe recomendarse al grueso del público lector. Dada su descomunal profundidad psicológica, será recomendada a aquellos lectores con experiencia que buscan un libro con alto grado de originalidad; y también para aquellos profesionales de la salud mental que buscan un estimulante paseo por la psique humana. Para ellos podemos afirmar sin reservas que éste es su libro y Peter Handke su autor a seguir.

Este ejemplar puede conseguirse en Alianza Editorial, y también en la vieja edición de Alfaguara. Ambas con la atinada traducción de Pilar Fernández-Galiano.


Valoración: Muy bueno.
Año de publicación original: 1970.
País: Austria.
Género: Realismo psicológico.
Extensión: 160 páginas.
Dificultad de lectura: Dificultad media.
Traducción: Muy ágil y certera (Alianza editorial).